22 mayo, 2018. Por

La Valentía

Alfredo Sanzol se acerca al teatro lúdico, de mucho entretenimiento y poca reflexión
La Valentía

Que Alfredo Sanzol es uno de los dramaturgos más maravillos del panorama actual no hay quien lo rebata. Pocas personas unen tantos afectos como este autor, incluso por parte de la logística de premios, ya que a finales del año pasado ganó el Premio Nacional de Literatura Dramática por ese pequeño milagro que era La respiración y, hace sólo unos días, el Premio Valle-Inclán de Teatro por el extraordinario ejercicio de teatro isabelino pergeñado en nuestros tiempos que era La ternura.

Ahora acaba de estrenar nuevo espectáculo: La valentía. En el Pavón Teatro Kamikaze. Y en vez de emular a gentes como Shakespeare, ha decidido hacerlo con figuras patrias más recientes tipo Miguel Mihura o más exactamente Jardiel Poncela, con una historia de fantasmas que bien podría ser prima hermana de Los habitantes de la casa deshabitada.

Sanzol en esta ocasión nos regala un entretenimiento sin más pretensiones. Un pasatiempo lúdico, bien ejecutado, con ritmo y con interpretaciones que consiguen levantar las carcajadas del público. Guada y Trini son dos hermanas que han heredado la casa familiar. Una pedazo de casa, pero ante cuya puerta cuando eran niñas plantaron una autopista que lleva años volviéndolas locas. Guada quiere quedarse allí a pesar de todo. Pero Trini no puede con la vida y quiere venderla. Así que contrata a los Hermanos Spectro (con s líquida) para que peguen unos sustos de infarto a su hermana. A su vez, Guada pone una habitación en Airbnb y una pareja pero que muy curiosa (y oscura) de invitados llegan a la vez. Un vodevil en toda regla. Una comedia que podía haber sido escrita en los tiempos de Edgar Neville (tal vez lo de la autopista cuadrase menos) pero que ha hecho Sanzol.

«Sanzol nos regala un entretenimiento sin más pretensiones. Un pasatiempo lúdico, bien ejecutado, con ritmo y con interpretaciones que consiguen levantar las carcajadas del público. Eso sí, quien vaya buscando profundidad o una carga reflexiva, filosófica o vital, ésta no es su función»

Eso sí, quien vaya buscando profundidad o una carga reflexiva, filosófica o vital como la de obras anteriores (La respiración, por ejemplo), ésta no es su función. Sanzol es un maestro en cargar la ligereza de significado, pero La valentía es lo que es, y no lo oculta. Sí, tiene sus pequeños detalles melancólicos (lo del teléfono es un asunto que pasa casi desapercibido, pero nos llegó casi más que todo el resto de la función) y algo más profundos, como esos recuerdos infantiles, pero en reglas generales es puro juego y homenaje, o por lo menos así llega al espectador. Y muy bien que está.

Los actores además se lucen en este registro cómico. Estefanía de los Santos está como siempre fantástica y tiene momentos de órdago (esos terrores de registro infantil que se pega la pobre son geniales). A Inma Cuevas da gusto poder ver cómo se luce en un escenario grande, porque se lo come con patatas y con todo tipo de acompañamientos. Pura energía y dominio cómico. Francesco Carril consigue algunas de las mayores risotadas también, acompañando a una Natalia Huarte elegante y perfecta en su papel. Y Jesús Barranco está genial también con su hermano Font García, protagonizando ambos uno de los momentos estelares de la función (lo de las gemelas es para orinarse de la risa, literalmente).

«Habrá mucha gente a quien les dé orgasmos con esto pero que pone a parir sin ton ni son lo que estrenan en otros teatros más comerciales. Esta función podría estar perfectamente en el Teatro Amaya, firmada por otra persona, y habría gente de los ahora entusiasmados que no se dignaría ni a mirar el cartel»

Pues eso: una típica historia de fantasmas, un entretenimiento divertido y bien ejecutado, con aires de otra época. No podemos de todas formas irnos sin decir que habrá mucha gente a quien les dé orgasmos con esto pero que pone a parir sin ton ni son lo que estrenan en otros teatros más comerciales. Esta función podría estar perfectamente en el Teatro Amaya, firmada por otra persona, y habría gente de los ahora entusiasmados que no se dignaría ni a mirar el cartel. Que esto no va en contra de La valentía, ojo, que como hemos dicho es un pasatiempo muy bien articulado. Que a nosotros nos encantan la comedia, los fantasmas, las casas encantadas y las niñas gemelas antiguas. Y Sanzol, por supuesto.

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