11 octubre, 2017. Por

Liam Gallagher

¿Es el momento de la tenencia compartida del ‘Sonido Oasis’?
Liam Gallagher

Por mucho que su hermano mayor escribiera las mejores canciones que Liam Gallagher cantará nunca, posiblemente; el pequeño de los Gallagher, más allá de loscada vez más periódicos jardines dialécticos en los que decidió quedarse a vivir como forma de marketing mediático, inventó un género propio para el rock and roll, sobre todo en lo que refiere a sus márgenes expresivos: una pose, la de pararse en mitad del escenario a cierta distancia del micrófono, cogerte las manos por detrás a la altura del coxis y cantar al micrófono estirando el cuello, como intentando que la nuez emita algún tipo de sonido, pero manteniendo en tensión la mandíbula, como si se tratara de un farlopero que quiere disimular seriedad ante sus padres.

No es tontería esto. Hay un sonido que se escucha en esa pose. Hay una marca detrás de esa puesta en escena. Hay una manera de escribir canciones que nace de esa manera de expresarse. Cierto es que en esa expresión tan propia también hay algo de personalidad combinada, sobre todo en gestos que van del mod & roll de Paul Weller, la nasalidad de Bob Dylan y el macarrismo del punk de John Lydon; pero Liam Gallagher, reabre con su primer álbum en solitario un debate que parecía cerrado: el de la patria potestad de Oasis, en esa lucha de egos por decidir quién define mejor el ‘Sonido Oasis’, si él o su hermano Noel.

NOEL ALIMENTANDO SU LEYENDA, LIAM COTIZANDO A LA BAJA

Hasta ahora, el tiempo invertido por Liam había sido para intentar tirar de mayoría absoluta en Beady Eye, compartiendo escenario con todos sus ex compañeros de Oasis menos Noel, pero haciendo discos mediocres y canciones peores; demostrando que el sonido de aquella banda no sólo no aportaba nada nuevo, sino que ponía en evidencia las costuras disfuncionales del directo de Oasis. Fueron cinco años y dos discos en los que lo único que se consiguió es que la cotización de Liam por la pujanza por la patria potestad del sonido de Oasis cotizara en mínimos de su parte.

“Hasta ahora, la tenencia de ese hijo llamado Oasis es absolutamente de Noel: Liam se convirtió en un padre a la fuga, que fue a comprar tabaco a un barrio llamado Beady Eye que sólo le trajo problemas. Pero con su nuevo disco cambian las tornas: (…) quiere reescribir nuevos himnos de Oasis, tirando de las marcas de agua más identificables”

 

Noel, por su lado, se dedicó a firmar los pocos himnos que, durante estos ocho años de separación de Oasis, podrían haber formado parte de lo mejor del repertorio de los de Mánchester. Formó una banda imaginaria (los High Flying Birds, con cero peso en la toma de decisiones: meros músicos mercenarios dedicados al mandado del todopoderoso líder) a modo de apellido del proyecto y firmó dos discos y un repertorio que podrían haber configurado el mejor disco de Oasis desde Heathen Chemistry: canciones como Everybody’s On the Run, Dream On, (I Wanna Live in a Dream in my) Record Machine, The Dying of the Light, The Girl With X-Ray Eyes o In the Heat of the Moment suenan clásicas, como si fueran de los Oasis después del 2000.

Y AHORA, ¿TENENCIA COMPARTIDA?

Hasta ahora, la tenencia de ese hijo llamado Oasis es absolutamente de Noel: Liam se convirtió en un padre a la fuga, que fue a comprar tabaco a un barrio llamado Beady Eye que sólo le trajo problemas. Pero con su nuevo disco cambian las tornas: ahora, Noel quiere explorar atmósferas más psicodélicas, como en una especie de cruce psicotrópico entre Flaming Lips, Oasis, la Motown y Tame Impala; mientras que Liam, quiere reescribir nuevos himnos de Oasis, tirando de las marcas de agua más identificables.

Mientras aún esperamos lo que será el próximo mes de noviembre el nuevo disco de Noel Gallagher’s High Flying Birds, el As You Were de Liam suma nuevos himnos a un hipotético álbum imaginario de Oasis, hecho a base de retales de sus líderes fuera de la banda. Hay tres Liams en su nuevo repertorio, dos muy cerca de las marcas de Oasis y uno que puede ser razón de sobra para que vuelva a compartir sofá, manta y cena de Navidad con su hermano.

Por un lado, hay una serie de canciones que invitan a pensar en un cruce de simulacros rockandrolleros de The Beatles (los del Revolution #9 y aledañas) con el macarrismo de Black Rebel Motorcycle Club en canciones de un sonido absolutamente identificable como You Better Run, Greedy Soul, Come Back to Me o I Get By.

Por otro, suenan las baladas britrock y medios tiempos rockeros (lo que mejor se le dio componer siempre a Liam) como Bold, For What It’s Worth, When I’m In Need o Chinatown parecen recuperar el mismo pulso creativo que cuando compuso himnos como Songbird hace más de una década; e incluso canciones como Universal Gleam recuperan el sonido del Definitely Maybe, el álbum que cambió para siempre el rock británico.

Pero incluso hay un tercer Liam, que conecta con el momento explorador de su hermano Noel: el de canciones como Wall of Glass (que suena al Mick Jagger de Goddess in the Doorway), I’ve All I Need o Doesn’t Have to Be That Way, tan cerca de las cavilaciones del rock de baile como de la psicodelia, la post-producción, los filtros y el equipaje bien avenido de las nuevas vías de tratar el sonido del rock and roll, viajando tanto a los años ’60 como al 2030.

Liam Gallagher