18 abril, 2018. Por

La delgada línea amarilla

Solo una estrecha línea separa la vida de la muerte
La delgada línea amarilla

Cinco pasos pintando. Ocho pasos sin pintar. Cinco pasos pintando, con una máquina, una línea amarilla en la carretera. Ocho pasos sin pintarla. Y, así, reiteradamente, durante ni más ni menos que 217 kilómetros en 15 días y el sol atizando sin más tregua que la noche. Pintar la línea central de la carretera que une los pueblecitos mexicanos San Jacinto y San Carlos es el trabajo que tienen que realizar los cinco protagonistas de la ópera prima de Celso García, coproducida por el mismísimo Guillermo del Toro.

Esta road movie mexicana nos trae a cinco extraordinarios actores, que ya han coincidido en otros largometrajes. Capitaneados por Toño (interpretado por Damián Alcázar, una de las caras visibles de la última temporada de Narcos), quien acaba de ser despedido de su puesto de velador en un desguace, y tras varios intentos de encontrar algún trabajo, decide aceptar ser el encargado de la obra. Junto a él, Atayde (Silverio Palacios), Gabriel (Joaquín Cosío), Mario (Gustavo Sánchez Parra) y Pablo (Américo Hollander) se embarcarán en la aventura y el reto de conseguir realizar a tiempo este duro trabajo.

«El director se estrena en el cine sin más pretensiones que mostrar la dureza del trabajo obrero y la situación laboral en México, por un lado, y la relación entre estos cinco hombres, por otro»

En un lugar desértico en el que son característicos los cactus y las víboras, vamos conociendo poco a poco a los personajes de esta historia. Atayde, un extrabajador de circo; Mario, que ha estado en la cárcel; Gabriel, un exconductor de tráilers; Toño, atormentado por sus relaciones familiares, y, por último, Pablo, un adolescente, que demostrará ser el más solidario y empático, y el que más enseñará al resto. A medida que avanza su relación, todos ellos irán abriéndose al resto, encontrándose con sus pasados, con sus miserias y con lo que dentro les araña, una mirada introspectiva que les irá creando lazos de amistad.

A pesar de la dificultad que supone llevar a la gran pantalla el simple hecho de pintar una carretera, Celso García resuelve a la perfección el cometido. El director se estrena en el cine sin más pretensiones que mostrar la dureza del trabajo obrero y la situación laboral en México, por un lado, y la relación entre estos cinco hombres, por otro.

Los protagonistas tienen que tomar piedras para salivar ante las altas temperaturas y ante una carretera que rezuma calor, y duermen a la intemperie. Presenciamos la dureza de un tipo de trabajo que plantea un tema esencial al que no se suele dar importancia porque la deshumanización se ha convertido en un rasgo del mercado laboral: los accidentes laborales. La precariedad traducida en siniestralidad. Solo en España, por ejemplo, más de diez trabajadores mueren cada semana por accidente laboral.

«Presenciamos la dureza de un tipo de trabajo que plantea un tema esencial al que no se suele dar importancia porque la deshumanización se ha convertido en un rasgo del mercado laboral: los accidentes laborales»

Y, por otro lado, el éxito de este film radica en mostrar desde la humildad la sinergia y relación que estos hombres van estrechando. La conexión entre los cinco encandila. Se trata de un emotivo retrato de compañerismo y, más allá del sufrimiento del trabajo, también les vemos divertirse.

Las catorce nominaciones a los premios Ariel (los premios más importantes del cine mexicano) y el Premio Especial del Jurado al Mejor guion en el Festival de Gijón de 2015 reflejan el buen resultado de la cinta, que solo se tambalea en la fugaz relación de amor del joven Pablo con una chica, ya que no era necesario introducirlo.

Aunque la historia desembocará en drama y tristeza, esto se transformará en enseñanza. En la enseñanza de disfrutar de la vida y de la gente que queremos porque solo una estrecha línea separa la vida de la muerte.

La delgada línea amarilla