2 julio, 2018. Por

La familia no

Cómo dar con la pureza de las emociones transitando el absurdo, el dolor, el humor negro y la risa extrema
La familia no

“¿Vamos a estar siempre juntos?”

Cuatro hermanos juegan en un coche mientras sus padres se encuentran ausentes. El tiempo parece infinito, en una sucesión con atmósfera casi cuántica de escenas que se fragmentan y se recomponen sin fin y sin orden aparente. Instantes fugaces recreados por la imaginación infantil. Recuerdos y fantasías: desde cómo se reían de la heladera en sus tiempos de vacaciones en la costa hasta un viaje a través de las nubes en vehículo volador. Esto es La familia no, el último montaje de Gon Ramos (Yogur Piano, Un cuerpo en algún lugar) que se estrenó en Surge Madrid y ahora puede verse en el Teatro Fernán Gómez.

Gon Ramos se lanza sin red a la exploración de los vínculos fraternales desde la ternura, la melancolía, la risa y la poesía. La familia no no tiene una historia como tal. O contiene muchas. La sensación que transmite es la de habitar en un no espacio y no tiempo (como el fondo del mar) donde corrientes llevan y traen las imágenes de estos hermanos. Mejor no preguntarse demasiado, mejor sumergirse en este océano sin pensar y de cabeza.

Gon Ramos se lanza sin red a la exploración de los vínculos fraternales desde la ternura, la melancolía, la risa y la poesía. La sensación que transmite es la de habitar en un no espacio y no tiempo donde corrientes llevan y traen las imágenes de estos hermanos”

Ramos tiene una sensibilidad muy especial e inherente, parece, para conseguir transitar hábilmente a través de las emociones. De una manera que se podría denominar pura. Muy limpia. Pero sin dejar de lado el dolor, el humor negro, el absurdo más exagerado o la melancolía. Sus espectáculos tienen la capacidad de conectar de la manera más profunda con quienes comulguen con la propuesta y su manera de narrar (si no, evidentemente, nada de nada, claro está).

En este caso en particular de La familia no, el poder disfrutar de unos momentos casi mágicos entre estos cuatro hermanos resulta fascinante. Se huele la frescura y la improvisación que, conjugadas con unos monólogos de tintes poéticos que rompen con lo anterior, crean una propuesta de aura especial. En la cual uno está viendo desde el primer momento, sin lugar a dudas, no a cuatro actores sino a cuatro chiquillos juguetones. Además la conexión entre los cuatro intérpretes resulta, sencillamente, impagable.

Emilio Gómez resulta enternecedor en su contraste, tan grande que es y haciendo de niño de seis años. Fabia Castro navega a través de la melancolía y la risa, y protagonizando además uno de los momentos más desgarradores de la función. Jacinto Bobo es una explosión de energía y simpatía sin límites (y sus momentos tangueros son impases maravillosos). Y Eva Llorach (que sustituye a Mona Martínez) es una delicia: su capacidad para la comedia y su gestualidad parecen ilimitadas (ese comienzo, juego salvaje y surrealista, en el que todos hablan una especie de chino inventado, es una absoluta genialada en su simplicidad) y, además, transmite una ternura infantil delicada que, de forma natural, consigue emocionar continuamente.

Y es que lo mejor de funciones así (también hay que decir que a la que asistimos la energía entre público y escena fluía que daba gusto, habría que ver otras con públicos más duros) es que uno pasa casi continuamente de la risa desatada (mucho humor absurdo hay aquí) a la emoción de forma fluida y hermosa.

“Lo mejor de funciones así es que uno pasa casi continuamente de la risa desatada (mucho humor absurdo hay aquí) a la emoción de forma fluida y hermosa”

Una puesta en escena original, además, con estupenda escenografía compuesta por un coche giratorio partido por la mitad en escena, y un diseño de iluminación muy sugerente, hacen de este viaje a los lazos fraternales más atractivo aún si cabe. Así que si disfrutáis con propuestas evocadoras, donde dejaros llevar por la fantasía y los recuerdos (infantiles o no), no dudéis en acercaros. Porque lo mismo si tardáis mucho os vais a arrepentir, porque hay cosas que no vuelven.

“Sabes qué pasa, Tiempo, que pasan horas, días, meses y años. Y cada vez estamos más lejos. ¿No te das cuenta? ¿Sabes que ya no vamos a ir a la playa? ¿A que no lo sabías? Pues te lo digo yo: no lo vamos a hacer”

La familia no