16 febrero, 2017. Por

Cómics en serie

Legión y Riverdale, dos nuevos cómics que llegan a la tele
Cómics en serie

Cada vez es más frecuente que los creadores audiovisuales se fijen en el mundo del cómic en busca de inspiración. Aunque los superhéroes llevan ventajas, incluso en ese subgénero, se atreven con productos más arriesgados y complejos. Y una buena muestra de ello son Legión, una de las series más experimentales que se han estrenado en los últimos años, y Riverdale, todo un lavado de cara a la ficción juvenil.

  1. Mi nombre es Legión, porque somos muchos

Hace un par de años el escritor Noah Hawley fue elegido para convertir en una serie la película más famosa de los hermanos Coen, Fargo. Lo que parecía un encargo imposible se convirtió en un éxito gracias a su habilidad para cambiar los personajes y sus motivaciones, salvando la mezcla de humor negro, parsimonia, violencia y sordidez que hicieron de la Fargo cinematográfica una obra maestra. Ahora, lo tenemos al frente de Legión, unos de los debuts televisivos más impresionantes de los últimos años, y uno serie a la que hay que seguir, aunque solo sea por su arrojo suicida.

Legión parte del género de los superhéroes, que sigue viviendo su Edad de Oro audiovisual. De hecho, viene de Marvel. Creado por Chris Claremont y Bill Sienkiewicz en 1985, se trata nada menos que del hijo tardíamente reconocido del profesor Xavier. Un personaje dotado de poderes increíbles, pero lastrado por sus problemas mentales que, en general, durante su discreta andadura por los cómics de Marvel ha desempeñado roles de antihéroe. Legión es una serie vinculada a la franquicia cinematográfica de los X-Men, pero que no se parece en absoluto a nada que hayamos visto en ese género. La prueba es un desconcertante piloto que combina el thriller psicológico, la comedia surrealista y la ciencia-ficción más extraña.

 

Como protagonista, ha sido todo un acierto contar con el británico Dan Stevens (1982). El actor de  ese culebrón de lujo que es Downton Abbey ha empezado a labrarse una interesante carrera, más allá del papel de señorón victoriano que lo lanzó a la fama. Lo hemos visto en The Guest convertido en una fibrosa y gélida máquina de matar. Lo vimos como hijo de Liam Neeson en Caminando entre las tumbas. Y dentro de poco, nos encontraremos con él en el Colossal de Nacho Vigalondo y en la nueva versión del clásico Disney La bella y la bestia, emparejado a Emma Watson. En Legión  se transfigura en David Heller que tal vez es el mutante más poderoso o tal vez solo un esquizofrénico encerrado en una clínica para enfermos mentales. O tal vez ambas cosas al mismo tiempo.

Hawley nos introduce en su mente a través de un montaje dislocado de sonidos, diálogos, música e imágenes, con constantes saltos en el tiempo y cambios de escenario, que dejan al espectador tan perplejo como a su propio personaje, pero que no tiene nada de caprichoso. Ya que todo se nos cuenta desde su perspectiva, nos hallamos ante un ejemplo clásico de narrador poco fiable: no sabemos hasta qué punto es “real” o pura locura lo que pasa ante nuestros ojos.

Como sabemos hasta qué punto es real la tierna historia de amor entre David y Syd (Rachel Keller), pero que, sin duda, añade un fuerte soporte emocional a la serie. Por momentos, recordamos a Terry Gilliam más imaginativo y febril (12 Monos, Brazil) o, incluso, a la famosa y muy psicodélica serie de espías sesenteros, El prisionero. Desconocemos si Hawley podrá mantener el impresionante nivel de creatividad mostrado en el piloto -y casi tan importante, si el público responderá-, pero merece la pena comprobarlo. Nos la trae Fox España.

2. Algo huele a muerto en Riverdale

Riverdale no es, ni de lejos, tan ambiciosa y lograda como Legión, pero no deja de ser una curiosa reinvención de un género tan codificado como es la comedia/drama adolescente. En Riverdale se reinventan los estudiantes de secundaria más famosos de la historia del cómics: Archie, Veronica y Betty, que durante décadas han vivido en unos eternos años cincuenta, plagados de chistes blancos y equívocos inofensivos.Archie y sus amigos aparecen en la pantalla en una curiosa mezcla de Gossip Girl, Pequeñas mentirosas y nada menos que Twin Peaks. Los responsables son el Rey Midas de las adaptaciones de DC en la pequeña pantalla –Supergirl, Arrow, Flash, Legends of Tomorrow-, Greg Berlanti, y el guionista Roberto Aguirre-Sacasa.

 

Tenemos a Archie (interpretado por K. J. Apa) es un estudiante de secundaria en la pequeña ciudad de Riverdale. Su padre (un resucitado Luke Perry) lo anima para que juegue al fútbol, aunque tiene inclinación por la música. Su mejor amiga, la encantadora Betty (Lili Reinhart) aspira a que sean algo más, pero en su relación se interpone Veronica (Camila Mendes), una chica que acaba de llegar a la ciudad y que tiene un, digamos, intrigante pasado. Pero todo se complica porque sus progenitores tienen ciertos secretos, uno de sus compañeros muere en un extraño accidente en el lago y, si, el buenazo e inocentón de Archie ha tenido un affaire con una atractiva profesora que nadie más conoce…

El resultado es una serie dirigida a un público joven, claramente -no por nada se emite originalmente en CW, en Movistar en España-, pero que se esfuerza en crear unos personaje más realistas, con una temática más adulta que de costumbre y un aire de malevolencia que llega a sorprender. No solo hay flirteos, visitas a la hamburguesería e invitaciones a la fiesta de fin de curso. Hay crímenes y misterio. Hay sexo. Veamos qué hacen con ello.

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