28 septiembre, 2017. Por

La Llamada

El cielo no se toma por asalto: se toma perreando
La Llamada

Hay quienes intentan tomar el cielo por asalto y quienes intentan tomarlo perreando y cantando canciones de electro-latino. Afortunadamente, Los Javis (o el tándem y pareja artística y sentimental conformado por Javier Ambrossi y Javier Calvo) y sus secuaces (Macarena García, Anna Castillo, Belén Cuesta y Gracia Olayo) han demostrado que la vía para conquistar los cielos y atraer a Dios da mejores resultados en el segundo caso que en el primero.

Perrear es el nuevo rezar, y el indudable éxito de La Llamada en teatros (llevan más de cuatro años en la cartelera del Teatro Lara, incluso habiendo cambiado al menos tres veces de reparto) ha demostrado que el montaje, entre la superficie de lo frívolo y hedonista del teatro musical, ha conseguido articular un discurso repleto de mensajes liberadores y sanadores a través de la música y el cree-como-quieras.

Y es que a pesar del escepticismo que se podía tener con la traslación del teatro al cine de una obra cuyo formato revolucionó el teatro musical estatal, esta adaptación no sólo no pierde el espíritu de la obra que llevamos cuatro años viendo sobre las tablas, sino que la redimensiona a un formato para el que parece haber nacido. Quizá fuese precisamente eso el éxito de La Llamada sobre las tablas: presentar una obra de teatro repleta de tics y giros propios del cine o la televisión, pero en formato teatro músical.

De ahí que no duela ver una adaptación que tira de su reparto más ilustre (con permiso del primer reparto, aquel que arrancó representándose en el Hall del Lara, ¿recordáis?, con Llum Barrera -que hace un breve cameo en el film- y Andrea Ros en lugar de Gracia Olayo y Anna Castillo, al fin y al cabo el reparto más icónico, que volvemos a ver ahora en pantalla), en el que nuevamente sobresalen cuatro perfiles con tantos puntos en común como distancia.

Desde la inocente y buenaza Sor Milagros (una Belén Cuesta que despega los llantos más profundos pero también las partes más cómicas y auténticas) a la explosiva Susana Romero (una Anna Castillo que sigue su particular idilio con la perfección interpretativa: repetimos que TENÉIS QUE VERLA en La Pilarcita), la Madre Bernarda (una Gracia Olayo con tanto desparpajo costumbrista como rectitud neotradicionalista) o María Casado (todopoderosa protagonista en carne de Macarena García, aunque sin embargo el personaje más surrealista pero que menos brilla en su vis dramática y cómica).

La película nuevamente abre tantos debates como posibilidades hay de sentirse libre: de ahí que el himno oficial de la película sea el (y con permiso de la canción oficial que compuso Leiva para la película) Lo hacemos y ya vemos, un electro-latino que bebe de Henry Méndez y Juan Magán que sirve como médium para comunicar el espíritu discursivo del film: una carretera acelerada para poner en práctica la libertación de bloqueos y tabúes para amar desde a Dios, a una monja, a un macarra o a un póster de Juan Pablo II.

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