Matador N

Miquel Barceló

Todo es finito y mutable, como nosotros, como la evolución artística y como la monstruosidad de la creatividad incesante, esencialmente única, pero elástica y cambiante, del espíritu íntegro y alterable de Barceló. Ésa es la fuerza. Su fuerza. Por eso es único y progresa, porque alcanzar esa altitud es aceptarse a uno mismo y aceptar ese cambio. Matador, uno de los proyectos editoriales más excepcionales, impares, paulatinos y caprichosos, es también mudable porque también evoluciona. Y ése es el acierto. Porque, insistimos, en el cambio también está la mejoría de una revista inigualable que lleva N números (y no hablamos de infinitud, sino de 15 volúmenes) demostrando una unicidad cultural nutrida de obra interdisciplinar, singular, plástica, literaria y visionaria; excepción matriz de una editorial de dimensiones adaptadas a la calidad de sus contenidos. Una que aún así se perfecciona en un agasajar de paladares (también variable), oído y vista en una esencialidad multisensitiva en la que se basa su personalidad radical que no sólo trama sino que ahonda y anticipa miradas, direcciones, lugares, personas… y que configura y completa un objeto axiomático de la cultura contemporánea en un orden alfabético del que, afortunadamente y aún conscientes de su inexorable finitud, la sitúan enaltecida en el terreno de la excelencia. Por eso, porque cambia. Porque acepta el cambio. 

Si cambiar es crecer Matador madura porque además de tematizar elige (como ya hiciera con Eduardo Arroyo y su propia selección de algunos artistas, entre otros) a Miquel Barceló, y a su ferocidad exquisita y exquisitez feroz, como director y comisario editorial de un número que compone a través de sus gustos y sus influencias, sus obsesiones conscientes y algunas fobias inconscientes, sus filias y sus compulsiones; para hacer de la revista un bloc virgen que preña con la simiente de su inspiración y que hace del número un archivo mixto del complejo bárbaro y plural que, después, reconocemos en su iconografía, en su obra. Un retrato de su alma. Uno que alterna la visceralidad de su universo interno de lucidez circadiana (inteligente y febril), orígenes y ocasos, organicidad telúrica (y submarina) mallorquí, fuerza natural, misticismo primitivo protocelular y fósil y un encandilamiento que se deja apresar de pasiones exóticas de distinta intensidad y latencia. Un archivo de lo que él es, a través de un trabajo que orquesta con sus favoritos, amigos, conocidos y desconocidos, lugares que han fraguado el cosmos icónico que todavía en el fluctúa y las experiencias que hacen de él lo que es, lo que está siendo y lo que seguramente, o no, será. 

Del retrato de García-Alix que imprime la portada nos acercamos al estudio del artista a partir de dos fotografías de su entorno inmediato en el estudio a cargo de Jean Marie del Moral justo antes del texto de Sánchez Ferlosio en los que se radiografía el temperamento esencial y el detalle del artista. Un breve homenaje a la N a cargo de Alberto Manguel comienza un viaje de la palabra y el símbolo en un todo evocativo de la esencialidad del artista. Así tenemos homenajes a Luis Francisco Esplá, Yani Anaï Girou o Rafael Joan, acompañados de textos de Carlos Marzal y Arnau Pons y vívidos retratos de Jean Marie del Moral, quien también fotografía (aún más genial) los impresionantes cristales de los finlandeses Tapio Wirkkala y Tino Sarpaneva de los cefalópodos que tanto fascinan a Barceló en detalladísimos y misteriosos oráculos de vida incógnita y crepuscular en una de las páginas más hermosas del ejemplar. En los trabajados en cariño hilvanado de mantelerías que la madre de Miquel bordaba también esta obsesión por el universo de la vida marítima y que además recogen en fotografías de texturales detalles Sánchez y Montoro justo antes de acceder la brutalidad romántica y sobrecogedora de los óleos del ucraniano Ivan Aivazovsky que engullen nuestra mirada por un salvaje oleaje. Incidimos también en el trabajo fotográfico de Josef Nadj, homenajeando a Moholy-Nagy mediante una técnica fotogramática a través de la que encontramos imágenes de luz sin cámara. Unas piezas que preceden a una de las joyas de Matador N y que consiste en un homenaje personal de Barceló a su amigo Edison Simons, poeta y vividor bohemio (a la Bukovsky) editando fragmentos inéditos del autor en un cuadernillo que el artista mallorquí trabajó en unas páginas especiales con papel y las cenizas de su amigo (que él heredó), y que reproducen las placas metálicas que cuelgan en esos bares o clubes que fueron moradas embriagadoras de Simons antes de su triste muerte. Para que siempre esté presente en su homenaje en este volumen de Matador y para que esas placas en sus antros le recuerden allí. 

Destacan también las fotografías tratadas de las pin-up de Carlos Mollino, los grabados del XVIII de Henri Smeathman sobre termitas (inspiradores trabajos del entomólogo inglés que influyen los procesos (fásicos, vivientes, cambiantes) con los Miquel Barceló experimenta con el papel y las erosión que producen sobre él estos insectos que a su vez participan en el cincelado de su obra). O el trabajo también pictórico de Luis Meléndez, de bodegones y naturalezas muertas hiperaumentadas o los del falsificador Mike Bidlo, que encontramos poco antes de los muy inspiradores frescos del Monasterio Thiksé, centro budista del siglo XV sito en el Himalaya. O el morboso Ábum de delincuentes de un archivo policial guatemalteco de los 60 donde los retratos conforman un catálogo de la inquietante sospecha. Sospecha que sigue cambiando en este trabajo y que, como ya nos demostraron en los Archivos privados de Francis Bacon en otro trabajo de La Fábrica Editorial, reincide en la aproximación al (universo del) artista sin su obra artística (aunque acompañe un interesante Cuaderno de Artista con los últimos trabajos de hollín hosco y nerviosismo rayado ennegrecido). Y que se completan en un volumen que ya sólo queda admirar con nombres como el de Pedro Costa, Miquel Bauça, Jaime Rosales, Patrick Mauriès o Isaki Lacuesta (gracias a El rito, película de 8 minutos que incluye el ejemplar). Que mutan en cada paso, porque ése es el acierto de toda la obra y de toda la vida: seguir cambiando. Seguir al cambio. Hoy se cambia con la N de naufragios y nata, con la de Nabokov y con la de navaja, con el neptunismo o el nerval, con el negro y con el nómada que se mueve, que también cambia como hay que cambiar. Con la N se cambia.

Bookmark and Share

¿lo has leído?
escribe aquí tu opinión


código de seguridad
(introduce el código que aparece a la izquierda):
nombre (obligatorio):
e-mail (obligatorio, no aparecerá publicado):
comentario:
vídeo
 ►Vídeo Matador N
galería de fotos
Portada de la revista. Foto: Alberto García-Alix
The Breaker, 1889. 51x85 cm. Russian State Museum. San Petersburgo, Rusia. © Photo Scala
Mantel 03 © Sánchez & Montoro
+ info

Autor: Varios autores

Título: Matador N

Género: Arte, tendendias, literatura, fotografía, vídeo

Editorial: La Fábrica Editorial

Año: 2010

Páginas: 188

Precio: 60€

Dimensiones: 30x40cm
Peridiocidad: Anual