Números rojos

La voz indignada

Toda generación o voz necesita una plataforma en donde dicha vociferación se materialice y cimiente sin caer en el griterío descocido y desprestigiado. Que el regurgitar del grito se vea, lo toques, lo idealices, creas en él desde otros estadios. Todos sabemos que los cantos generacionales en lo que a nociones de combate ideológico aplicado a terrenos relacionados con política, economía o cuestiones sociales (sociológicas, antropológicas, sociedades) acaban desinflándose, mutando y, en definitiva, readaptando dichos manifiestos a la temporalidad o sentido cuya lucha (y lógica) prevalezca. En el caso de las últimas revueltas populares acaecidas tanto en nuestro país como en zonas que van desde Oriente al Occidente más rico, el reclamo fue común: se olía (y aún huele y sigue soltando un tufo que echa para atrás) el fin de un sistema, y la resistencia política de dicho sistema no hace más que enfurecer y resignar más al personal.

Nuestra generación, la que más nos compete y que ha sido denominada con múltiples eufemismos entre los que han prevalecido, sobre todo, el de “indignados” o “generación 15-M”, si bien ha sido algo cambiante y poco centrada en cuanto a reclamos y propuestas; y con un método asambleario bastante cuestionable según qué acciones o decisiones haya que tomar, ha procurado ir un poco más allá, sin caer en la radicalización del movimiento y reuniendo a un tonel de perfil de personalidades, generaciones, ideologías y voces ante un grito unánime común (“no nos representan”) que sonaba, a la vez, híper-realista, contracultural, pacifista y consciente de la realidad y putrefacción no sólo de un sistema político-económico común, sino de un devenir sociocultural que sabía a náuseas y a fecha caducada. Precisamente en ese (o sea, este) momento es donde la plataforma lo es todo. Y en la generación indignada lo ha sido todo: la manifestación citada por vías 2.0 (desde la creación de Democracia Real Ya hasta las citaciones vía Twitter), la redacción de manifiestos cuasi comunitarios, la transmisión en vivo y en directo a través de webs armadas en blogs con apenas una webcam de una olla a presión que no se apagaba nunca y un sinfín de propuestas que procuraron verbalizar dicho sentir con mayor o menor acierto. Y a webs como Periodismo Humano o periódicos que llevaban ya tiempo manteniendo dichos postulados como Diagonal les faltaba un toque algo más centralista, organizado, estéticamente serio y completamente necesario para conectar a toda una generación que se veía exenta de materiales tangibles y de objetos de deseo no tanto por generar el consumo por el consumo (aunque, en el fondo, así sea) sino para crear un nexo de unión a través de voces facultadas que no solo trabajan por amor al arte, sino por amor al ideal.

Números Rojos nace hace un par de meses con una premisa básica: hacer de la información un servicio (más que un producto) cultivado y que genere cultivo, conciencia y logre expedir en el otro cierto afán y respeto por las cosas bien hechas. La revista nace en el peor momento de la historia para que nazca: crisis de identidad periodística (cualquiera con un smartphone y una cuenta de Twitter lo es), muerte del formato físico, la mayor crisis económica de la historia de nuestro país (al menos en época democrática) y el constante balbuceo del quiero-y-no-puedo (o el puedo-y-no-quiero) por parte de los supuestos profesionales de la información. Y allí se planta Números Rojos: con un marcado bagaje profesional incide en el análisis social (siempre, claro, desde una ideología de centro-izquierda muy marcada) con reportajes, entrevistas o críticas pasando olímpicamente de la publicidad y apostando, como lo han hecho auténticas publicaciones-boom de estos últimos años como Orsai, por la suscripción y la fidelidad al buen producto informativo como única opción a la supervivencia y prevalencia de dicha publicación. Ya en el primer número, aparecido en noviembre de 2011, dejaron claro su instinto anticipándose a las elecciones generales con piezas acerca del voto en blanco, la recesión o, precisamente, la Generación 15-M y entrevistas con Juan Uralde (líder de Equo); pero también haciéndole hueco en la revista a nombres propios tan importantes como los de Leo Bassi, Eugenio Recuenco, Julio Anguita o Miguel Ángel Rendón, entre otros tantos.

El número dos, a puntito caramelo de ponerse en circulación, contará con colaboraciones de la ex vicepresidenta María Teresa Fernández De la Vega, el escritor Carlos Taibo, el ex director de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, o el ilustrador Fernando Vicente, mantendrá la misma línea editorial y aparecerá a la vez que la renovada plataforma digital, www.revistanumerosrojos.com, de actualización periódica y un aliciente más para seguir confiando en ellos el perfil editorial más analítico de la sociedad actual, apolítica o no. Puedes reservar ya el número 2 a través de su web, comprar el primero, acercarte a alguno de sus puntos de venta o seguirlos por sus perfiles de Facebook o Twitter. Cuestión de voces (que no de poses), necesidad de ecos.

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Autor: Varios autores

Título: Números rojos

Género: Revista

Editorial: Números rojos

Año: 2011 / 2012

Páginas: 132 (Número 2)

Precio: 6 € (formato físico) o 2 € (formato .pdf)