24 julio, 2017. Por

La Loba

Cómo reiniciar el neofolk como último acto de noción del pop
La Loba

Quizá hayan tenido que cruzar más de 10.000 kilómetros y de tantear otros terrenos de la composición y la producción musical para encontrarse con la música de su tierra. Quizás el viaje que el dúo argentino residente en Madrid llamado La Loba emprende es un ida y vuelta, tocando palos que van desde la canción folclórica sudamericana y las melodías pop más universales. Quizás El disco hermoso lo es porque rezuma sinceridad, honestidad y frontalidad confesora: una de las mejores colecciones de canciones folk-pop que hayamos escuchado en territorio estatal en unos meses.

Os ponemos en órbita de lo que es La Loba y a qué suena su cancionero, tan universal como argentófilo, antes de la gira que los llevará el mes de septiembre a subirse a escenarios de Madrid (el miércoles 6 en el Café Berlín, en el que además proyectarán el documental del proceso de grabación del disco), Burgos (el jueves 14 en La casa de las musas), Salamanca (el viernes 22 en Pakipallá) y Miranda de Ebro (el sábado 30 en el Espacio Bocca).

FLECHAZO MUSICAL

No tenía ni veinte años Guadalupe Álvarez cuando se presentó en la primera edición argentina de Operación Triunfo. Quedó entre las seis finalistas y el “premio” fue grabar tres canciones para un álbum en el que su voz se fundía con la de otros compañeros finalistas. Algunas de esas canciones sonaron mucho en series de televisión de máxima audiencia, y en algunas de ellas hasta trabajó como actriz.

Pero aquel pistoletazo de salida solo sería el preámbulo de lo que supondría encontrar su voz, su perfil como compositora y el efecto en el que sería su primer disco cuatro años después. Se tituló Mandarinas, y allí se produjo el flechazo musical entre Guadalupe y Javier Calequi. Una primera producción de pop de autor, con canciones compuestas por ella y arregladas por él y en el que hay tres canciones coescritas por ambos. Otra vez, varias canciones serían utilizadas como cortina musical de programas de la televisión argentina, como Televisión por la identidad y Montecristo.

De alguna manera, aquella primera piedra se haría efectiva cuando Guadalupe y Javier coinciden un año más tarde, en Madrid, donde llegan a vivir motivados por circunstancias diferentes, pero en donde ponen en marcha dos proyectos: uno, Hijos, la empresa que les da de comer, y donde crean composiciones ad hoc para diferentes marcas y campañas publicitarias; y otro, La Loba, cuyo primer esbozo fue La Loba Danza, y del que se extrajo un primer EP de tintes dance titulado On the Kitchen Floor, casi un experimento que, con los años, mutaría en lo que ahora es La Loba, que acaban de publicar un primer álbum largo con composiciones de Javier Calequi interpretadas en santísima comunión armónica por la pareja artística.

LA PUREZA DE VOLVER SIN IRSE

Suele pasar eso de que “las despedidas son esos dolores dulces”, y que los kilómetros que te separan de algo son los que más te acercan a ello. Con este primer disco (hermoso) de La Loba sucede algo así: su sonido conecta directamente con el folk-pop de autor de los años ’70 y ’80 de aquella Argentina tanto previa como posterior a la dictadura, aquella de voces como las de León Gieco, La Máquina de Hacer Pájaros, Pastoral, Víctor Heredia, Alma y Vida o la trova rosarina que lideró Juan Carlos Baglietto; o incluso esa adherencia rioplatense que clamaba aquel experimental Mateo solo bien se lame del uruguayo Eduardo Mateo. Una manera de estirar el brazo y viajar a sus orígenes sin dejar de volver e irse, casi en círculos, basculando.

El disco hermoso lo es no solo porque se titule así, sino porque a pesar de ese mensaje algo naif y ñoño que portan esas tres palabras, responde perfectamente a la fisionomía sonora de un cancionero leve, grabado en primeras tomas en directo, sin grandes estridencias ni rítmicas y percusivas, que huele a madera y a música de aires sinfónicos, y que más que encontrar texturas y matices de referencias musicales lo que encuentra son referencias emocionales: las canciones te abrazan, se acercan con sigilo, se mueven sinuosas, tirando de armonías orgánicas, indiscutiblemente bellas.

Hay algo (y lo confiesan) de bluegrass, y de tratamiento armónico de grupos como Dirty Projectors o Bon Iver (aunque en una primera escucha sea difícil encontrar, ahí está); pero el cancionero de El disco hermoso erige al dúo argentino residente en España de una emoción imponente, de una arquitectura repleta de detalles, de ultraexpresionismo folky, de canción de fogón, de pop descalzado.

EL ÚLTIMO MOVIMIENTO NEOFOLK SUENA A POP

La Loba quizá sea uno de los últimos eslabones de algo que lleva unos años sucediendo, tanto en el cono sur americano como en nuestro país: el tratamiento de sonoridades folclóricas desde una perspectiva pop. Por citar algunos ejemplos cercanos tenemos los de los españoles Xoel López o Depedro, pero también el del uruguayo residente en Madrid Jorge Drexler o proyectos argentinos como los de Loli Molina, Perota Chingó, Gabo Ferro o Flopa Lestani, entre otros.

Y es que es inevitable que, por mucho grano folk (tanto latinoamericano como incluso ese folk-bluegrass de la América de más arriba), la genética cancionista de La Loba conecte con las melodías pop, accesibles, pegadizas, de unas armonías vocales redondas. Eso se ve en, sobre todo, temas como Voy y voy, Sonrisas del desierto, Bailemos o Llueve con sol, canciones pop abrigadas por una arquitectura folky.

Sin embargo, posiblemente sea ese Viento patagónico, esa Princesa que cantan junto a Jorge Drexler, ese cuasi malambo-pop que es Antonia, una La Milagrosa que huele a La Pampa y charango, esa suerte de vis sinfónica que desarrollan en Ruego, ese Vals rioplatense o ese after-tango que imponen en Aquí es donde encuentran sus marcas de agua más singulares: la de una dupla que aprovecha sus sinergias para ponerlas al servicio de un cancionero que dialoga entre las bases originales y más puras de la canción de autor leve pero inmensa del folk rioplatense de los ’70 y ’80 pero también sus evidentes conexiones con la canción pop contemporánea.

Cuando el sol os vuelva a ver, ni el aullido de La Loba ni su tiempo de revolotear habrán pasado. Que así sea.

La Loba