14 septiembre, 2018. Por

Floreciendo

Natalia Lafourcade y Rozalén florecen en una nueva versión de la ‘Danza de gardenias’
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Hace tan solo unos meses, y completando lo que el año pasado fue el primer volumen de Musas, su particular homenaje a las ‘musas sonoras’ que articulan las marcas más reconocibles e identitarias del folclore latinoamericano, la mexicana Natalia Lafourcade y el dúo Los Macorinos (integrado por el argentino Juan Carlos Allende y el mexicano Miguel Peña) publicaban la segunda mitad de un ejercicio que, en esta ocasión, alternaba composiciones propias con piezas tradicionales de autores de la talla de Atahualpa Yupanqui, Margarita Lecuona, María Grever o Álvaro Carrillo, entre otros.

Una exploración en la música de raíz latina por la que la mexicana lleva años demostrando pasión, y que fue bisagra en Mujer divina, su homenaje al icónico Agustín Lara que vio la luz en 2012. Luego vendría Hasta la raíz, de canciones propias inspiradas en sonoridades folclóricas y estructuras pop; y este doble álbum publicado en dos capítulos que, como ha demostrado hoy, sigue más vivo que nunca.

Y es que Natalia Lafourcade ha presentado una versión de Danza de Gardenias, una de las canciones de su autoría (o co-autoría, en este caso: la compuso a pachas con David Aguilar) y que, extremando las facultades más sentidas, cercanas e íntimas de la canción, ha decidido reinterpretarla en formato acústico con una invitada de lujo, especialmente reclamada por artistas de renombre estos últimos meses (como os contamos aquí): la manchega María Rozalén, una de las artistas con mayor pureza en su voz, que en esta alianza con Lafourcade consigue llevar esta Danza de Gardenias a un lugar mucho más profundo.

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