26 julio, 2017. Por

Lana del Rey

¿Amar u odiar a la diva indie de esta década?
Lana del Rey

Elizabeth Woolrdige Grant. Lana del Rey. ¿Qué vamos a hacer contigo? Cada vez que una quiere creer que eres un producto con más fachada que talento, demuestras lo contrario con una fuerza inusitada. Y, cuando una se convence que ya todo lo que vas a publicar van a ser fuegos artificiales y conexión directa con su corazón de treintañera, te pones a aburrir a las ovejas para contentar a la crítica o dices chorradas poco afortunadas sobre lo poco feminista que te sientes. En serio, querida, no sé qué pensar de ti.

En 2012 me sentí como la única persona del planeta que no sucumbió a los encantos de tus Blue Jeans ni tus Video Games, aunque sé que crítica y público nunca llegaron a ponerse de acuerdo con tu Born To Die. Cuando en 2014 escuché por primera vez esa concatenación de temazos que armabas al final de Ultraviolence, con Sad Girl, Pretty When You Cry, Money Power Glory y Fucked My Way Up To The Top; creí que me moría. De gusto, por un lado; y de vergüenza, por no haber sabido reconocer tu talento, por otro. Y en 2015,  justo cuando me tenías a tus pies, después de marcarte un videoclip tan catártico como el de High By The Beach, casi me matas de tedio con un Honeymoon al que todavía hoy intento encontrarle el interés.

Y aquí me tienes, escuchando Lust For Life, tratando de decidir si eres una pija obsesionada con los años 50, con un logrado registro de contralto y rodeada de muy buenos productores; o si eres una artista que ha sabido plasmar su evolución hacia la madurez con sinceridad y gusto e influencias exquisitos. Y el caso es que tu cuarto disco convence. Tal vez no con la impactante sordidez de tu Ultraviolet, pero está claro que sus 16 (¡16!) cortes funcionan. Es cierto que personalmente preferiría un poquito más de capacidad de síntesis y un poquito menos de coquetear con raperos, pero no puedo negar la abundancia de momentos brillantes, tanto en su arranque como en el tramo intermedio del LP.

En tus anteriores discos siempre te has caracterizado por una visión casi fatalista de tu propia existencia, desplegando un catálogo aparentemente interminable de adicciones, chicos malos, coches y vicios caros como motor de una personalidad inflada y vacía. Tragedia y nostalgia a un ritmo que no era jazz, ni pop, ni indie ni psicodelia, pero que picoteaba un poquito de todos ellos. Y siempre defendiste que todas aquellas letras tan sombrías pero magnéticas, si bien no eran 100% ciertas, siempre tenían algo de autobiográficas.

“La melancolía, los chicos malos, los paparazzis y los fans trastornados aún están ahí”

 

Sin lugar a dudas la melancolía, los chicos malos, los paparazzis y los fans trastornados aún están ahí. Los primeros te desmontan (“My celluloid scenes are torn at the seams / And I fall to pieces /I fall to pieces when I’m with you”). De los segundos sigues huyendo (“Everywhere I turn, there’s something blocking my escape”). Y a los terceros los tratas con distante indulgencia (“It’s so hard sometimes with the star / When you have to share them with everybody”). Pero el espíritu con el que lo afrontas es diferente y ello no puede ser mala noticia.

Mírate, ¡si hasta sonríes y tienes margaritas en la melena en la portada del disco! (un día nos tienes que contar qué te pasa con los coches y las portadas de tus discos). Reconoces que tu vida no es tan sombría como la veías antes, y hasta te atreves a mirar con una media sonrisa la realidad política de tu propio país, que se encuentra en una de sus etapas más aciagas (“Is it the end of an era? / Is it the end of America? No, it’s only the beginning”). Incluso dejas escrito y grabado que (ahora que ves que las cosas no son tan fáciles para todas las mujeres como tal vez lo hayan sido para ti) puede que “eso del feminismo” no te sea tan ajeno (“God bless America, and all the beautiful women in it / May you stand proud and strong like Lady Liberty shining all night long”). Rectificar es de sabios, dicen.

“Reconoces que tu vida no es tan sombría como la veías antes, y hasta te atreves a mirar con una media sonrisa la realidad política. Incluso dejas escrito y grabado que puede que “eso del feminismo” no te sea tan ajeno. Rectificar es de sabios, dicen”

 

Así que Elizabeth Woolrdige, Lizzy, Lana, como te llames: no sólo me habéis convencido, tú y tu puñado de fieles colaboradores, productores y arreglistas. Sino que creo que has lanzado uno de los discos que más y mejor recordaremos de este 2017. A tu Lust For Life le sobran colaboraciones (qué alegría saber que Stevie Nicks intervendría en él y qué chasco al escuchar el intrascendente tema) y siempre se me hace un poco largo al final. Pero he encontrado en él tantas letras y tantas melodías inteligentes y disfrutables que solamente puedo alegrarme por tu tímido giro optimista, por tu evolución y por tu sana madurez.

Atentamente, alguien que se está tomando un poco a guasa tu forma de interpelar a tus fans.

Lana del Rey