11 enero, 2018. Por

La Peste

El color especial de la Sevilla del SXVI en un proto-policial de época
La Peste

La Sevilla del Siglo XVI tenía un color especial, pero no era el del rebujito, la fiesta torera, la Expo y las canciones de Los Del Río. Su color era más bien gris, olía a entre azufre y podredumbre y, sin embargo, en aquel siglo era una de las “ciudades de las oportunidades” en aquellos años.

Era la puerta de Europa, la central del comercio internacional y uno de los puertos de llegada desde Las Indias a quienes conseguían hacer dinero del otro lado del Océano; allí convivían cristianos, judíos conversos, moriscos, esclavos, ladrones, prostitutas, nobles, plebeyos y todo aquel halo que comenzó a formar esa idea de “picaresca española” que acabaría marcando para bien y para mal a nuestra manera de vivir la vida y entender la moral política.

Alberto Rodríguez se inventa una máquina del tiempo y consigue enviarnos sentados en nuestro sofá a la alquimia de aquel sitio, asediado por las enfermedades y las epidemias y que, sin embargo, era un escapulario del bien y el mal en el mundo: de la represión pública de la Santa Inqusición al hedonismo privado y los burdeles reglamentados; de las cárceles como patio de juego a los hospitales como cementerios abiertos.

El centro narrativo de La Peste, que está recogiendo prácticamente de forma unánime críticas excelentes desde su estreno en la pasada edición del Festival de Cine de San Sebastián y que se estrenará mañana viernes 12 de enero a través de Movistar +, reside en el personaje de Mateo, un exmilitar condenado por la Santa Inquisición y al que se le han encomendado, por dos frentes distintos, dos tareas: encontrar al hijo bastardo de uno de sus mejores amigos, recientemente fallecido; y ayudar a resolver una serie de crímenes seriales que están asediando a la nobleza sevillana. Una especie de Seven atravesada por el envite de la pícara y vadeante tragicómica historia de España.

«Sabíamos que el nuevo cine habita en las posibilidades de la narrativa de ficción televisiva, pero en España no nos habíamos enterado hasta la llegada de ‘La Peste’ a las pantallas»

 

Alrededor de esa historia, orbitan otra serie de historias que no sólo ayudarán a completar el croquis de esta investigación, sino que aportan contexto y encabalgamiento entre la Sevilla de hace medio milenio atrás y la actual: desde los tejemanejes de la corrupción política (con el personaje de Paco León como médium, adoptando un registro casi desconocido en su filmografía); hasta los devaneos del ‘arte de la oportunidad’ que daba la picaresca española; la represiva y a la vez contradictoria manera de funcionar tanto de la Iglesia en tiempos de la Inquisición como la manera de asumir la libertad que daba ese arte de la oportunidad (libertad sexual, expresiva, creativa); y la mística que aporta la relación de dos de los protagonistas con la muerte.

Alberto Rodríguez acaba dibujando una película de seis horas dividida en capítulos, visibilizando una manera diferente de hacer televisión, o de hacer cine dentro de la televisión. Se nota tanto la herencia de Los Borgia como de True Detective, tanto la de Seven como la de Grupo 7, pero nunca la de las clásicas adaptaciones históricas o ‘de época’: desde el thriller sobrenatural hasta el hiperrealismo histórico, desde el suspense más místico hasta la crítica sociopolítico, desde el relato biópico hasta la imaginería negra.

«Una película de seis horas dividida en capítulos, visibilizando una manera diferente de hacer televisión, o de hacer cine dentro de la televisión. Se nota tanto la herencia de Los Borgia como de True Detective, tanto la de Seven como la de Grupo 7, pero nunca la de las clásicas adaptaciones históricas o ‘de época’»

 

Y lo hace aupando no sólo a las escasas caras conocidas del reparto a registros hasta ahora inexplorados (sobre todo Paco León, pero también serán importantes personajes como los de Manolo Solo y Paco Tous), a la vez que nos descubre y revaloriza las carreras de los intérpretes más desconocidos: desde un Pablo Molinero que al protagonizar esta serie redimensiona el alcance y sus posibilidades, hasta Sergio Castellanos (¿el nuevo Jesús Castro, en versión mejorada?) o las actrices Patricia López Arnáiz (con un papel especialmente atractivo) y Lupe del Junco.

Sabíamos que el nuevo cine habita en las posibilidades de la narrativa de ficción televisiva, pero en España no nos habíamos enterado hasta la llegada de La Peste a las pantallas.

La Peste