22 noviembre, 2018. Por

Larkin Poe

Las hermanas millennials que han venido a salvar el blues
Larkin Poe

Mientras sus compañeras de clase y de manzana se pasaban las horas ensayando las coreografías de la última diva pop de moda, e intercambiándose SMS, subiendo alguna imagen a su Fotolog o cambiándose el nickname del MSN Messenger, las hermanas Rebecca y Megan Lovell, a sus 14 y 16 años, respectivamente, versionaban canciones de Robert Johnson, los Allman Brothers, Howlin’ Wolf o la Creedence Clearwater Revival, entre otros.

No son unas viejas o unas puretas metidas en el cuerpo de dos chicas millennials de una pequeña ciudad (Calhoun, de 15.000 habitantes) del estado de Georgia, en los Estados Unidos: son, posiblemente, dos potenciales iconos destinadas a salvar el blues y el rock and roll en una era en la que necesitamos referentes que no huelan a naftalina y que empaten con la manera de comunicar del siglo XXI. Y dentro de unos días, como Larkin Poe, lo demostrarán en los conciertos que ofrecerán en Madrid (el sábado 1 de diciembre en la sala Cool Stage) y Barcelona (el domingo 2 en la Razzmatazz), y para los que puedes comprar tu entrada en este enlace.

“La voz negrísima de Rebecca y el slide guitar de Megan eran un secreto a voces cuando sus grabaciones caseras, con las dos hermanas tocando en el cuarto versiones de Chuck Berry, Black Sabbath, Simon & Garfunkel o Willie Dixon comenzaron a tatuarse en el imaginario viral: Facebook y YouTube devino en el mejor escenario posible para que Larkin Poe encienda la llama del blues desde una vía más neomillennial que pollavieja”

Las hermanas Lovell lo tienen; del mismo modo que tiene calidad y calidez su propuesta. Tras unos primeros cinco años funcionando como trío acústico junto a su hermana Jessica en The Lovell Sisters, proyecto más enfocado al folk-rock que huele a madera y al bluegrass más cerca del country, y que llegó a su fin con el compromiso de Jessica, Rebecca y Megan se embarcarían en un proyecto que cogería el espíritu de aquel, pero con una mayor dosis de electricidad y una estrategia de comunicación acorde con las cavilaciones de la vida moderna, y de la generación nativa digital.

Los primeros pasos de Larkin Poe, allá por 2010, sirvieron como un tránsito doméstico entre las hermanas Lovell hacia encontrar un sonido que lo distancie de algunos patrones algo carcas que tenían en el sonido de The Lovell Sisters. Los cinco EPs y el debut como Larkin Poe lanzados de manera independiente entre 2010 y 2013 fueron una suerte de ensayo general para ir electrificando su propuesta, que acabó pillando matices de proyectos como My Morning Jacket, Jack White, Drive-By Truckers, Deer Tick o, claro está, la última gran revolución del blues-rock comercial, The Black Keys; pero su sonido también conecta con el de KT Tunstall, la Sheryl Crow más moderna y con una suerte de cruce entre Joan Jett y Lucinda Williams, pero versión millennial.

“Como está pasando no solo a nivel social, sino también artístico, la última generación de iconos blues y rock and roll tiene nombre de mujer: el de Larkin Poe quizá es uno de los más visibles y más personales, junto con otras como Nikki Lane, Lillie Mae, Jorja Smith o Elle King

La voz negrísima de Rebecca y el slide guitar de Megan eran un secreto a voces cuando sus grabaciones caseras, con las dos hermanas tocando en el cuarto versiones de Chuck Berry, Black Sabbath, Simon & Garfunkel o Willie Dixon comenzaron a tatuarse en el imaginario viral: Facebook y YouTube devino en el mejor escenario posible para que Larkin Poe encienda la llama del blues desde una vía más neomillennial que pollavieja. El resto, está siendo historia: T Bone Burnett las fichó para participar en las grabaciones del supergrupo The New Basement Tapes; en 2014 se convertirían en la banda revelación del festival de Glastonbury; y en 2016 se abriría una nueva etapa para el dúo.

De momento, su hiperactividad las lleva a publicar un disco por año: Reskinned las situó como una posibilidad pop dentro del panorama blues-rockero internacional, y aunque los dejes a lo Black Keys permanecen adheridos al gran hit de aquel álbum (Trouble in Mind), el sonido de aquel disco dejaba arranques especialmente rockeros (P-R-O-B-L-E-M, Don’t o Sucker Puncher), pero también registros más cerca del medio tiempo (Banks of Allatoona) y hasta unos primeros guiños al hip-hop (Blunt) que acabarían forjando uno de sus registros más personales.

Aún así, es en sus últimos dos registros, Peach y el flamante Venom & Faith que vienen a presentar a España, en donde Larkin Poe han conseguido que su propuesta sea especialmente personal, desarrollando esa conexión entre el blues-rock de carrocería aceitosa a subgéneros como el góspel (Sometimes, Tom Devil o Come On in My Kitchen), el country (Cast’Em Out), la sonoridad blues de los años ’20 (Mississippi, Hard Time Killing Floor o Honey Honey) o el blues and roll de toma y daca (Black Betty o Blue Ridge Mountains).

“Quizá en donde más destaca la personalidad y la contemporanidad de su propuesta es en esa innata capacidad de conectar la música de raíz americana con la sonoridad de la música urbana, utilizando bases mixtas, en donde la frontera entre el blues y el hip-hop acaban dinamitándose y, a la vez, difuminándose”

Pero quizá en donde más destaca la personalidad y la contemporanidad de su propuesta es en esa innata capacidad de conectar la música de raíz americana (del blues al folk-rock, el country, el góspel o el rock and roll más andrajoso) con la sonoridad de la música urbana, utilizando bases mixtas, en donde la frontera entre el blues y el hip-hop acaban dinamitándose y, a la vez, difuminándose: canciones como California King, Fly Like an Eagle, Freedom, Look Away o Wanted Woman son el mejor ejemplo.

Como está pasando no solo a nivel social, sino también artístico, la última generación de iconos blues y rock and roll tiene nombre de mujer: el de Larkin Poe quizá es uno de los más visibles y más personales, junto con otras como Nikki Lane, Lillie Mae, Jorja Smith o Elle King.

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