13 noviembre, 2017. Por

Kate Bolick

‘Solterona’: una vida plena sin príncipes azules
Kate Bolick

A la pregunta de cuántas mujeres solteras a partir de los treinta han tenido que escuchar con resignación, más de una, dos, tres y diez veces, a personas prácticamente desconocidas preguntarles –a veces con verdadera incomprensión— los motivos por los que han decidido no casarse o no lo han hecho todavía, la respuesta es: muchas, si no todas ellas. La escritora y periodista estadounidense Kate Bolick forma parte de ese grupo de mujeres a las que antes la sociedad condenaba como brujas y que ahora etiqueta como solteronas. Mujeres que, por voluntad propia, han decidido no comulgar con el statu quo y vivir una vida propia. De la construcción de una vida plena sin pareja y de los pasos a seguir para desestigmatizar la soltería femenina es sobre lo que escribe en su libro Spinster, traducido por la editorial Malpaso a Solterona.

A partir de su propia experiencia, con muchos referencias personales como la muerte de su madre, quien sirvió a la autora como primera fuente de inspiración, Kate Bolick hilvana un ensayo en el que entremezcla la construcción de su vida como mujer independiente y soltera con la de sus cinco “despertadoras”, otras mujeres escritoras que vivieron en EEUU el siglo pasado y para las que también su soltería fue determinante en forjar sus personalidades, carreras y en general, sus vidas.

En esta entrevista hablamos con la autora sobre algunos de los temas que se tratan en el libro como los pasos a seguir para acabar con el estigma asociado a la mujer soltera, la relación entre soltería y desarrollo creativo y personal, el sentido del matrimonio hoy en día, o el panorama actual de citas y nuevas formas de relacionarse entre otras interesantes cuestiones.

“Para acabar con el estigma necesitamos que los medios reflejen a mujeres solteras viviendo vidas enriquecedoras y significativas”

¿Estar soltera es también un estado mental, una forma de ser? ¿Se puede una persona sentir soltera estando en una relación?

Yo creo que sí, es gracioso porque me crucé  con esta idea antes de escribir el libro y en ese momento no estaba de acuerdo. Pensé que si estás en una pareja estás en una pareja, ya no estás soltero. Ahora, tras haber reflexionado en profundidad sobre sobre el tema, creo que es absolutamente cierto, pero es algo por lo que debes esforzarte para que ocurra.

¿Cuál es el cambio principal que la mujer individualmente y la sociedad en general deben hacer para que desestigmatizar la soltería de la mujer a partir de los treinta años?

Hay una parte de trabajo que es individual, donde la mujer debe rechazar el estigma, que por supuesto es difícil pero es parte de ello. La conversación pública en torno a la soltería tiene que expandirse, algo que ya está sucediendo y es emocionante. Tradicionalmente solo hemos visto a mujeres solteras representadas de forma estereotipada, la escritura sobre mujeres siempre se ha centrado en las relaciones sentimentales, en encontrar al hombre perfecto; que haya mujeres solteras hablando sobre otros aspectos de sus vidas es muy importante. También necesitamos que la televisión, el cine e incluso la publicidad, muestren a mujeres solteras que están viviendo vidas enriquecedoras y significativas y que no están a la búsqueda de un alma gemela. Necesitamos que eso se refleje en los medios de comunicación.

En tu libro Solterona, basándote en tu propia experiencia hablas sobre la relación directa entre estar soltero y ser más creativo. ¿Podrías explicarnos ese proceso un poco más?

Creo que eso es algo específico para cada individuo. En mi caso, cuando era más joven, intentando ser poeta y luego escritora, tenía novios que también eran escritores y la verdad es que no me gustaba: sentía como si estuviésemos compitiendo el uno con el otro. Sentía claramente que si me iba a convertir en escritora tenía que hacerlo sola, no puedo tener a otra persona en mi espacio íntimo (en parte porque estaré hablándoles todo el rato ¡y no escribiré nada!), pero también porque estaré preocupada con la energía competitiva que tengamos. A fin de encontrar y conservar mi propia voz necesitaba estar sola. No creo que a todo el mundo le pase igual y, de hecho, ahora no siento eso: al fin he encontrado lo que quería decir, lo he conseguido y me siento más relajada para estar en situaciones románticas, no amenazan mi propia individualidad.

“A fin de encontrar y conservar mi propia voz necesitaba estar sola”

 

El mensaje que se nos lanza socialmente es que como mujeres contemporáneas debemos aspirar a serlo todo, se ha tergiversado el discurso feminista de tener la posibilidad de suplir las diferentes facetas de nuestras vidas y se ha convertido casi en una obligación llevada al extremo: hay que aspirar a ser mujeres trabajadoras, con estudios y exitosas, tener un cuerpo 10, estar guapas y mantenerse jóvenes y a la vez ser excelentes madres y esposas. ¿Cual es tu opinión al respecto?

Lo que realmente creo que tiene que pasar es que las condiciones de las políticas de trabajo tienen que cambiar para apoyar a las madres trabajadoras. El motivo por el que parece tan difícil tenerlo o hacerlo todo ahora es porque no hay un tejido laboral que nos de el soporte necesario. La sociedad tiene que cambiar. Creo que hay una conciencia mayor sobre el tema de las madres trabajadoras, más que antes, así que tengo ciertas esperanzas al respecto.

“El motivo por el que parece tan difícil hacerlo todo es porque no hay un tejido laboral que nos dé el soporte necesario”

También sería importante que se diese la oportunidad a los padres para involucrarse más en la crianza —aunque eso es algo que ya está sucediendo— y que un hombre se pudiese quedar en casa cuidando a los niños sin que estuviese mal visto.

Sí, seguro, esa es una parte importante también.

Hay un temor extendido entre muchas mujeres que es el de quedarse solas para siempre, algunas — como cuentas en el libro— incluso llegan al extremo de imaginarse viviendo en la calle. Hay una idea generalizada de que como mujeres necesitamos a un hombre para sentirnos protegidas, realizadas, completas ¿crees que es así?

Lamentablemente creo que sí que es así… Ha habido mucha conversación y conciencia sobre esto, las mujeres están entendiendo que no deben sentirse así, pero no creo que esos miedos se hayan erradicado del todo. Conozco a mucha gente que piensa eso, pero igual lo políticamente correcto es decir que no te importa y que estás bien y que no necesitas a un hombre.

“Educamos a niñas pequeñas para que piensen en el matrimonio desde muy jóvenes. Ahí es donde empieza todo”

Ese miedo antes era más entendible, cuando la mujer dependía económicamente del hombre y este tenía todo el poder, pero hoy las cosas son diferentes, parece que ya no debería existir ese sentimiento ¿no?

Existe porque es algo que empieza en la infancia, en cómo nos educan. Todavía educamos a niñas pequeñas para que piensen en el matrimonio desde muy jóvenes, como princesitas pensando en sus bodas. Ahí es donde empieza todo.

Hay una escritora americana, Lori Gottlieb, autora de Marry Him: The Case for Settling for Mr. Good Enough, un libro controvertido, aún no traducido al español, pero por los motivos opuestos al tuyo.  En él dice que el deseo de toda mujer por naturaleza es casarse o emparejarse. También dice que hay que “conformarse” para lograr ese objetivo. ¿Mo te parece que eso es renunciar, tirar la toalla? ¿Qué opinión te merece?

Primero de todo, no estoy nada de acuerdo con ella cuando dice que todas las mujeres están desesperadas por casarse. Es importante recordar que ella defiende lo de casarse con Mr. Good Enough guy (*un hombre que sin ser tu ideal es suficientemente bueno; “no está mal”) en el caso de que quieras tener hijos y formar una familia. Esa parte se pierde en el titular, creo que si lo tienes en cuenta su discurso es ligeramente diferente a lo que se ha dicho. En cualquier caso no hay forma en la que yo pudiera estar con Mr. Good Enough, de ninguna manera, no puedo ni imaginármelo.

“Lo de conformarme con alguien “suficientemente bueno” suena a muerte para mí”

Esa iba a ser mi siguiente pregunta, ¿podrías emparejarte con alguien sin estar enamorada por el hecho de tener un proyecto de vida en común? ¿es eso tan drástico?

No lo veo para mí personalmente pero, quién sabe, nuestras ideas sobre lo que es el amor o el amor romántico cambian con el tiempo. Con esto no quiero decir que tenga que estar envuelta en pasión todo el rato, pero sí que necesito estar con alguien que me parezca intelectualmente estimulante y en quien confío… hay una serie de cualidades a las que nunca renunciaría; además, me aburro muy fácilmente… así que eso de “conformarme” suena a muerte para mí.

En España tenemos el dicho popular —y horrible—: “Se te pasa el arroz”, en referencia a las mujeres que se acercan a un periodo poco fértil. Es básicamente otra forma de decirle a las mujeres que tienen que conformarse o será demasiado tarde. El lenguaje sería otra de las cosas que es necesario cambiar para que se produzca un cambio de mentalidad ¿no te parece?

Exacto, ese mismo sentimiento está también en EEUU: es un modo de aterrorizar a las mujeres haciéndoles pensar que su única opción es casarse y tener hijos como única forma de conseguir una vida valiosa y satisfactoria. A pesar de que vemos evidencia de lo contrario constantemente, mujeres en todos los lugares que tienen vidas prosperas y plenas sin esas cosas. Necesitamos ver más de eso, que nos lo enseñen más para cambiar esa otra narrativa.

“Se aterroriza a las mujeres haciéndoles pensar que su única opción es casarse y tener hijos para conseguir una vida valiosa y satisfactoria”

 

También habría que dar más visibilidad y aceptación a formas alternativas de familia como las madres solteras, maternidades compartidas o la co-crianza…

Desde luego, y eso es algo que de verdad está cambiando mucho en EEUU. Se me olvidan las estadísticas pero tenemos más madres solteras ahora que nuca antes. Creo que el estigma hacia las madres solteras se ha desvanecido mucho antes que el estigma hacia las mujeres solteras sin hijos, ese es un punto interesante. Quizás en parte es porque culturalmente  pensamos: “bueno, ¡por lo menos tiene un hijo!”.

¿Crees que estas nuevos modelos de familia han impactado en la institución del matrimonio?

Absolutamente, es bastante emocionante, todavía estamos en medio de todo lo que está ocurriendo. ¿El matrimonio entre personas del mismo sexo? ¡Quién hubiera pensado que eso sería legal! Es increíble que así sea. Es tan rápido el modo en que la familia americana ha cambiado que no hay forma de saber lo que significa ni hacia dónde se dirige todo. Creo que ahora el matrimonio se ha vuelto un acto más intencionado, las personas se casan porque realmente quieren más que porque sientan que deben hacerlo. También se habla mucho más de matrimonios abiertos y poliamor. Hay un gran extenso artículo en el New York Times que plantea si un matrimonio abierto es un matrimonio más feliz. Son diferentes actitudes de lo que son el amor y el compromiso, la gente está decidiéndolo por sí misma más que aceptando lo que dice la institución.

“El estigma hacia las madres solteras se ha desvanecido mucho antes que el estigma hacia las mujeres solteras sin hijos”

¿Qué te parece ese estudio que dice que las personas que viven en pareja tienen una vida más larga y feliz?

Pero es que hay otros estudios que dicen que la gente soltera vive vidas más largas y felices así que depende del estudio que estés leyendo. La trampa en ese tipo de estudios es que son solo las parejas felizmente casadas las que se supone que viven más tiempo, están más saludables y son felices, y esa es una minoría de las parejas, muchas parejas no están felices en su matrimonio, ¿entonces estas parejas se mueren antes?

¿Conoces alguna cultura en la que ser una mujer soltera sea signo de fuerza y no de carencia como sucede en la occidental?

Qué interesante, es una gran pregunta pero no lo sé, habrá que investigarlo.

Otra de las características asociadas a la soltería es que las mujeres viven su sexualidad de una forma abierta y liberada, ¿crees que la sociedad continúa penalizando la promiscuidad femenina?

No sé… de hecho, me parece que eso es algo que ha cambiado —aunque esa puede ser mi percepción porque vivo en Nueva York—, pero por lo que yo veo, se ha convertido en la norma que las mujeres sean promiscuas. Si acaso sería que la corriente ha cambiado y que las mujeres se sienten presionadas a ser promiscuas; si no están ahí fuera practicando sexo todo el rato algo malo les pasa. Es curioso pero creo que lo que se espera es que las mujeres se vayan acostando por ahí.

“La corriente ha cambiado: ahora lo que se espera es que las mujeres se vayan acostando por ahí”

Es curioso que digas esto porque justo ayer leí, en una web de coaching de citas, como se animaba a las mujeres a volver a ese concepto de hacerse las difíciles o a tener un nivel de exigencia más alto para desmarcarse de esta tendencia. En Solterona también hay un capitulo dedicado al tema de las citas y las complicaciones para salir con alguien hoy en día más allá de un encuentro casual ¿Cuál crees que es el problema?

Creo que el problema principal para conseguir salir con alguien hoy en día son las apps de ligue, el modo en el que las personas pueden “ir a comprar” a otras personas en sus teléfonos. La certeza de que siempre va a haber alguien a quien elegir con tan solo desplazar su foto hacia la derecha es aterrador y realmente está alterando las dinámicas de como relacionarse.

Quería decirte antes, cuando hablabas sobre eso de ser difícil de conseguir, algo que probé durante un tiempo cuando tenía treinta y largos años, que llamaba “Citas al estilo 1950”. Tuve un momento de pensar: “¿por qué me estoy acostando con gente que apenas conozco?” Es perturbador: actuamos como si estuviésemos liberadas para acostarnos con alguien o mantener sexo casual, pero yo no lo encuentro liberador en absoluto; de hecho, me da ansiedad. Por eso decidí lo de hacer las “citas al estilo 1950” en las que sólo llegábamos a tener sesiones de petting muy calientes durante un tiempo, hasta estar cómoda con la persona primero y ver si realmente me gustaba antes de irme a la cama con él; ¡Resultó bastante útil!. No era tanto el hacerse la estrecha como más bien decir: “vamos a enrollarnos, es divertido, ¡es sexy! ¿por qué pensamos que es necesario acostarse de inmediato”.

“Cuando escribí el artículo ‘All the single ladies’ recibí amenazas de muerte de algunos hombres. Otros muchos me escribieron para pedirme matrimonio”

¿Por qué crees que hay tanto miedo al compromiso en el bando masculino? ¿tiene que ver esto también con las apps o es “su naturaleza” cuestión de genética?

Creo que hablando de forma general, como todavía vivimos en un patriarcado y los hombres siguen teniendo las cosas más fáciles, ser un hombre adulto soltero y con trabajo es algo maravilloso: ganas dinero, te diviertes, sales a ligar, tienes un montón de chicas a tu alcance… creo que es una cuestión de no querer crecer y seguir disfrutando de diferentes placeres. Los humanos se han relacionado de formas diferentes a lo largo de la historia, creo que tiene que ver más con la situación socioeconómica de cada momento que con la genética. El matrimonio ha significado cosas diferentes según la época; no creo que haya una diferencia genética en ese sentido.

¿Has recibido alguna reacción extraña al libro? ¿crees que ha gustado?

Tras escribir el artículo All the single ladies en The Atlantic sí que recibí amenazas de muerte de algunos hombres y muchos emails enfurecidos, luego también hubo otros muchos hombres que me escribían proponiéndome matrimonio con cosas como: “eso es porque todavía no me has conocido” y similar. Con respecto al libro, ha habido diferentes reacciones: hay críticos que lo han malinterpretado y también reacciones con mucha frustración.

Solterona es un libro feminista. ¿Te consideras tú una escritora feminista?

Sí que soy feminista, pero no me considero una escritora feminista. Me gusta escribir sobre muchos temas diferentes. Seguiré escribiendo sobre mujeres, historia y la vida social con las respectivas preguntas en torno a ella; son temas que me preocupan, pero no veo que este libro sea el comienzo de una carrera como escritora feminista.

Kate Bolick