10 julio, 2018. Por

Le Parody & C.E.I.P. Emilia Pardo Bazán

Un instituto de educación primaria de Madrid compone su propio cancionero folclórico
Le Parody & C.E.I.P. Emilia Pardo Bazán

“¿Te sientes más profe después de esta experiencia?”, le preguntan a Sole Parody en un documental que recopila el proceso de grabar un álbum junto a los alumnos de primaria del madrileño Colegio Emilio Pardo Bazán. “No, me siento más niña. O sea, más como ellos. Y más yo. Más como cualquiera”, responde la artista.

El acercamiento que durante el curso escolar realizó Le Parody a la forma de crear y construir canciones, de manera absolutamente intuitiva y libre de conocimientos y prejuicios, que tienen los niños; se ha cristalizado en un álbum que resuena como el hermano pequeño de aquel experimento que Ana Molina (una de las fundadoras de los extintos Hola a Todo el Mundo) realizó en lo que acabaría siendo Milagros; pero, si acaso, este Cancionero resuena mucho más experimental, incidental, más cerca del art-rock que de las estructuras clásicas.

La primera piedra de este artefacto experimental la puso la residencia Claves de la Fundación Daniel y Nina Carasso, que permitió a la artista andaluza residente en la capital la posibilidad de trabajar durante un año con los alumnos de primaria del mentado colegio.

Las clases de música de Eva y Abel García permitieron un salvoconducto para que los niños se introduzcan en el universo del folclore tradicional (una materia que Le Parody domina especialmente bien, como ha plasmado en sus álbumes); y a partir de ahí, los niños acabarían componiendo un Cancionero que resuena como su folclore particular: el hábitat de su conjunto de historias, costumbres, anécdotas y creencias de esa población concreta de 150 niños que formaron parte del disco.

El resultado es álbum colectivo, un disco de más de veinte canciones en las que se plagian algunas melodías, se construyen otras y se entrecruzan estilos inesperados, nacidos tanto de la improvisación como del ensayo: jugando con melodías propias del rap, del pop o del folk, inyectando sonidos propios de la electrónica ambiental, el pop sintético, el reggaetón, la música tradicional, la spoken word o del pop, los niños se atreven a cantar sobre ecología, sociedad, verano, animales o incluso familia, dejando canciones que se debaten entre la sabiduría y la inocencia, como sucede en Cuánto me cuesta, Historia de las pellasUn día de sueños, El pelo de los perros o Qué pesada es la gente.

Pero, en realidad, ¿qué más da? Los niños cantaron y compusieron casi sin saberlo, y en esa inocencia y absoluta ausencia de referentes comparativos reside la absoluta magia que nace en cada una de las canciones.

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Le Parody & C.E.I.P. Emilia Pardo Bazán