13 noviembre, 2017. Por

La escena número 12

Tres personajes, una sala vacía y lo que sucede allí después del ensayo
La escena número 12

Un director de teatro consagrado que se desliza por la pendiente de la rutina. Su joven y entregado ayudante de dirección. Y una actriz que se enfrenta por primera vez a un gran escenario. Tres personajes para una obra de las de teatro dentro del teatro (ese género en sí mismo), pero que no por tratar un tema recurrente deja de ser menos sugerente. Y a cuyas representaciones se puede acudir en Nave 73.

La escena número 12, escrita y dirigida por José Gómez-Friha, se trata, tal vez, de uno de los mejores textos estrenados este año (en el off, en el on, y en todos los modos). La acción, ubicada en una sala de ensayo, presenta una situación muy simple: un ayudante de dirección pretende recobrar la pasión que ha perdido un director afamado, y lo plasma en la escena gracias a una repentina propuesta de la actriz de esa misma obra que están preparando.

Como en muchas ocasiones, en lo sencillo está la clave. El texto de Gómez-Friha sabe diseccionar a la perfección los entresijos del hecho teatral, sin prepotencias ni adornos de más, construyendo una ficción casi real, muy inteligente y que engancha al espectador; tanto que por momentos uno siente estar ante un thriller. Y con unos personajes perfectamente construidos y puestos en pie de manera impecable. Gómez-Friha se nota que sabe de lo que habla y sabe transmitirlo.

«En lo sencillo está la clave. El texto de Gómez-Friha sabe diseccionar a la perfección los entresijos del hecho teatral, sin prepotencias ni adornos de más, construyendo una ficción casi real, muy inteligente y que engancha al espectador; tanto que por momentos uno siente estar ante un thriller«

 

La puesta en escena, sin un solo cambio de iluminación en toda la función (y sólo con una canción que ponen los mismos personajes desde su Mac de trabajo) posee un ritmo perfecto que absorbe al espectador desde el minuto uno. Gómez-Friha decide otorgar absoluto protagonismo al espléndido texto y a los tres actores (él incluido) que ejecutan esta danza teatral sin un traspié. Eleazar Ortiz resulta acertadísimo como el director y hace híper creíble la relación que mantiene con su ayudante (el propio Gómez-Friha, intérprete a la altura de su creación).

Pero si no hay una sola pega para los dos intérpretes masculinos, para Marta Matute, menos. La actriz, a quien ya pudimos ver en esa auténtica maravilla que es Yogur Piano, aquí enamora con un papel (un auténtico regalo) que ella exprime al máximo, con cada gesto y cada mirada, hipnotizando cuando hace acto de presencia en escena. Maravillosa.


Hace muy poco pudimos ver la puesta en escena de Después del ensayo, basada en el texto de Ingmar Bergman. En La escena número 12 se pueden escuchar ecos más que reconocibles de este texto: tres personajes (incluyendo un director de teatro ya consolidado y algo cansado y una actriz que aparece sin ser llamada), una sala vacía y lo que sucede en ella «después del ensayo», el fantasma de una mujer del pasado… Pero no resulta molesto en absoluto, sino que este homenaje al mundo del teatro creado por Gómez-Friha resulta bastante más satisfactorio que ese otro viaje de Bergman (si no en cuanto al texto, que puede llegar a parecer sacrilegio, desde luego en cuanto a la puesta en escena en particular que vimos protagonizada por Emilio Gutiérrez Caba y que no nos llegó a emocionar).

Y es que La escena número 12 se erige como una sólida función, de méritos más que sobrados por sí misma, que apasionará a las gentes de teatro (porque pasión por el teatro no falta en la propuesta, casi se puede mascar) pero también a un público más amplio. Una función redonda. Muy buen trabajo. Gran trabajo.

La escena número 12