Cada nueva obra literaria de este japonés viene seguida de un torrente de elogios dirigidos hacia la seducción de su literatura y su capacidad de generar una realidad multiestimulante. Con su nueva novela, After Dark (un nuevo título melómano), vamos a seguir leyéndolos a diestro y siniestro. Pero también, como siempre, estos elogios se nos quedan cortos. Nadie como él es capaz de crear un universo tan característico, exquisitamente descriptivo y evocativo, enigmático, maduro y rico en referencias idiosincrásicas y culturales. Tan adictivo. Nadie como él dibuja y desdibuja los límites que ordenan el mundo y la realidad, abriendo y cerrando la puerta. Nadie capta de una forma tan contemporánea, tan deliciosa y tan aguda, todos esos detalles imperceptibles, casi inefables, que se amontonan construyendo todo un mundo de personajes y encuentros fortuitos, de tiempos, de canciones, de madurez e individualidad, de soledad, de sentimientos profundos, de puntos tangenciales, de recuerdos, de tinieblas y de luz. Haruki Murakami lo ha vuelto a hacer con esta historia de madrugada, de vigilia y de sueño. Y volmemos a rendirnos a sus pies.
Un punto de vista global barre desde una mirada plural (el narrador, se señala y se define en éste y el otro lado; es ausente y presente, al mismo tiempo) la ciudad de Tokio. Es medianoche. Mari, una estudiante de lenguas extranjeras, lee tranquilamente en un local cuando Takahashi, músico aficionado, se le acerca e irrumpe, de repente, para siempre, en su vida. Después será Kaoru la que acudirá a su encuentro en el mismo local, una prostituta china ha recibido una brutal paliza en una de las habitaciones del love hotel que administra y necesita precisamente su ayuda. Mientras tanto Eri, la hermana de Mari, duerme profundamente en un estado anómalo de plácida inconsciencia. Sueña profundamente cuando el televisor de su habitación comienza a emitir señales y se manifiesta súbitamente. Grietas abisales en límites fronterizos minúsculos distinguen este y ese lado, consciente e inconsciente, presente y ausente. Un punto de vista global barre desde una mirada plural la ciudad de Tokio. Amanece.
