1 agosto, 2018. Por

La reina de Katwe

El biopic sobre una joven ugandesa prodigio del ajedrez
La reina de Katwe

Quizás no sea la primera cuestión que nos viene a la cabeza cuando reflexionamos sobre la pobreza y la desigualdad en el mundo, pero, más allá de la monstruosa injusticia que representa, uno de los argumentos más importantes para combatirla tendría que ser la idea del talento humano desperdiciado. En los barrios de chabolas de Hispanoamérica, Asia y África, no solo hay personas que necesitan ayudan; hay individuos de todos los sexos, razas y condición que podrían aportar muchísimo al resto, y que podrían destacar en los campos más insospechados si tuvieran una sola oportunidad de demostrarlo. Tal vez, uno de esos niños hambrientos, sin escolarizar, que vemos en los informativos, entre las monótonas noticias de desastres, si sus circunstancias fueran otras, si pudieran explorar sus capacidades, podrían convertirse en un científico cuyo nombre pasaría a la posterioridad, en un músico genial o, por qué no, en un gran deportista. Incluso en un brillante jugador profesional de ajedrez. La reina de Katwe nos cuenta una historia pequeña y sencilla que ilustra este concepto.

Phiona Mutesi (en la película, la debutante Madina Nalwanga) nació en 1996 en Katwe, uno de las favelas más miserables de Kampala, la capital de Uganda. Su madre, Harriet (Lupita Nyong’o) se encargaba sola de ella, de su hermana y de su hermana pequeño; su padre murió de SIDA cuando apenas había cumplido tres años. Es decir: es una mujer que, de antemano, lo tenía casi todo en contra, desde el principio. La niña no pudo aprender a leer; tuvo que ayudar a su familia vendiendo maíz en la calle. Un día, en sus vagabundeos por la zona, se topa con un modesto cobertizo que pertenece a una ONG cristiana. Allí, en su tiempo libre, Robert Katende (David Oyelowo), un ingeniero de firmes convicciones religiosas y humanitarias, reparte comida a los niños del barrio y, de paso, les enseña a jugar al ajedrez, que le apasiona desde sus tiempos de estudiante. El primer día la jovencísima Mutesi sufre el rechazo de los otros niños, que se burlan de su suciedad e ignorancia.

“La película está plagada de metáforas que asocian el ajedrez con la situación personal de la protagonista, y su largo viaje vital para escapar de la pobreza”

Sin embargo, la niña, silenciosa y obstinada, vuelve y no tarda en aprender las normas del ajedrez, que le ofrece un poco de diversión y escapismo en medio de la implacable dureza sin esperanzas de su vida. De hecho, hace algo más: empieza a derrotar al resto de los niños y adolescentes que van por allí y llama la atención de Katende. Esa niña, frente al tablero, es capaz de superar a jugadores que poseen una educación que jamás ha estado a su alcance. Pero, ¿hasta dónde puede llegar una niña de Katwe, por mucho talento natural que posea?

La reina de Katwe está basada en el libro del mismo título de periodista deportivo Tim Crothers y es una producción de Disney. Este último hecho explica alguno de los condicionantes de la película: su tono optimista y tenuemente familiar, que las circunstancias más crueles -en especial, las referidas a la condición de la mujer- se insinúan más que mostrarse en toda su crudeza y una estructura muy clásica y reconocible de descubrimiento-ascenso-caída-y recuperación.

“Su falta de pretensiones, combinada con el excelente trabajo de sus responsables, hacen que sea una película entretenida, emotiva y más sutil de lo que cabría esperar en este tipo de cine. Y con un mensaje que vale la pena oír”

Por supuesto, la película está plagada de metáforas que asocian el ajedrez con la situación personal de la protagonista, y su largo viaje vital para escapar de la pobreza. Sin embargo, está bastante por encima de la media de este tipo de producciones: en primer lugar, se beneficia de la dirección sobria y sensible de la directora, la veterana Mira Nair, que engrandece esta pequeña fábula y la elevan por encima de los clichés sentimentales y manipuladores típicos de los típicos biopics e historias de superación de Hollywood. Igualmente, cuenta con dos actores de gran nivel, el británico David Oyelowo (Selma) como el entregado descubridor de Phiona y la keniata Lupita Nyong’o (12 años de esclavitud) como su progenitora, una auténtica “madre-coraje” a la que pertenecen las escenas más conmovedoras de la cinta.

La reina de Katwe, con toda seguridad, no pasará a la historia del cine; y desde luego no es la mejor película de la distinguida carrera de Mira Nair. Sin embargo, su falta de pretensiones, combinada con el excelente trabajo de sus responsables, hacen que sea una película entretenida, emotiva y más sutil de lo que cabría esperar en este tipo de cine. Y con un mensaje que vale la pena oír.

La reina de Katwe