Patricio Pron

nos cuenta


Esperamos a Patricio Pron en un bullicioso café del centro, en una tarde gélida del invierno de Madrid, para hablar con él de su última novela. El comienzo de la primavera, justa merecedora del XXIV Premio Jaén de Novela ha sido publicada por Mondadori con una cubierta maravillosa en blanco y negro: una foto de Herbert List donde se ve a un hombre con gabán y sombrero caminando trabajosamente por un suelo nevado, donde se cruzan las huellas de un centenar de caminos. Nada presagia aquí el comienzo de la primavera, ni el alboroto circundante concuerda con el ánimo pausado de su autor.

Patricio nos cuenta cómo en Alemania, donde ha residido algún tiempo y donde concibió esta obra, aprendió a andar por la nieve en bicicleta, sin salir de la huella que habían dejado otros, que pasaron antes y nos habla también de la huella que han dejado en él los autores con los que se asomó al universo de la literatura, en su mayoría del mundo anglosajón: En mis lecturas de adolescente, nos comenta, había gran cantidad de autores ingleses y centroeuropeos, a los que llegué por casualidad, como siempre sucede en estos casos, porque alguien te recomienda un libro que le ha gustado... Leía a Hermann Hesse sobre todo, y a través de él empecé a interesarme por otros autores alemanes de ese período, y también austríacos, aunque no leía en alemán, naturalmente, leía traducciones. La literatura representaba para mí una esperanza, ya que yo era un niño pobre en una ciudad pobre y en un país pobre, y leía cosas escritas en otra lengua, en otro país, en otro siglo... esos libros representaban para mí la posibilidad de convertirme algún día, si era afortunado y perseverante, en la clase de escritor que yo leía, pasar a formar parte de ese paisaje. La literatura era para mí, en aquel momento, un país extranjero que se contraponía con el país en el que yo vivía, con mi realidad cotidiana. La literatura se convirtió, a mis ojos, en un refugio.

La literatura representaba para mí una esperanza, ya que yo era un niño pobre en una ciudad pobre y en un país pobre, y leía cosas escritas en otra lengua, en otro país, en otro siglo...


Notodo: El comienzo de la primavera ¿ha supuesto una ruptura con tu obra anterior o es más bien una continuidad, una evolución de la misma? 
Patricio Pron: Desde luego, hay continuidad, pero yo trato siempre de que cada novela sea diferente de la anterior. Y cada libro, cada relato. Tengo publicadas cuatro novelas y dos libros de relatos y me esfuerzo mucho porque cada libro se diferencie del anterior. Si hay algo que permanece, de novela en novela, es el estilo, pero eso es algo de lo que yo mismo no puedo hablar mucho no tengo la distancia necesaria. Lo que sí puedo decir es que El comienzo de la primavera es la novela más extensa que he escrito hasta el momento, también una de las más ambiciosas, y creo que en ella hay, además de variantes estilísticas y un deseo de innovar que está en todas las novelas, de manera diferente en cada una de ellas, un afán de plantear cuestiones éticas o políticas que me interesan mucho, preguntas que yo mismo me hago y atraviesan todos mis libros y los libros de muchos autores de mi generación. 

En El comienzo de la primavera hay un afán de plantear cuestiones éticas o políticas que me interesan mucho, preguntas que yo mismo me hago y atraviesan todos mis libros y los libros de muchos autores de mi generación


La obra de Patricio Pron se ha comparado con la de Fabián Casas e Isaac Rosa, y en más de una ocasión ha manifestado un sentimiento de deuda con la historia y su conciencia de pertenecer a una generación, desde el punto de vista del compromiso político. Sin embargo su obra no es, como cabría esperar, tan explícita como la de Alonso Cueto o Jorge Eduardo Benavides: el tema político se muestra velado, utilizado casi en sentido metafórico, hasta el punto de parecer el pretexto necesario para contar otra cosa diferente. Le preguntamos a qué se debe.

La tradición de novela política en la que yo me inscribo, que es la argentina de los años 80, está más es esta línea no explícita. Respiración artificial, de Ricardo Piglia, trata el problema argentino de las desapariciones durante la dictadura de una manera absolutamente metafórica, velada, desplazando la atención al siglo XIX. Ahí hay una tradición de narrativa política no “de denuncia”, o no completamente explícita, que a mí me interesaba mucho más que la toma de posición. En la mayoría de los casos, el hecho de tomar posición es lo más simple, lo más obvio. A mí me interesaba más proponer preguntas, más que presentar respuestas, que fuese el lector quien sacara sus propias conclusiones.

A mí me interesaba más proponer preguntas, más que presentar respuestas, que fuese el lector quien sacara sus propias conclusiones


Esta estrategia de mostrar los hechos para que el lector saque sus propias conclusiones, la estructura de la novela, que es casi una historieta de Tintín donde el protagonista pasa mil cuitas para llegar a un sitio en busca de información sólo para que le envíen a otro, donde se abre otro hilo... El periplo del pobre Martínez en busca del profesor Hollenbach, sin caer en lo grotesco, llega a ser verdaderamente extremo... Le preguntamos si tiene algo que ver con su labor periodística, ya que en numerosas ocasiones ha declarado que cuando escribe no hace distinción entre un artículo y una obra de ficción: aborda la creación de ambos como una narración, sin más.

Las ciudades sobre las que escribo son ciudades que he visitado y que conozco... me interesaba contar mis experiencias como viajero en Alemania, quería mostrar la realidad alemana más allá de esa imagen idílica y tranquila que se tiene de ella, y no porque esto no sea verdad, que por supuesto lo es, pero es una realidad mucho más rica, más compleja. La persecución tiene que ver con el uso de aspectos formales de la novela policíaca: quería utilizar ese molde, que es un molde que todos conocemos muy bien como lectores y espectadores de cine, etc. Pero no quería quedarme ahí: más allá de la peripecia, de la aventura “física”, me interesaba la aventura intelectual. Eso me daba la posibilidad de crear varios personajes, cada uno de los cuales retrata un aspecto de Alemania. Muchos de ellos están inspirados en personas que yo conocí, y también quería contar eso.

Más allá de la peripecia, de la aventura “física”, me interesaba la aventura intelectual


NTD: ¿Ha sido, entonces, una especie de venganza, o de catarsis, frente a tus siete años en Alemania? 
P.P.: Pues al principio pensé que sería una especie de ajuste de cuentas, pero ahora con la distancia la concibo más bien como una especie de homenaje, de agradecimiento a un país que me ha dado no solamente una educación (hizo su doctorado allí), refugio, trabajo... Allí conocí a mi mujer y allí me convertí en la clase de escritor que soy: el español dejó de ser mi lengua cotidiana, para dejar paso al alemán... 

NTD: ¿El contacto continuado con una lengua extranjera, te ha obligado a tener un cuidado más exquisito con el lenguaje en tu propia lengua? 
P.P.: Antes de marcharme a Alemania la crítica alabó siempre lo que llamaban “la precisión formal” de mis relatos. Pero al entrar en contacto con un idioma desconocido eso me ponía en la situación de un niño que está empezando. También fue, a la vez, una fuente de ideas, un pretexto para buscar otra vuelta de tuerca a la expresión, a la sintaxis, al vocabulario, a la melodía de la oración. Aunque esto también me obligó a corregir más, a realizar más ajustes. 

Lenguaje aparte, El comienzo de la primavera es un ejercicio tan metódico, una organización tan precisa, que no deja dudas sobre el tiempo que llevaría gestarla. Una delicia para el lector, tiene la atmósfera, el lenguaje y el tono de una novela del siglo XIX, con personajes que son pesos pesados en cuanto a carácter y vivencias, con sus exteriores filmados a base de pinceladas magistrales en un Berlín o un Buenos Aires de los que tal vez aún quedan vestigios, con sus escenas policíacas de teléfonos que suenan sin que nadie levante el auricular y trenes que parten de estaciones desiertas. Está cuajada, además, de anécdotas que llegan a tener un cierto peso en la trama y que funcionan como pequeños relatos independientes. Patricio nos explica cómo, contra todo pronóstico, la redactó de forma lineal, en lugar de crear varias piezas y componer las luego como un puzzle. Y para remate, la base de toda la historia es la vida y obra de un profesor de Filosofía afín a Heidegger (cuyas teorías son en la novela algo más que un simple decorado) y la aventura de Martín, un joven argentino que se traslada a Alemania con la esperanza de encontrarlo para abordar la traducción de su obra al español. 

En general, cuando tienes una idea nueva, hay mucho entusiasmo, cuya duración es limitada: en ese tiempo, o empiezas a escribir lo que quieres escribir o, si se pasa el momento, empiezas a ponerle pegas y el entusiasmo se enfría. En este caso, la idea persistió: a través del tiempo y de viajes muy largos, persistió, lo que prueba que, como idea, era buena.

Como escritor siempre he sentido que tenía que compensar de alguna manera, a tantas personas de a pie que actuaron como héroes, empezando por mis padres. Ese es mi particular compromiso


NTD: ¿Partió de tu propósito de tratar el tema político o fue al contrario, encontraste un armazón y luego le insuflaste alma? 
P.P.: El fermento de la novela fue descubrir que muchos alemanes que conocí estaban inmersos en esa culpa colectiva de los actos del nazismo, pero no tenían conocimiento, ni querían tenerlo, de la responsabilidad individual de sus padres, o sus abuelos. Había historias muy interesantes en las que nadie quería profundizar porque eran dolorosas. Hay historias de esas en casi todas las familias. Pero no hay que olvidar el momento que vivieron: como escritor siempre he sentido que tenía que compensar de alguna manera, a tantas personas de a pie que actuaron como héroes, empezando por mis padres. Ese es mi particular compromiso.
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Patricio Pron. Erik Molgora
Patricio Pron. Erik Molgora
quién es

Patricio Pron (Argentina, 1970) ganador del XXIV Premio Jaén de Novela, con El comienzo de la primavera, entre otros premios de gran calado como el Juan Rulfo de Relato; periodista y colaborador de La Capital de Rosario, El litoral de Santa Fe y Página 12 de Buenos Aires. En su dossier http://patriciopron.blogspot.com pueden encontrarse algunos de sus artículos, cuya lectura recomendamos.

por qué

Porque recupera la tradición narrativa del siglo XIX para componer una novela impecable, de corte policíaco, con reflexiones filosóficas y personajes de una pieza, que escapa al estilo narrativo actual y a pesar de su ritmo trepidante de aventura nos traslada, con su modo de contar y con su hablar pausado, a un momento en que el mundo no se movía a la velocidad de la luz sino al ritmo que tiene una ciudad al despertar.