24 octubre, 2017. Por

La Mina

Hablamos con Raúl Pérez, productor, dueño y señor del paraíso musical donde puedes grabar discos en pijama
La Mina

Es lunes y estamos en La Mina, hogar-estudio hipnótico, envolvente y famoso en el mundo entero por ser el centro de atención de muchxs músicxs que quieren grabar sus discos «a lo Raúl». Por algo será. No se trata de un estudio al uso, más bien hablamos de toda una experiencia. Ya conocemos a Raúl Pérez (y si tú no le conoces, te falta poco), un tío querido y admirado por castigo, que goza de una reputación impecable preguntes a quien preguntes. Es lo que tiene ser: además de buen productor, buena persona.

Un día sale de su casa de Espartinas (la segunda de ellas) en busca de algo nuevo y encuentra, por casualidad, el lugar ideal para su tajo, un refugio con encanto ubicado en Torrequinto. Hoy, dos años después de la mudanza, es un gusto comprobar cómo funciona su mundo y, lo que es mejor, ver que su mundo funciona. El cordobés nos abre las puertas, saca queso, patatas y copas llenas de cerveza y, sin más rodeos, se corona como el mejor anfitrión. Nos falta desayunar en su jardín, pero este rato es suficiente para entender qué tipo de persona tenemos enfrente.

Hablamos con uno de los productores más solicitados y estimados por el panorama musical de nuestro país y nos damos cuenta de que no es tan tímido como dicen.

“Lo que quería era grabar como grabo hoy: en una casa, en un contexto, en una convivencia. Es un modelo más invasivo en tu vida personal, pero provoca, sin embargo, que se creen vínculos muy satisfactorios”

 

Notodo: La gente dice que eres muy tímido, yo creo que exageran.

Raúl Pérez: Pues no sé, yo creo que todo el mundo, si se le pregunta, te diría que se considera tímido. Es decir, creo que es algo generalizado. De hecho, la parte social para mí es una de las cosas más importantes. Una de las cosas que más me gustan de mi trabajo es que curro con un montón de gente. Cada semana aparecen personas que no conozco de nada y a veces se quedan varios días e, incluso, otras veces lo hacen una quincena, lo que provoca que se creen vínculos bastante intensos entre nosotros.

A eso vamos. Tienes un curro peculiar. Trabajas con personas que, a veces, no conoces de nada y convives con ellas día a día. El resultado debe ser peculiar. Se me vienen ahora a la cabeza los chicos de Club del Río, que te admiran un taco. Estuvieron hace poco por aquí.

(Sonríe) Sí, estuvieron una semanilla. Esta gente es que son ciento y la madre, una invasión total (risas). Pero la verdad que súper guay y, aparte, su vida es muy parecida a la mía si hablamos de convivencias. Aunque ahora creo que ya viven cada uno en una casa, antes vivían casi todos juntos… Siempre me han invitado, pero aún no he podido ir.  Vivían un poco como cuando se queda gente aquí a pasar unos días. De hecho, ahora, en noviembre o diciembre, vienen a grabar el nuevo disco. Este modelo de trabajo, qué es más invasivo en tu vida personal, provoca, sin embargo, que se creen vínculos muy satisfactorios. Incluso al disco, a la parte más creativa y musical, considero que le sienta mejor. Además, la gente aquí se siente muy concentrada, está en su burbuja, pensando por completo en su disco, en sus canciones… Los vínculos que se crean son muy guays, además esos ratos te conceden la oportunidad de entender mejor lo que hace un grupo o un artista determinado.

“La gente aquí se siente muy concentrada, está en su burbuja, pensando por completo en su disco, en sus canciones”

 

Entiendo, no vienen a trabajar a contrarreloj y se piran. Vivir en La Mina son todo ventajas, es como un retiro profesional.

Sí, bueno, tiene sus pros y sus contras esto de trabajar así. Son dos los modelos diferentes a la hora de enfocar este trabajo: existen estudios que siguen una corriente clásica de trabajo, un lugar más aséptico, más químico, al que tú llegas, haces tu trabajo y desconectas. Pero yo me decanto por lo otro, desde siempre me he sentido más cercano a este formato, siempre me ha gustado más. La verdad es que siempre he hecho música en casa, lo que imagino que ha influido bastante.

El primer disco de los Pony Bravo, que fue la primera vez que trabajamos así, conviviendo allí donde Nacho, en El Palmar de Troya (Utrera, Sevilla)… Estuvimos en unas tiendas durante un mes y grabamos el Si bajo de espalda, no me da miedo (y otras historias). Mis otras experiencias en los estudios, cuando yo he ido como músico a grabar, siempre habían sido como más frías… Me gustó la idea de abrir el estudio a la convivencia, sí. La “paliza” social de la que me hablas, para mí es uno de los puntos que más motivan a la hora de trabajar. El tema de relacionarme con la gente me motiva, es lo mejor… si esa parte no la tuviera, no podría trabajar de la forma en que trabajo; de hecho, la gente me lo dice: “hostia, yo no aguantaría viviendo en mi casa con equis personas”.

Personas que, en la mayoría de casos, son desconocidas…

Claro. De hecho, al principio suelen ser siempre desconocidas. Pero después, gran parte de mis mejores amigos han resultado ser gente que conocí grabando.

“Hay gente que me dice que no aguantaría viviendo en mi casa con determinadas personas”

 

¿Y cómo un chico que comienza grabando saetas se convierte en uno de los estudios de grabación más punteros de todo el país? ¿Cómo terminas en Sevilla? ¿Cómo fueron esos comienzos?

Haciendo música con 15 años, con mis colegas en Pozoblanco. Para hablar de aquella época debo considerar importante el contexto porque, como dice David Byrne en un capítulo de Cómo funciona la música, cuando se crea una escena, hay varios puntos imprescindibles que se repiten en varios momentos históricos y que hacen que de un sitio salgan equis grupos, equis estudios, equis artistas con una tendencia determinada.

En concreto, en esa época en Pozoblanco (un lugar así, un poco especial, casi a los límites de córdoba), había un grupo de personas que llevaban años haciendo un fanzine, (a finales de los 90, cuando vivimos el boom fuerte de los fanzines) y organizando festivales. Había también un bar al que todo el mundo iba… Quiero decir que existía como un caldo de cultivo formado por una generación mayor que nosotros. Digamos que había como una micro escena, igual que seguramente pasaría en aquel momento en un montón de sitios.

Así que estuve haciendo música desde los 15 años con este grupo y con 18 o 19 años tuve una sala de conciertos, un bar en Pozoblanco, el que se convirtió en mi primer contacto con Sevilla. Allí me encargaba de llevar un poco la programación y comencé a traer grupos de todas partes. De hecho, traje a Pony Bravo antes de que fueran Pony Bravo, cuando eran Renochild. Traje a muchos grupos de Sevilla, de Cádiz, de Andalucía en general. Esa sería mi conexión posterior con esta gente. En mi grupo yo era el que componía y grababa, tenía en casa micros e historias para poder hacerlo, lo que dio lugar a que terminara grabando a toda la gente que tenía a mi alrededor.

Después de eso, me vine a Sevilla a estudiar técnico de sonido y nada más llegar aquí llamé por teléfono a la gente que conocía, que era toda esta gente de Renochild. Comencé a tocar en The Baltic Sea, que eran la mitad de Renochild, y a currar con Pony, que por esa época estaban empezando con el primer disco.  Me monté un estudio portable e iba por los locales grabando a la peña y tal. En ese momento tendría 20 años, que fue cuando grabé el primer disco de los Pony Bravo. Luego, estuve en varias naves industriales y después de la experiencia esta con los ponys vi que en realidad lo que me molaba era grabar como grabo hoy: en una casa, en un contexto, en una convivencia (porque lo consideraba como más natural), así llegó todo esto.

Natural, sí, pero con horarios de trabajo…

Claro, yo al final tengo horarios como todo el mundo, pero este sitio para mí marca la diferencia, es vital, sobre todo cuando estás haciendo música, ¿no? También influyó mucho el hecho de que yo estuviera currando en la Fnac. Estuve allí durante 3 años con el tema de los conciertos en las tiendas, coincidí con un punto en que todos los músicos querían tocar en la Fnac (ya sabes, cuando comenzó todo el tema éste de los conciertos en la tienda era una auténtica novedad), ahora ya todo es un poco diferente, ya se escucha eso de “¿para qué voy a tocar en la Fnac? (risas) Pero, como con todo, sufrimos el boom del momento, el hecho de que una multinacional montara espacios, donde poder disfrutar de música en directo, era una novedad…

Recuerdo que como que no molabas si no tocabas en la Fnac. La verdad que en esa época conocí a mucha gente. Básicamente, fue después del disco de los Ponys cuando comencé a mirar casas, hasta que entré en la primera, una casa en Palomares, donde estuve alrededor de un año. Luego me mudé a Espartinas, a la que antecede a esta casa, en esa no estuviste tú, ¿verdad?…

“Nuestro trabajo en la música es como el de un director de cine en una película: diriges el trabajo de mucha gente”

 

No, sólo en esta, una pena… Después de Espartinas vino Torrequinto pero, durante la búsqueda de tu estudio actual, te planteaste incluso irte fuera de la ciudad: Madrid, Granada, o el extranjero… ¿no?

La verdad es que supuso un gran punto de inflexión. En Espartinas estaba de puta madre, pero vendieron el sitio y fue como “hostia, va a ser muy difícil encontrar algo similar”. Estaba abierto a cualquier cosa, estuve mirando casas por todos lados, de hecho, no descartaba marchar fuera de España durante un tiempo.

¿Cómo encontraste este (para muchos) paraíso?

Fue por pura casualidad. Ya te digo, estaba mirando casas fuera. Aún así, cuando vivía en la otra casa ya me paraba a mirar otras casas.  El rollo de la arquitectura me mola bastante, me llama mucho la atención, entonces siempre miraba por si aparecía alguna casa que me gustase… De repente apareció este lugar, cuando lo vi flipé.

Como todo el mundo que entra aquí… (risas)

Sí, sí… El nota de la inmobiliaria me la enseñó en plan “bueno, te voy a enseñar una casa, pero esta es muy antigua, es un poco especial, no creo que te encaje”. Yo, nada más verla, me dije que era perfecta… en ese momento supe que esta casa era lo que necesitaba. Era como el sitio perfecto y, a partir de mudarme aquí, fue todo a mejor. Esta casa, de repente, era más grande que la otra, aquella era como más cortijo, la dimensión transmitía una sensación más de hogar… El cambio me hizo currar mucho más cómodo.

¿Qué es lo que más te gusta de esta casa?

Me mola el rollo abierto que tiene, todo lo que completa esta casa se encuentra en contacto, parece una iglesia… Hay varios estudios que sigo de EEUU que están hechos en iglesias.

“Lo único que me echa para atrás es cuando hay gente a la que lo único que le interesa es petarlo, personas a las que les da igual la música. Yo quiero trabajar con gente que quiere hacer un disco y disfrutarlo”

 

Y si hablamos de nuestro país, ¿cuáles son tus referentes?

Si nos centramos en España, lo que más me ha gustado siempre es todo lo que hace Paco Loco…Lleva toda la vida trabajando, haciendo grandes cosas, y creo que se debería valorar más todo lo que hace; creo que, si lo comparas con cosas que se hacen fuera, está a un nivel altísimo. A Paco se le valora aquí, claro (ha hecho muchas cosas), pero debería estar más valorado. Pero bueno, lo mismo, el tío va tan a su bola que le da igual… Me mola mucho. Grabé con él cuando aún estaba con The Baltic Sea.

Y luego, por nombrarte referentes más personales, siempre me ha gustado lo que han hecho, tanto a nivel de sello como a nivel de estudio, la gente de K Records, que fue como el primer sello indie de EEUU en los 90; tienen un estudio, Dub Narcotic, siempre graban en directo, también cuenta con la característica de estar abierto, sin separación entre los espacios y sus discos suenan muy guay. Me mola también mucho la gente que hace el nuevo soul…

Oye, con sólo veinte años y grabando el que se convertiría en uno de los mejores discos de ese año, Si bajo de espaldas, no me da miedo (y otras historias)

Está claro que eso ocurrió porque Pony Bravo confió muchísimo en mí. Una cosa que aprendí de ellos fue su creencia en crear grupos de trabajo, es decir, generar un mismo contexto donde diferentes personas apuestan por algo; currar en un mismo círculo, ¿entiendes?… ¿Quién se va a entregar más que alguien que te conoce?

Esta casa siempre está llena de gente y resulta extraño verla tan vacía. ¿Qué haces cuando estás solo?

Últimamente, intento buscar más tiempo libre, para desconectar un poco, este curro implica que esté a full siempre a todos los niveles… Intento descansar, escuchar otra música, porque si no, no puedes seguir adelante. Este trabajo te pide mucho de tu parte.

La lista es larga. Después de todo lo que has vivido en esta casa, ¿con qué te quedas? Una experiencia que se te venga ahora mismo a la cabeza.

Espera, tendría que pensarlo un poco. La experiencia con Club del Río fue bastante especial por muchas cosas: por ellos mismos, con los que ni siquiera había hablado (hablé con Javier Liñán, que es el de El Volcán Música, quien me habló de ellos y me dijo que creía que tenían que grabar en La Mina)… Era la primera vez que llegaba gente con la que ni siquiera había hablado… Y tantos… Venían con colegas, novias, amigos, el técnico de sonido (risas)… Fueron como once personas. La verdad es que fue una semana de locura total. Tú todo eso lo recuerdas cuando escuchas el disco (memoria auditiva).

“Una cosa que aprendí de Paco Loco fue su creencia en crear grupos de trabajo, generar un mismo contexto donde diferentes personas apuestan por algo. Si comparas su trabajo con lo que se hace afuera, está a un nivel altísimo: se merece más reconocimiento”

 

Muchos te tiran la caña porque quieren grabar en La Mina… ¿Y al contrario? ¿Has tirado mucho la caña?

La verdad es que no. No, no, yo es que creo que -y más algo como es una grabación- te tienen que buscar a ti. No me gusta venderme ni vender la moto a nadie, no me siento cómodo con eso… De hecho, me siento cómodo con lo contrario. Cuando viene la gente a mi casa se supone que conocen mi trabajo y les gusta, ahí pudo ofrecerles algo. No valgo para lo contrario.


Un momento de cambios, ese punto de inflexión que mueve el sentido de la vida de uno, ¿lo has vivido?

Ha habido varios puntos de inflexión, como en los puntos de giro de las películas. El primero fue justo antes de irme a Espartinas, que fue cuando dejé la Fnac porque no daba abasto con las grabaciones. El otro ocurre cuando me vine de Espartinas a esta casa, la otra me estaba llevando al límite de no tener tiempo, el espacio cada vez se me queda más pequeño… Tuve que decantarme o por encontrar algo mucho mejor, donde estuviera cómodo, o por cambiar radicalmente: cambiar el formato de trabajo o tirar por la vía de producir sin tener estudio.

Yo creo que esos dos momentos han sido claves. De hecho, si no llega a aparecer esta casa, me hubiese dedicado a producir sin tener estudio, como hace, por ejemplo, Carlos Hernández. Hubiese sido otra experiencia, aunque no sé cómo la hubiera llevado.

Ya nos queda claro que no eres de tirar la caña, pero, ¿algún disco en concreto que te hubiese encantado grabar?

Me hubiera gustado mucho grabar a Nudozurdo, me mola lo que han hecho con el último disco. Cuando escuché el último disco de ellos lo pensé, “me molaría grabar con ellos”.

“La gente es muy diferente entre sí. Hay muchas personas que están súper polarizadas a nivel musical: “me gusta esto y lo demás me horroriza”. Para mí todos los géneros tienen cosas de puta madre y cosas horribles”

 

¿Cuántos discos has grabado?

Ya he perdido un poco la cuenta, la última vez que la hice estaba en doscientos y pico, no sé si ya llegará la cosa a los trescientos.

¿Qué edad tienes?

32, no sé a cuántos salen por año (risas).

Todo el mundo coincide en la calidad de tu sonido, en que La Mina tiene un sello característico, un atractivo que sirve de reclamo. Pero lo que es indudable es que tú, Raúl, la persona, consigues que la gente se sienta siempre como en casa. Alguien dijo alguna vez por ahí que eres un gran profesional, pero que también eres muy buena persona.

Creo que nuestro trabajo en la música es como el de un director de cine en una película: básicamente, te encuentras dirigiendo el trabajo de mucha gente. Tu relación con esa persona es vital. Date cuenta que esa persona está eligiendo a alguien para que dirija su trabajo, y no solo su trabajo…

Hace años existían otros presupuestos y nos encontrábamos con que había ingenieros, productores, técnicos… Ahora mismo existe una persona con la que, aparte de hablar de las canciones, es la que se encarga de decidir la estética de tu sonido, lo decide prácticamente todo. Entonces, es básico que conectes con todo eso para conseguir que se genere confianza entre las partes.

“Uno de los motivos por los que me quedé en Sevilla fue porque la ciudad me parecía un sitio donde, al menos en los últimos diez años, han surgido bandas muy guays. Lo que falta es público”

¿Conectas con todos por igual?

La gente es muy diferente entre sí. Existen muchas personas que están súper polarizadas a nivel musical: me gusta esto y lo demás me horroriza. Yo no veo la música de ese modo, para mí todos los géneros tienen cosas de puta madre y cosas horribles. Como en todos los estilos, encuentro cosas que me molan… siempre que viene un grupo a trabajar conmigo intento llevarlo (siempre dentro de lo que hacen) a la parte más brillante, a la que se le pueda sacar más partido…

Si tiras de las raíces de cualquier estilo de música, es fácil encontrar motivaciones. De hecho, lo único que me puede tirar para atrás, aquello con lo que no me gusta currar (me ha pasado muy poco, algo mínimo), es cuando hay gente a la que lo único que le interesa es petarlo, personas a las que les da igual la música. Ahí la comunicación falla. Cuando cogen peso este tipo de cosas, desconecto, no me interesa en absoluto. No estoy en sintonía con eso. Si lo que quieres es hacer un disco y disfrutarlo y hacer canciones, será divertido y yo te ayudaré en lo que sea… Pero para petarlo hay otra gente… O puedes ir al cajero a sacar dinero y… (risas)

Ya que han salido los géneros… ¿Qué escuchas cuando no estás currando?

La verdad es que escucho bastantes cosas, depende del momento. He tenido épocas en las que escuchaba mucho roots y reggae. También he escuchado mucha electrónica. El reggae lo escucho más en verano, mola más, parece que el contexto está pensado para eso. Pero lo que casi siempre escucho es mucho soul. De cada estilo te podría decir algo que me gusta.

El último concierto en el que has estado.

El último concierto en el que he flipado de verdad ha sido viendo a Low en un teatro en Valencia. Asemejo mucho la música a la comida… si te gusta comer, te gusta probarlo todo, aunque también te comes cosas que no te molan… Hay gente quiere hamburguesas toda su vida, pues ya está, muy bien. Ahí están los grupos de géneros que hacen lo mismo toda la vida y me parece bien. Yo me empacho, prefiero probar cosas diferentes.

“Hay gente quiere hamburguesas toda su vida: ahí están los grupos de género, que hacen lo mismo toda la vida. Pero yo me empacho, prefiero probar cosas diferentes”

 

Y en Sevilla, ¿qué está pasando últimamente? ¿Cómo ves todo lo que surge de la ciudad?

Precisamente, uno de los motivos por los que me quedé en Sevilla fue porque la ciudad me parecía un sitio donde, al menos en los últimos diez años, han surgido bandas muy guays. Quizás, justo ahora, estamos en una especie de cambio generacional, ¿no? Están apareciendo nuevas voces -por fin, porque yo pensaba que no lo iban a hacer, durante años ha parecido que no iba a haber un relevo de chavales más jóvenes-.

Creo que en la actualidad predominan más las ofertas de espacios dedicados a la música que grupos y que, sobre todo, público. Me parece que hay muchísimos sitios en los que se está de puta madre, pero falta público. Esto no es como Madrid, falta gente. Tampoco creo que sea un problema de Sevilla en concreto, está claro que el modelo de salas, con el tema de los festivales, ha muerto un poco. Digamos que hay una falsa percepción de que hay mucho público, pero hay un gran público al que lo único que le interesa es ir a los festivales, vivir la experiencia completa de festival. De hecho, ahora vengo del Granada Sound

¿Cómo ha ido?

Toqué con Viva Suecia… Como en el disco grabé los teclados… Me pasa con muchos grupos, grabo con ellos y toco un poco de rebote.

“Tengo más apego a los espacios, a la casa, y no tanto a las cosas que la rellenan”

 

Y de la cantidad de aparatos que tienes ahí dentro… Quizás el ejemplo más claro de inversión en la música. ¿Tienes cariño a la parte más material?

Eso de invertir me lo planteo yo cada cierto tiempo, si debo o no parar (risas). No tengo mucho apego a las cosas materiales. Tengo más apego a los espacios, le tengo más cariño a la casa que a las cosas que la rellenan. Al final, las cosas son herramientas para hacer música… Todos esos instrumentos se quedan en las canciones, ¿no? Están plasmados en ellas. A los espacios sí que les tengo un cariño especial.

Aunque no tengas apego a lo material, te habrás pegado una vida entera vistiendo el estudio…

Lo que pasa es eso, que como me gusta trabajar con las texturas de las cosas, por ejemplo, en la batería tengo diferentes pinceles (diesel de micro) con los que poder cambiar el trazo… Aunque pintes con el mismo color, el trazo es diferente. Tener variedad te ayuda a adaptarte a diferentes estilos y a no aburrirte.

Igual que le pasa a los músicos, que tienen etapas, en la producción es lo mismo, vas cambiando con el contexto: escuchas cosas nuevas, pruebas, incluso buscas material nuevo. Las producciones de los 80 son muy reconocibles, en los 90 era lo mismo que en los 80 pero sin reverb y en los 2000 todo híper petado… Acabas comprando equipos y ampliando porque buscas nuevos colores o matices. Es un problema, porque nunca terminas… Podía estar como cuarenta años acumulando equipo, es una especie de Diógenes, pero bien vista por la sociedad.

“Gran parte de mis mejores amigos han resultado ser gente que conocí grabando”

 

Tu faceta como músico encima de los escenarios la conjugas con tu curro en La Mina: dos vidas dentro – de la música – muy diferentes entre sí.

Últimamente, en el último año más o menos, estoy tocando más con Niño de Elche, con el que he currado de bajista y he tenido la oportunidad de hacer toda la gira al completo. Si quieres seguir haciendo las dos cosas, no puedes dar la espalda a una de ellas, tiene que existir un equilibrio entre ellas. El rollo del directo, sobre todo si vives en Andalucía, es una putada… porque si vives en Madrid, estás a poco de cualquier sitio. Recuerdo momentos duros en la gira con Pony, de hacer todos los findes dos mil kilómetros, entre salir y volver a casa.

Pero sí, al hilo de tu pregunta, me apetece mucho tocar. Lo de Granada me ha sentado genial.

¿Cómo va la agenda? ¿Quiénes serán tus próximos invitados?

Tengo fechas cerradas hasta marzo o abril del año que viene. Tengo el disco nuevo de Club del Río, Los Nastys, Guadalupe Plata, el disco nuevo de The New Raemon

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