12 enero, 2017. Por

La La Land

El DO de pecho de Ryan Gosling, Emma Stone y viceversa
La La Land

Después de arrasar en los Globos de Oro el pasado domingo, ser la favorita para los BAFTA británicos y los Oscar, La La Land se ha consagrado como la revelación cinematográfica del recién estrenado año. En Notodo ya hemos podido verla y te advertimos que los argumentos que han enternecido a la crítica internacional serán los mismos por los tú también caerás rendido ante sus encantos.

Al principio, cualquier escéptico, cinéfilo de manual o simplemente hater que se precie se habría echado las manos a la cabeza con toda la parafernalia montada desde Hollywood y las consecuentes distribuidoras para acaparar la atención mundial de nuestras hastiadas mentes y cuerpos a principios de enero: que si es el musical definitivo para la gente que odia los musicales, que si traspasa géneros y edades, que si es la comedia que ha conseguido reunir de nuevo el combo GoslingStone y hasta superar la mítica escena Crazy Stupid Love

Ya está bien. Nosotros, reticentes también (aunque atraídos por esos dos maravillosos trailers donde Ryan Gosling por fin se prodiga cantando) fuimos a ver si todo ese brillo en torno al nuevo largometraje de Damien Chazelle está justificado y si merece también llevarse vuestros cuartos para que vayáis a verla a una sala. La respuesta es sí, así que para justificar esto último y siguiendo unos principios clave os contamos por qué la última producción del director de Whiplash hará que guardéis el móvil y, lo más importante: os olvidéis de todo durante dos horas ininterrumpidas.

1. Romance, comedia, algo de drama y música, mucha música
Los ingredientes perfectos para que suba la masa, pero todo en su justa medida; un ligero repaso por los 70 y los 80 acompañado de un montón de jazz y algo de swing como guarnición. La banda sonora, a cargo de Justin Hurwitz, ya ha sido premiada en los pasados Globos de Oro en categoría de Mejor compositor y Canción original.

2. Lo del jazz no es casualidad

Apostamos que a si Ryan Gosling hubiera sido fan del rap la peli no tendría ni la mitad de gracia. Tampoco podrían haberla situado en medio de ese universo prácticamente único en Los Ángeles donde toda una escena de clubs y open mic bars conviven al lado de algún horrendo mall y una inmensa autopista. Por eso, y a pesar de las situaciones cotidianas que aparecen, el filme no esconde su intención de preservar el glamour de los 50 y 60 casi intacto y a la orden del día como uno de los argumentos centrales.

  1. El elemento vintage

No solo está presente no solo en las americanas de tweed y las flamantes Ray-ban que un (algo más mundano que en otras ocasiones) Gosling luce durante toda la acción y que le sitúan a medio camino entre un James Dean taciturno (ojo al guiño a Rebelde sin causa), sino que además la época dorada de los estudios parece conservase si cabe mejor que antaño.

Con un magnetismo digno de una estrella oldie, Emma Stone también saca su lado más 50s desde el minuto uno de metraje y pese a todos los acontecimientos que le suceden – algo que, en cierto modo, ata más de cerca al espectador con su personaje.

  1. Máster en esteticismo

Si bien el estilismo también destaca por su sencillez (para qué quitar protagonismo a una historia cuando de por sí la hay), no falta una buena edición y fotografía en el filme, que en ocasiones recuerda en estilo y forma a Midnight in Paris. Al fin y al cabo, Stone es una de las ultimísimas musas de Woody Allen (sale también en Irrational Man y Magia a la luz de la luna), aunque la cinta de Chazelle afortunadamente deje mucho menos que desear.

  1. Mi nombre es Gosling, Ryan Gosling

Aunque ya hemos tratado los formalismos, Gosling merecía su propio punto (y aparte) en este repaso. No iban desencaminados los rumores que decían que esta actuación era otra maravilla (que tiemblen las miradas, el look y la música de Drive) en la lista de los hitos interpretativos del actor estadounidense.

Por otro lado, La La Land no es comparable a otras cintas de Nicolas Winding Refn (Solo Dios Perdona, además de Drive) o a otras más amables con el actor como The Place Beyond The Pines o Blue Valentine (donde su personaje también muestra su lado más melómano, ukelele en mano en ese momento), pero sí que las supera en emoción y seguramente aceptación popular: aquí interpreta a un pianista de forma tan magistral que cuesta distinguir cuándo deja de ser él y cuándo es el pianista profesional el que salta a la pantalla.

  1. Un director casi novel en estado de gracia

Técnicas de producción aparte, pensamos que el hecho de que Chazelle sea un director casi novel también suma puntos a la hora de vender y valorar la película. Hace un par de años que el también guionista y productor franco-estadounidense ya se encumbró gracias a la crítica indie con Whiplash (película por la que subió nada menos que tres veces a recoger una estatuilla en el Kodak Theatre), a pesar de que su debut se lo brindó la aún indie Guy and Madeline on a Park Bench. Ahora, con 31, ha sido el más joven en recoger el Globo de Oro a Mejor Director.

  1. Los números no mienten

No en vano la última edición de los Globos de Oro simulaba en su comienzo el número musical que abre La La Land. Hasta la fecha, la película que nos ocupa ahora ha recibido premios del Festival de Venecia, la Asociación de Periodistas Extranjeros de Hollywood y nada menos que siete Globos el pasado domingo noche en el acontecimiento que muchos consideran la antesala definitiva al Oscar o, en cualquier caso, la preparación más mediática para crítica y público.

Lo que está claro es que con o sin la aprobación de la Academia, esta historia sobre la Ciudad de las Estrellas nos ha conquistado con fundamento y juego limpio. No solo el casting es acertado casi en su totalidad (¡hola John Legend!) en la realidad y en la ficción (el personaje de Emma Stone es actriz y ni la más mediocre de sus actuaciones en la película hubiera conseguido no llamar la atención de cualquier cazatalentos o productor en ciernes), sino que además el guión es efectivo, divertido y tiene la suficiente densidad como para entretener sin empañar las escenas musicales que (eso sí) no llegan a empatizar con el espectador en todo momento.

No obstante, lo sorprendente de todo es el detalle y el sentimiento que desprende una historia tan actual con un trasfondo algo romántico por la época y la ilusión perdida, sin caer en el melodrama ni en la edulcoración extrema. Y esto, ya de por sí, es algo de agradecer.

Veredicto final: No caeremos en dar notas pero sería algo así como un aprobado general con distinción en ciernes porque, lo dicho: hay música, hay texto pero, sobre todo, mucho sentimiento. Una bonita historia bien interpretada y contada de forma más o menos original que, desde luego y salvando las expectaciones de Hollywood, sorprende a más de un nivel en la época de cinismo y desencanto que se empeñan por contarnos a diario.

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