12 noviembre, 2018. Por

Laureano Oubiña

¿Un bufón deslegitimado o un bocachancla peligroso para la opinión pública?
Laureano Oubiña

“Me pasé la vida combatiendo la autoridad, aunque casi siempre bajo su supervisión.
Si alguien quiere algo y el Estado se lo prohíbe, yo se lo consigo”

Mucho se ha hablado de Fariña y poco se ha hablado de Toda la verdad. Bien es cierto que hay mucho de cínico, narcisista y sarcástico en cada una de las intervenciones del ex contrabandista de tabaco y traficante de hachís Laureano Oubiña, lo más parecido al “símbolo” del narcotráfico gallego y azote mediático de la chapucera Operación Nécora, desde que él y su oligofrénico Pazo Baión se convirtiera en algo así como la fotografía-resumen de la opulencia y la impunidad del narcotráfico gallego de los años ’80 y ’90; pero también es cierta otra cosa: Oubiña ha pasado cerca de 32 de sus años preso, cumpliendo condena por los delitos que cometió.

Ahora, fuera de prisión y con la libertad condicional desde el 2 de septiembre, su libro Toda la verdad se recibe con cierto sarcasmo, ironía y desprecio por parte de la opinión pública. Titulares como “Oubiña, de narco a vendedor ambulante”, o el simple hecho de que el propio ex narco haya decidido escribir (o narrar y coescribir, con la ayuda del periodista y escritor Benito Leiro) y autoeditarse su libro de memorias centrado en su romance con el contrabando, pero también de decenas de tejemanejes políticos y anécdotas relacionadas con sus años en el negocio ilegal del tabaco de estraperlo y el tráfico de hachís; parecen querer desmerecer el valor historiográfico, sociopolítico, confesional y contrapropagandístico de toda una estructura mediática, política y judicial que pretenden reducir a bufón a uno de los grandes protagonistas de la vida delictiva, pero de alguna manera también política, de los primeros años de la democracia española.

“Unas memorias absolutamente necesarias para, al menos, conocer la versión de uno de los narcos más mediáticos de la historia de España, pero también de un protagonista que no ha perdido ni sus ganas de seguir siendo mediático ni de seguir teniendo una aureola de “personalidad poderosa” de cara a la opinión pública. Vistos los intentos para que no pueda vender el libro, está claro que lo sigue siendo”

Y cuyo confesionario literario, se tome o no en serio, guste o no que exista, tiene un indudable valor e incluso potencial comercial. Es curioso que me lo haya tenido que comprar en un estanco-librería de Caldas de Reis, y que prácticamente los únicos sitios donde se puede comprar es en los puestos de feriante que consigue poner en algunos mercadillos; mientras que las sucesivas memorias de Sebastián Marroquín, o Juan Pablo Escobar, hijo de Pablo Escobar, se convierten en best sellers mundiales. La única plataforma con estructura que lo vende es Amazon.

Desde aquellas icónicas declaraciones en la Operación Nécora que convirtieron a Oubiña en el traficante más mediático de aquel grupo del que también formaban parte los nuevamente apresados Manuel Charlín y Sito Miñanco, ha sido imposible que el cambadés pudiera quitarse ciertos sambenitos; sobre todo, los que lo señalaron por entonces como el principal causante de las muertes de jóvenes por enfermedades derivadas de las sustancias estupefacientes; sobre todo, heroína y cocaína, dos sustancias que nunca se ha probado que traficase Oubiña, como sí se consiguió probar de otros narcos de su generación.

Portada del libro

En Toda la verdad. Ahora es mi turno para contar mis vivencias sobre contrabando y narcotráfico internacional, Laureano Oubiña utiliza un formato especialmente llevadero: es un recopilatorio de anécdotas de una o dos páginas, muy fáciles y rápidas de leer; casi como mini-artículos o “estados de Facebook”, organizados por temas y/o épocas, que se leen en uno o dos minutos. No se trata de una biografía con orden cronológico y florituras literarias: es un libro entretenido, con ritmo, que se deja leer y que exige más bien poco al lector; únicamente, que tenga ganas de conocer su versión de los hechos, y de descubrirte anécdotas relacionadas con el universo contrabandístico de aquellos años.

No se deja nada (o, al menos, no se deja nada de lo que no quiere dejarse) el ex narco, y utiliza su aparente vehemencia y su innegable retranca para remontarse a sus inicios, cuando era tan solo un adolescente, como contrabandista, la que considera su vocación real; hasta para enumerar un serial incontable de anécdotas y de señales acerca de su relación con diferentes estamentos y personalidades políticas: confiesa que financió ilegalmente tanto a la UCD como a Alianza Popular en la época en la que era “empresario de transportes”; sus primeros años como contrabandista de alcohol, pastillas anticonceptivas, bacalao, tabaco americano o armas para el Estado; y también que conoció a Tejero, Jesús Gil, Franco, Fraga o Juan de Borbón, entre muchos otros; pero también sus constantes contactos con políticos y parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad estatales.

Especialmente morboso acaba siendo tanto cuando detalla su modus operandi en las descargas (da pelos y señales de sitios, nombres de embarcaciones, fechas…) como también su relación con los otros narcos mediáticos (su mala relación con Terito y su admiración constante por Sito Miñanco, al único que considera su amigo) y la omisión de muchos otros narcos que no han acabado teniendo la repercusión que ellos (como Antonio Yáñez); y sus constantes ataques y ridiculizaciones a sus grandes azotes: desde los superjueces Garzón y Zaragoza, hasta su ex abogado Pablo Vioque, la activista contra el narcotráfico Carmen Avendaño, el político socialista Parada Mejuto o el retrato que se hace de su vida tanto en el libro como en la serie Fariña (obra sin la que, posiblemente, Oubiña no se hubiera visto motivado a contar ‘su verdad’, posiblemente).

“Desde la opinión pública parecen querer desmerecer el valor historiográfico, sociopolítico, confesional y contrapropagandístico de toda una estructura mediática, política y judicial que pretenden reducir a bufón a uno de los grandes protagonistas de la vida delictiva, pero de alguna manera también política, de los primeros años de la democracia española”

Pocas cosas se deja en el tintero un Oubiña que habla de su infancia, de sus años en la cárcel (especialmente crítico con su estancia en Navalcarnero), de la comparación del trato recibido peor incluso, en muchos casos, que el recibido por muchos etarras; y aporta reflexiones sobre el nuevo narcotráfico, el Servicio de Vigilancia Aduanera (al que denomina “el GAL de las aduanas”), la necesidad de legalizar las drogas consideradas “blandas”; y una galería de personajes con nombres, apellidos y biografía, a la vez que presenta un anexo documental con sentencias y peticiones de recursos.

Con cierto empaque de libro cutre (algunas expresiones son muy suyas; y el diseño del libro deja mucho que desear a nivel estético: fotos pixeladas, anécdotas repetidas, una maquetación muy lejos de la de la industria editorial profesional), muchos de los talones de Aquiles de estas memorias de Laureano Oubiña convierten a Toda la verdad en un librode manifactura doméstica y amateur que, por el contrario, lo dota de una honestidad y una inocencia solo comparable a la de los fanzines o los editores no-profesionales. En cualquier caso, unas memorias absolutamente necesarias para, al menos, conocer la versión de uno de los narcos más mediáticos de la historia de España, pero también de un protagonista que no ha perdido ni sus ganas de seguir siendo mediático ni de seguir teniendo una aureola de “personalidad poderosa” de cara a la opinión pública. Vistos los intentos para que no pueda vender el libro, está claro que lo sigue siendo.

Laureano Oubiña