1 junio, 2017. Por

La virgen roja

La feminista que casi convierte Francia en una utopía anarquista
La virgen roja

Louise Michel aparece hoy en los libros de texto de los niños franceses. Calles, plazas y escuelas llevan su nombre en reconocimiento a su lucha y a su protagonismo durante uno de los episodios más y al mismo tiempo menos conocidos de la historia gala. Maestra, poeta, oradora, pero sobre todo revolucionaria, promulgaba la implantación de una educación laica, su rechazo al matrimonio como institución opresiva y otros valores hoy, en el siglo XXI, consolidados en las democracias occidentales, como la protección desde el estado de los menos favorecidos, entre ellos los desvalidos y los oprimidos.

La conocida como Virgen roja se puso al frente de los hombres que dieron la batalla en el París de septiembre de 1870, cuando el gobierno imperial de Napoleón III hinca la rodilla en la Guerra Franco-Prusiana y la capital francesa es sitiada por las tropas ocupantes. En la colina de Montmartre se gestan las pugnas entre las incipientes fuerzas republicanas locales por el poder y la Comuna de París está punto de convertirse en una realidad.

Antes de la inevitable ruptura entre marxistas y anarquistas, la Comuna tuvo durante 2 meses el gobierno en sus manos: 2 meses en los que se pretendió cambiar el estado de arriba a abajo con decretos como el que establecía la laicidad del Estado, el que se entregaban las fábricas a los obreros, o los que imponían que curas e iglesias ejercieran de refugio para necesitados de toda índole. En materia económica, se promulgaba la condonación de los intereses de las deudas. El resultado sería la Semana Sangrienta, 7 días de brutal represión contra los nuevos gobernantes en los que llegaron a morir 10.000 personas y a consecuencia de la cual se declaró la Ley Marcial durante un lustro. De la utopía anarquista a una sangrienta realidad.

Louise Michel, autora de la frase “París será nuestro o no existirá jamás” y la primera en enarbolar la bandera negra, salvó la vida, pero no se libró de la represión y pagó sus ideales con una forzada deportación en una colonia penal de Oceanía, en Nueva Caledonia. La tentación de recrear su vida y andanzas debió parecer muy fuerte para el matrimonio formado por Mary M. Talbot y Bryan Talbot, que reconstruyen con rigor histórico la trayectoria y las circunstancias históricas y vitales que rodearon a la sufragista y feminista.

Los que duden del citado rigor tendrán complicado ponerle pegas a La virgen roja, que incluye un apartado con bibliografía y 14 páginas repletas de anotaciones para que buceen en ellas los amantes de la historia y la investigación. De la sinergia que originan los Talbot tampoco pueden presumir muchos. Él, diseñador gráfico, ha trabajado para DC desde los años 90 en publicaciones de Batman, Hellblazer o Sandman. Ella, profesora e investigadora, ha centrado sus estudios en las temáticas de género, poder o lenguaje.

La trama avanza de un modo no lineal, guiada por una parte por el encuentro entre Charlotte Perkins Gilman, feminista estadounidense, y la hija de una antigua compañeras de andanzas de Louise Michel. Por otra, por la propia historia. En lo formal, los Talbot se apoyan en un potente dibujo en blanco y negro que se ve cada poco tiempo salpicado por un vibrante rojo. La sangre, tan presente durante todo el suceso histórico, debía tener su color propio. Cada línea argumental se sustenta de un modo distinto. Y es tan posible pasear por las ardientes calles de aquél París en llamas como imaginarse en las remotas islas de las antípodas. Un gustazo, en resumen.

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La virgen roja