10 mayo, 2018. Por

La mujer que sabía leer

El caso real del pueblo habitado solo por mujeres
La mujer que sabía leer

Los cascos de un caballo que pisan el campo a la carrera. Las manos varoniles que sujetan sus riendas. Las crines, la hierba y el amanecer que se intuye. Así abre Le Semeur, traducida en nuestro país como La mujer que sabía leer, la potente ópera prima de Marine Francen.

Y ese es el lenguaje que elige su directora para narrar como pocas veces se ha visto antes una película de época. Los hombres que montan esos caballos son los soldados de ejército francés de Napoleón III, que vienen a llevarse a todos los hombres de un diminuto pueblo en las montañas. Porque el golpe de estado acaba de tener lugar y la guerra está a punto de comenzar. Y a partir de ese momento, lo que veremos son retales de una atmósfera verdaderamente cuidada, pero de la que no hay necesidad de alardear. Planos cerrados que nos acercan a los resquicios de ropajes, briznas de trigo dorado en plena siega, frentes sudorosas. En definitiva, una experiencia sensorial delicada, preciosista y terrenal a la vez, para contar un drama. ¿Qué drama?

Francia, 1852. En un pueblo cuya supervivencia se asegura mediante el trabajo de la tierra, el conflicto bélico también enseña sus dientes, apresando y reteniendo a todos los hombres de su población. Las mujeres se quedan solas y tienen que salir adelante segando y recogiendo el trigo que les dará de comer durante el invierno, y cuidando de los animales, y fabricando sus ropas. Y así hacen.

«Las mujeres se quedan solas y tienen que salir adelante segando y recogiendo el trigo que les dará de comer durante el invierno. Sin embargo, las más jóvenes comienzan a fantasear con la llegada de un posible hombre. Y entonces, contra todo pronóstico, ese hombre aparece»

Sin embargo, después de demostrar durante largo tiempo que pueden valerse por sí mismas, otras necesidades aparecen en su día a día. Las más jóvenes comienzan a fantasear con la llegada de un posible hombre con el que pudiesen calmar sus deseos carnales; porque, qué importante es eso después de tantos meses. Juegan a imaginarse que lo compartirían entre todas para asegurar su fecundidad y, honestamente, sus placeres. Y entonces, contra todo pronóstico, ese hombre aparece.

Contamos hasta aquí, porque una película con este planteamiento abre tal infinidad de vías que lo mejor es que el espectador trate de adivinarlas para dar, quizá, en el clavo, -porque eso es lo divertido de las películas, ¿no? No obstante, lo que sí tenemos que contarles es que la vía elegida no satisfará a los más ávidos de historias atrevidas. Los personajes se quedan a medias tintas y también el elenco que los interpreta; y al final esta historia que podría ir hasta el final con lo planteado, se impregna de momentos edulcorados pese a disfrutar –no vamos a negarlo- de escenas brillantes.

No por nada podemos encontrar a Le Semeur en la sección de Nuev@s Director@s de San Sebastián en su última edición, con la que se estrena su directora, Marine Francen, quien ya presenta una gran experiencia con los mejores, trabajando como asistente para Michael Haneke y Olivier Assayas. ¿Podría haber sido algo más portentoso? Desde luego. Pero no dejen de verla: La mujer que sabía leer les atrapará.

La mujer que sabía leer