18 junio, 2018. Por

Legion

¿Qué pasaría si David Lynch se leyera un cómic de la Patrulla X y se lo contara a los productores de Hannibal?
Legion

En primavera de 2017 Fox, a través de su cadena de cable FX, por fin hacía algo en televisión con ese pedacito del universo Marvel que compraron a finales de los 90 y que ahora tan fuerte trata Disney de recuperar: los mutantes. Y ese “algo” era francamente sorprendente: se trataba de Legion, una serie que seguiría las aventuras de David Haller, uno de los antihéroes o, en según qué época, villanos, más retorcidos y complejos del universo de la Patrulla X. El responsable del show sería (y sigue siendo) Noah Hawley, que showrunner de la aclamadísima Fargo, y Dan Stevens (el primo Matthew de Downton Abbey) encarnaría al desequilibrado hijo del Profesor X.

Legion acaba de terminar la emisión de su segunda temporada (puede verse en Movistar+) generando una polvareda inmensa. No es para menos: el tramo final ha sido impactante a muchos y muy inesperados niveles. Hablaremos sobre ello al final de este artículo pero calma, avisaremos cuando se acerquen los spoilers. Ya a nadie le cabe duda de que Legion es una de las series más originales e imprescindibles del panorama televisivo actual. Su doloroso season finale nos ha dejado a muchos mordiéndonos las uñas a la espera de una tercera temporada que, ya está confirmado, llegará el año que viene. Veamos qué la hace tan distinta.

Supuestamente, en ‘Legion’…

Noah Hawley es un gran admirador de los X-Men pero nunca ha sido su objetivo en Legion adaptar ninguno de estos tebeos. Así, su David Haller se inspira en el Legion creado por Chris Claremont y Bill Sienkiewicz, pero recorre caminos diferentes y está rodeado de personajes distintos, muchos de los cuales ni siquiera proceden de los cómics. Pero el personaje es el mismo: un hijo de Charles Xavier que, junto con un completo set de habilidades psíquicas y telequinéticas, es poseedor de un no menos completo catálogo de enfermedades mentales.

En los cómics David sufre un trastorno de identidad disociativo que le hace desdoblar su personalidad en centenares de mutantes con ambiciones y poderes distintos (de ahí su nombre). No está claro si en la serie David padece algo así, de manera que no podemos estar seguros de si algunos o todos los personajes que le rodean no son más que manifestaciones de la mente fragmentada de Legion. Lo que sí que sabemos es que David empieza su andadura en Legion internado en un hospital psiquiátrico donde se le trata de un grave caso de esquizofrenia.

Nada, incluido el psiquiátrico, es lo que parece

A lo largo de la primera temporada descubrimos que su dolencia está, en realidad, causada por Farouk, alias el Rey Sombra, un mutante parásito que para sobrevivir debe infestar las mentes de otros mutantes y que lleva escondido en la de David desde su infancia. Con la ayuda de Sydney (Rachel Keller), la “chica de sus sueños” a la que conoce en el psiquiátrico, y otros mutantes (a cada cual con un poder más peculiar), David logra expulsar a Farouk de su cabeza. Farouk se pasará la segunda temporada intentando recuperar su propio cuerpo sin que David y sus compañeros lleguen a tener nunca claro si deben ayudarle o detenerle.

No todos los superhéroes llevan capa… ni son iguales

En estos tiempos en los que vamos a siete películas y una docena de series de superhéroes por año, parece un intento vacío de llamar la atención describir a alguna de ellas como “algo diferente”. Pero, por poco creíble que parezca, Legion es algo diferente. Principalmente porque las aspiraciones artísticas del show son complejas y refinadas. Sus 19 episodios son homenajes explícitos y confesos al universo onírico y surrealista de David Lynch. Y no estamos ante una imitación vacua o injustificada del imaginario del creador de Twin Peaks, sino que se trata de un recurso exigido por la estructura de la historia y la forma en la que se quiere narrar.

Para ser un superhéroe, más importante que una capa es tener una mente funcional

Porque vengan de donde vengan las patologías que padece David, (al menos las dos primeras temporadas de) Legion es una historia que se nos narra a través de sus ojos. Y David no es un narrador fiable. Legion juega constantemente con la manipulación de la percepción de la realidad, el autoengaño, las historias dentro de las historias y la naturaleza de la enfermedad mental. El espectador se siente en todo momento sumergido en una historia en la cual pocas veces sabe con certeza si lo que está viendo sucede realmente.

La trama se nos presenta fragmentada o contada desde el rebuscado lenguaje de los sueños, las alucinaciones inducidas por las drogas o como recuerdos alterados y desordenados. Casi cada plano está repleto de un complejo simbolismo que se presenta mediante un cuidado mimo artístico. Toda su estética está repleta de colores saturados, formas redondeadas y planos deformados por el uso de lentes peculiares: experimentamos el mundo tal y como lo hace David, y la experiencia plástica recuerda, por momentos, a la maravilla visual que era Hannibal.

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The Dark Side Of The Moon

Si hay un aspecto técnico en el que Legion no es capaz de acercarse al trabajo de David Lynch es en el diseño de sonido, mucho más convencional y menos arriesgado en el caso de la serie de Noah Hawley. Pero de Lynch (y de Twin Peaks), sí que extrae Hawley el interés por utilizar la música como una pieza más en el proceso narrativo. Durante la primera temporada la partitura de Jeff Russo toma al mítico The Dark Side Of The Moon (1973) como inspiración para crear el enfermizo paisaje que es la mente de David.

Las referencias a Pink Floyd no se quedan ahí. El nombre de la protagonista femenina interés romántico de David, Sydney Barrett, es un claro guiño a Syd Barrett, uno de los miembros fundadores de Pink Floyd pero que fue expulsado de la banda a raíz de su adicción a las drogas. Se ha especulado frecuentemente que Barrett padecía esquizofrenia y es a él a quien está dedicada la inmortal Wish You Were Here.

Además la segunda temporada se ha sumergido en un mundo musical rico y complejo, complementando sus poderosas imágenes con temas que han acabado de aportar el punto emocional definitivo a los momentos más importantes de muchos episodios. Es especialmente eficaz la introducción de temas de Bon Iver y The National en el Capítulo 12, el Bolero de Ravel en la primera temporada y el Behind Blue Eyes de The Who ha sido de capital importancia en el último season finale, igual que lo fue el Breathe de Pink Floyd en el de la priemera.

El amor: ¿lo que nos salva o lo que debemos salvar?

Dentro de todo este remolino de patologías mentales, mutantes y colores saturados, es sorprendente encontrarse una historia de amor. Y mucho menos, una poderosa. Pero ahí está, y es una de las piedras angulares sobre las que Noah Hawley ha construido su serie. La relación entre David, un telépata cuyos poderes son difíciles de controlar; y Syd, una joven que desde la infancia evita cualquier tipo de contacto físico ya que su habilidad mutante consiste en, mediante el tacto, intercambiar su cuerpo con el del otro sujeto durante unos minutos; parece eternamente condenada a no conectar con el espectador. ¿Cómo conseguir mostrar la intimidad entre dos amantes adultos que no pueden tocarse ni besarse?

No te das cuenta de que estás enamorado de ellos hasta que estás muy enamorado de ellos

David y Syd son dos personajes gravemente traumatizados y Legion va mostrándonos con todo lujo de detalles las raíces de dichos traumas. Pero, al mismo tiempo, al espectador le queda claro que ambos personajes se hacen bien mutuamente. Basta con conectar con uno de ellos para disfrutar de su extraña historia de amor como de algo que los va convirtiendo en personajes más completos. Independientemente de que las cosas entre ellos chirríen en algunos momentos. La química entre Dan Stevens y Rachel Keller hace el resto, una habilidosa ilusión de ternura. Y aquí reside gran parte de la clave por la que el final de la segunda temporada ha sido tan impactante.

La deconstrucción del héroe [SPOILERS]

Si bien hasta ahora me he limitado a aportar pinceladas muy generales que ayudan a explicar por qué Legion es una serie peculiar e interesante, incluso para quien no sienta especial interés por la cosa superheroica, los próximos párrafos versarán sobre de los últimos capítulos emitidos. Lee esto bajo tu propia responsabilidad. Te lo digo en serio.

El gran shock del final de la segunda temporada de Legion ha sido la destrucción del héroe que la serie había dedicado año y pico a construir. Tras 18 episodios siguiendo con el corazón en un puño la lucha de David contra sus demonios, las adicciones, la enfermedad mental y las numerosas pruebas a las que le someten todos los que le rodean (su novia incluída), los guionistas han roto de manera irremediable al héroe de la serie.

Pocas veces tenemos la certeza de que en Legion pasan las cosas que parecen que están pasando, pero si algo ha quedado claro en el último capítulo (porque se nos ha mostrado desde tres puntos de vista diferentes además del de David) es que nuestro “héroe” ha drogado a su novia y luego se ha acostado con ella. De este modo, David está más allá de toda salvación a ojos de sus aliados, quien se suponía que era el amor de su vida y los cimientos de su salud mental, los espectadores y hasta Farouk, su peor enemigo. Solamente le quedan Lenny (Aubrey Plaza) y… sorpresa, las (por ahora) dos nuevas versiones de sí mismo que han aparecido en su cabeza.

Pero lo importante es que Legion ha mostrado algo a lo que el público no está acostumbrado: que las violaciones no tienen por que ser actos de violencia extrema perpetrados en un callejón oscuro en el que una mujer indefensa grita y patalea hasta que se ve sobrepasada por la fuerza física de un villano. Una imagen, por cierto, perpetuada erróneamente por el cine y la televisión y que choca con una realidad estadística: la mayoría de las violaciones son perpetradas por una persona conocida por la víctima y, en muchos casos, en el propio dormitorio de ésta. Y ha sido cuando se ha mostrado esta realidad en toda su fría crudeza cuando muchos espectadores se han puesto de los nervios. Porque alguno igual se ha reconocido.

Así que, siendo muy peligroso utilizar una violación como un plot device, Legion es uno de los pocos ejemplos en los que el recurso está utilizado con sabiduría. No solamente se ha transmitido un mensaje poderoso y relevante. Es que a los espectadores se nos han caído encima 18 episodios de autoengaño y manipulación en los que nos estábamos creyendo que la relación entre David y Sydney era una idílica y tierna historia de amor. Cuando lo que estábamos haciendo era pasar por alto todas las veces que David utilizaba a Syd, ignoraba las barreras de ésta o su necesidad de espacio, la consideraba miembro de segunda dentro de su equipo, mentía o se comportaba, directamente, como un sádico.

Siempre fue un nice guy

David es un nice guy. Incluso podríamos tomarle por un aliado. Y cuando no nos ha sorprendido en absoluto su capacidad para anular la voluntad de su novia y obligarla a mantener sexo con él para intentar de afianzar dicha sugestión, nos hemos dado cuenta de que somos imbéciles. Y esto, a pesar de los momentazos de Aubrey Plaza, de la batalla animada entre las mentes de Farouk y David, de los bailes, las canciones, los colores, de los patadones que pega Kerry o de los desconcertantes androides bigotudos, ha sido lo mejor que Legion nos ha dado hasta la fecha.

Y los berrinches, los críticos histéricos diciendo que el show les ha perdido para siempre después de hacer lo que ha hecho con el protagonista son, en realidad, nice guys, a los que aún no se les ha bajado la hinchazón tras el sopapo en la boca que se han llevado con este final. David nunca fue el héroe de esta historia. Está por ver si Sydney, que se ha autoproclamado como tal, llega a serlo. Pinta oscura y dolorosa la tercera temporada de Legion. Pero la esperaremos con ganas.

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