La ingenuidad es lo que tiene. Y a María Teresa es lo que le salva. Porque lo que le sucede a esta veinteañera bonaerense, una Betty la fea que trabaja como, digamos, guardiana de la disciplina y moralidad en un colegio de la capital argentina en 1982, se va desarrollando como quien no quiere la cosa en un intento, muy profesional por su parte, de descubrir al alumno que fuma en los baños de la respetable institución. Una trama sencilla que se complica sin estridencias, personajes perfectamente dibujados, sorprendentes, viles, egoístas, ingenuos... Una historia que se va enredando entre la noñez y la picardía de la que María Teresa apenas es consciente, y que a nosotros, los lectores, nos atrapa y enternece, a veces indigna por no ver espabilar a su protagonista, nos involucra hasta desear que cambie su destino, y al final nos termina enganchando por su rápida lectura. Una historia personal que transcurre en paralelo el conflicto de las Malvinas, cuya referencia parece anecdótica, pero que en realidad marca el ritmo de la novela, cuya trama no deja de parecer una metáfora del final de una época, marcada por la caída de la dictadura y la decadencia de una generación opresora.
No es de extrañar por todo esto que Ciencias Morales (Ed. Anagrama, 2007) haya sido galardonada con el Herralde el año pasado. Su autor, Martín Kohan (Buenos Aires, 1967) posee sin duda un estilo fresco que ya nos dejó descubrir en sus libros de cuentos, y en sus siete trabajos, tres de ellos publicados en España (Zona Urbana, por Ed. Trotta, y Segundos Fuera y Museo de la Revolución, por Mondadori), aunque ha sido bajo el pseudónimo de Miguel Cané como ha logrado colarse en el listado de los autores latinoamericanos merecedores del prestigioso premio que otorga la editorial Anagrama. Ciencias Morales es de ahora un imprescindible en nuestra biblioteca.
