8 febrero, 2018. Por

Kill Bill

Por qué, ahora más que nunca, sigue siendo una película feminista y empoderante
Kill Bill

Si uno entra en mi dormitorio una de las cosas que más le llamará la atención es el póster de Uma Thurman ataviada como The Bride, Beatrix Kiddo, sosteniendo la katana de Hattori Hanzo con mirada desafiante que corona una de las esquinas de mi cama. Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me las guardan, que decían nuestras abuelas. El pasado sábado, antes de echarme a dormir, con la lectura de la extensa entrevista que Maureen Dowd realizó a Uma Thurman para el New York Times todavía fresca, le eché una ojeada a mi adorado póster, preguntándome si seguía queriendo tenerlo ahí. Unos días después he decidido que el cartel se queda y que mi defensa de Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003-2004), es más enérgica que nunca.

Uma Thurman, Quentin Tarantino y Harvey Weinstein

El foco de la actualidad llevaba sobre Uma Thurman meses, desde que a primeros de noviembre un vídeo en el que la actriz apenas podía contener las lágrimas cuando un periodista le preguntó por las (entonces recientes) revelaciones acerca de Harvey Weinstein se hiciera viral. El depredador sexual ha estado largamente asociado con la carrera de Quentin Tarantino, especialmente a Pulp Fiction (1994) y a las dos entregas de Kill Bill, cintas determinantes también para la carrera de Uma Thurman.

No hay que ser ningún hacha para darse cuenta de que, a pesar del éxito internacional de Kill Bill, las carreras de sus dos protagonistas femeninas, Uma Thurman y Daryl Hannah, parecieron estancarse de manera inexplicable tras ella. Unas semanas después de aquél episodio, la actriz se regocijaba en la lenta caída del ex-propietario de Miramax. “No te mereces una bala”, le dedicaba en una publicación de Instagram que contenía una captura de una de las escenas más emblemáticas de Kill Bill.

“Me alegro de que esté siendo lento, no te mereces una bala” escribía Uma Thurman sobre Harvey Weinstein el pasado Acción de Gracias.

Uma Thurman rompió su silencio la semana pasada en una larguísima entrevista en la revelaba que, a pesar de haber forjado lo que parecía una sana amistad con ella, Harvey Weinstein la atacó en dos ocasiones. A estas alturas, esto ya no sorprendió a casi nadie, aunque Weinstein lo niega y ha anunciado una demanda. Pero ha sido más inesperado descubrir que el rodaje de Kill Bill acabó convirtiéndose en un infierno de negligencias y abusos para Thurman. Todo da un asco que te mueres y solo se puede agradecer a todas las mujeres que están dando la cara estos meses para poner fin al abuso sistemático que se ejerce contrala mitad de la población, dentro y fuera del cine.

Lo que más llama la atención de sus declaraciones es la descripción (con vídeo incluído) de un accidente que sufrió en el coche que The Bride conduce en el arranque de Kill Bill Vol. 2.  Accidente que, a la luz de toda la información ofrecida, puso a la actriz en peligro, le causó lesiones permanentes (con las que tuvo que acabar el rodaje) y, sobre todo, fue una temeridad causada por la cabezonería de Quentin Tarantino. También relata la actriz que fue el propio Tarantino el que ejecutó personalmente algunos de los momentos más sádicos de Kill Bill, “delicadeza” que también tuvo con Diane Kruger durante el rodaje de Malditos Bastardos (2009). Se entiende que todo esto ha aniquilado cualquier tándem creativo que compartieran el director y la actriz antes de Kill Bill y explica, en parte, que una tercera entrega de la película nunca haya sido posible.

El rodaje de Kill Bill acabó convirtiéndose en un infierno de negligencias y abusos para Uma Thurman.

En los últimos días Thurman ha defendido a Tarantino, indicando que no le considera culpable del accidente y que fue él mismo quién le cedió las imágenes de éste, a sabiendas de que se harían públicas. Casi al mismo tiempo se han recuperado unas declaraciones que el director realizó allá por 2003 en las que manifiesta unas opiniones bastante insensibles (e incomprensibles) acerca de lo que es y lo que no es mantener sexo con una menor ebria. Esperemos que en los últimos 15 años el aclamado director haya conseguido leer algo más que la autobiografía de Roman Polanski y que haya aprendido, así, algo sobre la palabra “consentimiento”. Porque lo cierto es que el audio dice muy poco a favor de su catadura moral como ser humano. Actualización: ha pedido disculpas.

¿Qué te quentin, Tarantino?

El legado feminista de Kill Bill

Todas estas revelaciones le llevan a uno a plantearse si la película que lleva 15 años idolatrando como icono de fortaleza y empoderamiento femenino puede seguir considerándose como tal. Kill Bill recogía, en dos partes, la sangrienta venganza de The Bride, una asesina especialista en artes marciales que se despierta tras varios años de un coma coma producto de una paliza propinada por el escuadrón de mercenarios con el que trabajaba.

Uma Thurman en Kill Bill Vol. 2

Personalmente una de las cosas que me fascinan de Kill Bill es el elevado número de aspectos e interpretaciones que se pueden disfrutar de ella. El espectador puede verla como una cinta de acción trepidante y artes marciales, plagada de guiños al grindhouse y homenajes a los clásicos del cine hongkonés. La primera de las dos películas es especialmente sobresaliente en este sentido. También puede quedarse en su extraordinaria selección musical, marca de la filmografía de Tarantino. Está el mero gusto estético por la mimadísima fotografía del Vol. 2. O puede deleitarse en la heroica historia de superación de una mujer que, tras ser torturada por un exnovio maltratador y manipulador, se niega a asumir el papel de víctima. De la forma más violenta y sangrienta posible.

Kill Bill puede verse como la heroica historia de superación de una mujer que, tras ser torturada por un exnovio maltratador y manipulador, se niega a asumir el papel de víctima

The Bride, cuyo nombre (Beatrix Kiddo) no se desvelaba hasta bien entrada la segunda película, ha sufrido todo tipo de abusos. Desde una relación de dudoso carácter con su maestro y jefe, Bill (David Carradine); hasta las violaciones sistemáticas perpetradas por uno de los enfermeros de la clínica en la que permanece en coma. Pasando por el ataque de celos en el que Bill asesina a su nuevo novio y amigos, así como la paliza que le propinan él y sus antiguas compañeras de trabajo; o el robo de su hija nonata. Y todo esto, antes de comenzar su venganza.

Superación. En cada paso del camino

Todo esto está presentado, en mayor o menor medida, desde el humor; pero con una crudeza gráfica brutal, ahorrando bien pocos detalles al espectador. El objetivo es que éste comprenda en todo su brillante esplendor la magnitud la venganza que persigue Kiddo. Enfundada en un traje de motorista amarillo que homenajeaba al atuendo que lucía Bruce Lee en The Game Of Death (Bruce Lee, 1972) y apoderándose de un clásico símbolo de masculinidad, una espada, Uma Thurman y su doble para las escenas de acción, Zoë Bell, daban vida a una especie de ángel de la muerte que no se detenía ante absolutamente nada.

El inquebrantable espíritu de Beatrix Kiddo es una fuente inagotable de inspiración para quien necesite sobreponerse al abuso

Kill Bill no es una película para todas las audiencias, pero el inquebrantable espíritu de Beatrix Kiddo es una fuente inagotable de inspiración para quien necesite sobreponerse al abuso. En un 2003 en el que los personajes femeninos poderosos y centrales empezaban a encontrar su sitio en la cultura pop, The Bride se convirtió en un auténtico icono de fortaleza física, feminidad, nobleza, sensibilidad e, incluso, maternidad feroz. Los revisionados de Kill Bill no hacen más que poner de manifiesto lo abusiva que era la relación entre Bill y Beatrix, lo identificables y lo comunes que eran los chantajes, los trucos y los ataques de rabia que descargaba sobre ella. Kill Bill no es más que la historia de una mujer maltratada que tiene la buena fortuna de contar con la fuerza física y el entrenamiento necesarios para defenderse.

La capacidad para defenderse como medio por el que renunciar al estatus de víctima

El mérito no es solo de Tarantino

Por eso choca descubrir que el rodaje de tan icónica cinta estuviera comandado por un varón que se dedicó a manipular, maltratar y, en última instancia, poner en grave riesgo a la actriz que daba vida a su protagonista. Descoloca que Quentin Tarantino, quien ha sido capaz de crear un buen puñado de personajes femeninos fuertes e independientes a lo largo de su filmografía, tenga una opinión tan poco saludable de las mujeres.

A pesar de su carisma, Bill era el prototipo del novio manipulador y un sádico

Por ello no debemos olvidar que ya en 2003 Uma Thurman y Quentin Tarantino compartieron la autoría de la creación del personaje de The Bride. Según Thurman, ambos desarrollaron la idea mientras trabajaban en el rodaje de Pulp Fiction. Ahora, 15 años después, parece obvio que gran parte de la voluntad de hierro del personaje, de su magnetismo y poder inspirador, fueron responsabilidad de Uma Thurman. Sobre el papel, Beatrix Kiddo no es mucho más que una máquina de matar. Su trasfondo empoderante y feminista tiene mucho que ver con quién y cómo le dio vida.

Ya en 2003 Uma Thurman y Quentin Tarantino compartieron la autoría de la creación del personaje de The Bride.

Aún hoy ver Kill Bill es un ejercicio catártico, una especie de explosión de feminidad sanguinolenta y arrolladora. Entre los espadazos y la violencia también hay un mensaje de supervivencia, de amor por la vida. Por no decir que es una de las películas que más y mejor pueden motivarla a una para comprarse un kimono y apuntarse a clases de kung-fu en el doyo más cercano (hablo de primera mano). Es fácil extraer fuerzas del agónico viaje de The Bride por los aspectos más brutales de la venganza.

Hay amor a la vida y esperanza en medio de toda la violencia que desata The Bride

A Quentin Tarantino se le puede achacar la impecable factura de la cinta y la riqueza de sus guiños y referencias. En ese aspecto, es Kill Bill es una película más en la filmografía del estadounidense. Uno diría que, probablemente, no la mejor. Si hablamos de la durabilidad de su historia y su pervivencia como icono, Kill Bill no se queda tan lejos de Pulp Fiction. Y si nos fijamos en el poder inspirador de su protagonista, en la eficacia con la que Beatrix Kiddo se ha convertido en parte del imaginario feminista como un ejemplo de mujer capaz de superar y vengar los abusos que ha sufrido, Kill Bill se destapa como una de sus películas más influyentes. Y quien le confirió esta identidad fue Uma Thurman. No lo olviden.

Usen gifs de Kill Bill en su día a día. Todo irá mejor

Kill Bill