18 mayo, 2018. Por

Lean on Pete

El director de ‘Weekend’ propone un bellísimo viaje a caballo desde la infancia hasta la madurez
Lean on Pete

Con unas críticas excelsas y el premio Marcello Mastroianni al mejor actor emergente en en el último Festival de Venecia, por fin llega a nuestras pantallas Lean On Pete, la nueva película del realizador británico Andrew Haigh. Y las loas no son para menos: estamos ante un director que lleva desde 2011, año en el su nombre se hizo conocido en el circuito independiente gracias a la delicada Weekend, demostrando que la versatilidad a la hora de abordar historias, escenarios y personajes radicalmente distintos de una película a la otra no está reñida con la perfecta solvencia a la hora de completar todas ellas. Lean On Pete es una road movie con pinceladas de western sobre pérdidas, la transición de la infancia a la madurez, pobreza y esperanza que compensa a base de una fotografía y una realización bellísimas el áspero y doloroso relato que nos obliga a presenciar.

“‘Lean On Pete’ es una road movie con pinceladas de western sobre pérdidas, la transición de la infancia a la madurez, pobreza y esperanza”

A los 15 años Charley (Charlie Plummer) empieza a ayudar a Del (Steve Buscemi), un criador de caballos de carreras de la América rural. Charley disfruta del contacto con los animales y pronto se encariña con uno de ellos, Pete. El vínculo entre ellos se hace todavía más fuerte cuando el padre de Charley muere a consecuencia de las heridas recibidas durante una pelea. De este modo, cuando Del decide deshacerse del viejo caballo, que ya no es capaz de ganar carreras, Charley, incapaz de lidiar con otra pérdida, roba el animal y se echa a la carretera en un intento desesperado de encontrar a algún familiar en torno al cual construir su vida.

De los muchos aciertos de Andrew Haigh a la hora de adaptar la novela homónima de Willy Vlautin, el más indiscutible es la elección de su actor protagonista. Charlie Plummer, que tenía 17 años cuando se rodó Lean On Pete, se marca una interpretación absolutamente memorable, imprescindible para que el duro arco de emociones por el que la película nos hace pasar llegue a buen puerto. No es nada fácil narrar una historia tan desoladora como esta sin caer en la pornografía emocional o el melodrama barato. Pero si algo tienen en común las películas de Haigh es la extraordinaria habilidad narrativa y una dirección de actores impecable.

“Si algo tienen en común las películas de Haigh es la extraordinaria habilidad narrativa y una dirección de actores impecable”

El viaje de Charley por las desoladas llanuras del interior de los Estados Unidos no es más que una metáfora sobre las transiciones de la infancia a la adolescencia y, de ella, a la madurez. Sin que ello sea una cuestión de maquillaje o caracterización, contemplamos durante dos horas cómo el rostro de Charly pasa de ser el de un niño, lleno de curiosidad, inseguridades, e inocencia, a convertirse en las facciones de un hombre (el plano que cierra la película es, sencillamente, una maravilla). En Lean On Pete se tratan desde la sencillez temas y evoluciones personales que Boyhood (Richard Linklater, 2014) o la novela La Carretera de Cormac McCarthy intentan exponer de formas mucho más espectaculares pero no por ello más eficaces.

La delicadeza con la que están desarrollados todos los personajes secundarios es una de las claves de la película

Su viaje hacia la madurez lo es también por un elaborado desfile de personajes que van configurando dicho crecimiento. Ray (Travis Fimmel), el padre de Charley, imperfecto y simple, pero claramente lleno de amor por su hijo; Bonnie (Chloë Sevigny), la curtida jinete de carreras que trata de enseñar a Charley a no encariñarse con los caballos o los exmilitares, bonachones y sencillos, que le acogen durante su travesía en el desierto. Todos son personajes breves, que solamente aparecen en pantalla unos pocos minutos y que, sin embargo, están dibujados con dos o tres pinceladas precisas y certeras. Todo personaje parece tener sus luces y sus sombras, aunque sin extremos ni claroscuros: todos son reales desde la sencillez y el respeto por sus historias personales. Todos le enseñan algo, queriendo o involuntariamente, al chaval. Y él decide cómo aplicar dichas lecciones.

“El viaje hacia la madurez que nos propone Andrew Haigh está contado de una forma  sincera, humana y hermosa”

Son estas pequeñas historias que se Charley se va encontrando las que configuran la que será su identidad como adulto al final de la película. Por otro lado tenemos, por supuesto, la relación entre el joven y Pete, el caballo marrón que el chaval convierte en su única conexión con el mundo durante buena parte de la historia. La sinceridad con la que Haigh nos presenta esta dramática relación es encomiable. El realizador se niega a idealizar el vínculo que une al chaval con la criatura. Se limita a mostrar las apabullantes carencias afectivas de su protagonista y la (en absoluto increíble) manera en que intenta solventarlas vinculándose al animal.

Al final el resultado es de una belleza que corta la respiración. No se engañen: por supuesto que Lean On Pete es una película dura, lenta y cuya narrativa exige la atención continua y completa por parte del espectador. La banda sonora minimalista de James Edward Barker contribuye a la sensación de angustia que se va acumulando secuencia tras secuencia. Pero el viaje hacia la madurez que nos propone Andrew Haigh está contado de una forma tan sincera, humana y hermosa que los esfuerzos que Lean On Pete nos exige merecen la pena.

Lean on Pete