27 abril, 2017. Por

La vida es sueño [vv.105-106]

Cuando el minimalismo, la filosofía de Calderón y el mejor teatro se dan la mano
La vida es sueño [vv.105-106]

“…el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar…”

Vivir. Soñar. Hay ocasiones en las que la vida parece sueño, y en las que las obras maestras del teatro universal (que, si bien siempre disfrutables, a veces resultan algo ya vistas) caen en manos de verdaderos creadores-hipnotizadores quienes, a través de una sensibilidad única y de un especial arte para dejar embobado al respetable, logran extraer la esencia pura de esos clásicos y poner ante los ojos la función de nuevo, fresca y mágica como si se viera por vez primera. Llámalo Arte. Llámalo sueño.

Y esto es lo que hace Carlos Alfaro. Un director de escena con un sentido y sensibilidad singulares y proclive además especialmente a las atmósferas delicadas y oníricas (sus dos últimos montajes Éramos tres hermanas y Petit Pierre eran dos auténticas joyas) que destila el clásico de Calderón de la Barca en este La vida es sueño (vv. 105-106) (o “qué delito cometí contra vosotros naciendo”, los versos en cuestión) y que se puede ver en los Teatros del Canal de Madrid: un montaje minimalista pero fascinante en extremo y que reduce los personajes del original a cuatro (Segismundo, Rosaura, Basilio y Clotaldo) en un ejercicio exquisito de interiorización de las reflexiones filosóficas de Calderón. Un montaje durante el cual uno tiene la sensación de encontrarse en permanente estado de duermevela, esos instantes en los que realidad y sueño se confunden.

El espacio, despojado de elementos accesorios, con un fondo que refleja de forma difusa a los personajes (cual sombras de la caverna de Platón) y una plataforma central que sirve ora como prisión, ora como aposento real, es absolutamente brillante en su sencillez. El diseño de sonido, con un microfonado que modifica ligeramente las voces como recurso expresivo según el lugar donde se encuentren los personajes, acaba por resultar excelente erigiéndose en recurso expresivo para sumergirnos en este universo entre sueños. La sintética iluminación, repleta de claroscuros, y el perfecto vestuario no hacen más que redondear una puesta en escena que es como un susurro, poética, delicada y medida al milímetro, rebosante de detalles con los que deleitarse en un auténtico viaje al fondo del inconsciente de este clásico.

Y es que las palabras de Segismundo vuelven a revestirse de todo su poder de evocación y fascinación. Magia lo que ha conseguido Moma Teatre con Alfaro a la cabeza y unos intérpretes que viven y saborean delicadamente los versos de Calderón, entregándolos al público sin estridencias y con una delicadeza extrema, musical, hermosísima y exquisita. Una auténtica delicia ese monólogo inicial del frágil Basilio de Vicente Fuentes, que ya nos pone en contexto de lo que vamos a experimentar y de las diferencias con otras adaptaciones. El Clotaldo de Enric Benavent está lleno de meandros y sutiles cambios que fluyen en su magnífica interpretación. La Rosaura de Rebeca Valls resulta hipnótica. Cada vez que hace acto de presencia, transmite una verdad y una fuerza tales que se hace imposible despegar los ojos de ella. Y por último, el Segismundo de Alejandro Saá. Una palabra: delicadeza. Qué hermosísimo trabajo. Su Segismundo, extraviado, quebradizo, con un punto de comprensible y tierna locura, es un acercamiento al personaje que se queda clavado en la retina y más adentro todavía.

El vivir sólo es soñar, según Calderón. El teatro, también. Y Alfaro y su compañía lo saben. No os perdáis esta auténtica joya.

La vida es sueño [vv.105-106]