5 septiembre, 2018. Por

Julio De la Rosa

Celebrando (lo bueno, lo malo y viceversa), que es gerundio
Julio De la Rosa

“¿Qué he conseguido yo con quererte? ¿Qué he conseguido yo con querer?”, pregunta de manera retórica Julio De la Rosa en una de las canciones de Hoy se celebra todo. Como mínimo, lo que ha conseguido el músico gaditano con querer(te) ha sido cerrar una trilogía que empezó hace ocho años con La herida universal, tuvo como elemento mediador Pequeños trastornos sin importancia y que culminó a finales del año pasado con un cancionero que, además de para sacar a la luz el elixir romántico, sirvió para revolucionar su carrera y sentarse a mirar las cenizas, las flores, el paisaje y el elixir romántico.

Y es que el que hace muchos años fuera capitán de El Hombre Burbuja ha decidido que Hoy se celebra todo sería el fin de algo y el principio de otra cosa: su reivindicación como músico de estudio, algo que ya había demostrado como uno de los mejores compositores de bandas sonoras del país (como muestra, el Goya por su trabajo en La isla mínima), pero que reconfirmó al decidir bajarse de los escenarios y renunciar a presentar en directo estas canciones.

Hace unos meses nos sentamos a hablar con Julio no solo sobre este nuevo cancionero que encarna un momento de plenitud romántica y que cierra el círculo sobre su exploración sobre las vicisitudes del amor; sino también sobre el oficio de ser músico; sobre el nuevo contexto de las letras; sobre compromiso político (o no); sobre libertad, cine y rock and roll; y sobre perros que campan a sus anchas en casas de la sierra.

“Se me ha tildado de indie sin ser indie, se ha dicho que soy un cantautor mediterráneo, un compositor maldito… con cada disco que saco siempre me han multi-etiquetado, y siempre les he mentido con el disco siguiente”

A ti siempre se te asociaba un poco con ese halo de negrura, de pesimismo. Aquí, como decía el hijo de tu mánager en la nota de prensa, da la sensación de que “no estás enfadado”, y que es más luminoso. ¿Qué ha motivado este giro?

Tampoco pienso que mis discos anteriores sean especialmente oscuros y este luminoso; pero sí que es cierto que actualmente estoy en una relación estable; viviendo en una casa en el campo en la sierra de Madrid, viendo los pajaritos, la jardinería, estando tranquilo con los perros correteando alrededor: el mejor antidepresivo que hay es un perro.

Nota de prensa escrita por Gael sobre el disco

Y tú tienes dos, encima.

Sí, cierto. Supongo que algo de todo esto se palpa en el disco.

El título, si bien habla de ti, parece como que tiene un contrapunto casi irónico: no sé hasta qué punto hoy se puede celebrar todo…

(Ríe) No es un disco político, aunque creo que todo es político. Soy consciente de que no hay motivos para celebrarlo todo; pero me gusta mucho la presencia de la palabra ‘todo’ en el disco, porque además de celebrar todo lo bueno, también debería haber motivos para celebrar todo lo malo, al menos hasta cierto punto. De alguna manera, esto viene motivado por Malapascua, que es una canción que le dedico a un amigo muerto, que se suicidó, además, y es una manera de “celebrar la muerte”.

Pero vamos, no es un disco de denuncia, pero sí que intenté encontrar motivos para celebrar algunas cosas que a priori son difíciles de celebrar. De todos modos, cualquiera que escuche una canción mía identificará cuál es la inclinación política que tengo: me resultaría redundante si me pusiera a escribir canción protesta, por ejemplo. Sigo pensando que el arte tiene que ser para ciertas cosas, no sé si más elevadas, pero que al menos no se utilice para redundar sobre cosas que se pueden identificar de otras maneras.

Con el título pretendía cerrar un ciclo, que se puede entender como una trilogía, que empecé con La herida universal, donde descubría y buscaba el amor; sufría en Pequeños trastornos sin importancia; y ahora, en Hoy se celebra todo, representa más una especie de plenitud romántica. Ya que venimos de una herencia que viene desde el siglo XVIII de que el sufrimiento es la fuente de inspiración por excelencia, buscaba demostrar que no siempre es así, yo no creo en eso. Suele decirse que la alegría no se recita…

¿Y tú has aprendido a recitarla ahora?

Estoy aprendiendo. No creo en los sentimientos puros y únicos. Una nota musical no deja de ser una vibración en el aire, pero cada nota musical lleva alrededor miles de micronotas pequeñitas que generan esa armonía; y con los sentimientos pasa lo mismo: hay una serie de armónicos que proceden de otros sentimientos. Todo está mezclado.

Antes me decías que no era un disco político, aunque hay letras como las de El desvarío de un superviviente que pueden tener esa interpretación. De todos modos, donde sí has sido explícito los meses anteriores ha sido a través de las redes sociales, en relación a muchísimos temas de índole sociopolítica.

Sí, es cierto. A nivel político prefiero hablarlo, ponerlo de manera explícita, ir a manifestaciones, participar en caceloradas o, como he hecho, aportar canciones para promos de plataformas con las que estoy a favor de sus causas. Pero creo que el arte puede abrir mucho más la cabeza a alguien que si hablase de mis inclinaciones políticas de manera explícita.

“Se ha perdido la belleza de hacer un disco. Los discos se han convertido en tarjetas de visita para el directo”

¿Te resultó muy complicado componerle Malapascua a tu amigo Rafa? No sé si la enfocaste más desde una perspectiva reconstructiva que del sufrimiento de la pérdida.

Un poco sí. Hay algo de amor desde la amistad. Es una canción muy emotiva, que empezar con ella el disco ya te pone en un tono concreto: mi objetivo era desde el principio hipnotizar al oyente para que se coloque en el tono general del disco. Más que de componer me fue muy difícil de cantar y grabar: se me hacía un nudo en la garganta y me ponía a llorar y no podía cantarla. Cuando se te muere un amigo se pasa por muchas fases, como cuando terminas con una pareja; y a la hora de hacer la canción no sabía desde qué óptica enfocarla. Y al final a mí mismo me sirvió para reconciliarme con él después de que hiciera lo que hizo.

Es un disco que tiene mucho de paisajístico, hay como un corte en la mitad del disco: por un lado, hay canciones en un formato más tradicional, y en otro juegas más con paisajes, con texturas de electrónica. Como si mezclaras tus dos facetas: la de compositor de bandas sonoras con la de cancionista.

Son dos mundos muy distintos, pero sí es cierto que he cogido muchas cosas del mundo de las bandas sonoras para incorporarlas a este disco. Jugué un poco con la idea de hacer una banda sonora sin película. Yo sabía que este disco no lo iba a tocar en directo: no tenía tiempo, no me apetecía, quería crear sin estar sometido a la recepción del circuito de conciertos… Y en el disco se nota, porque lo grabé como hago con las BSO: en mi estudio casero, toco todo yo, y solo llamo a alguien cuando necesito algún arreglo puntual de algún instrumento que no domino…

¿Por qué tenías tan claro que querías dejar de tocar en directo?

Porque es agotador de salir a tocar en directo. Hay momentos de tu vida en los que puede ser muy estimulante, pero hay en otros en los que no. Y actualmente tengo otro trabajo, que es el de componer bandas sonoras, y estoy en casa tranquilo trabajando en algo que me gusta y me apetece más, y me puedo permitir no tocar en directo, por suerte. Quién sabe, quizás en un tiempo me vuelve a picar el gusanillo y vuelvo a tocar. Pero precisamente ahora no me apetecía. Y cuando llamé a Josiño, mi mánager, le dije: “tengo una noticia buena y una mala: tengo un disco, pero no quiero tocarlo en directo”.

“Es agotador de salir a tocar en directo. Hay momentos de tu vida en los que puede ser muy estimulante, pero hay en otros en los que no. Y actualmente tengo otro trabajo, que es el de componer bandas sonoras, y estoy en casa tranquilo trabajando en algo que me gusta y me apetece más, y me puedo permitir no tocar en directo, por suerte”

¿Crees que está sobrevalorado el directo? Parece que hay una exigencia al músico, de que sacas disco para tener una excusa para que las salas y festivales te contraten… Está esa idea de que se es “menos músico” por no tocar en directo. ¿Cómo lo vives tú?

Cada cual es libre de pensar lo que quiera, pero son cosas muy distintas, y a mí siempre me ha gustado más el otro lado. Sí que en ciertos momentos el morbo del escenario, el sentirte observado, tiene una química mágica y especial que yo ahora mismo no necesito. Ya superé algunos trastornos y ya me lo conozco, y sé que me resulta agotador, porque no es solo el concierto: es la preparación del directo, el nerviosismo de si va a ir gente o no, las condiciones en las que toques, el sonido… hay muchas cosas que controlar que ya me las sé, y ahora mismo no me apetecía. Ya tengo una edad: he pasado los 40 y ya no te recuperas en 24 horas, necesitas tres días para recuperar el equilibrio.

¿Tú ves falta de imaginación cuando vas a ver música en directo?

Absolutamente. Es por eso, también: aunque cambies la manera de tocar la canción, la canción está ahí y es como es, y aunque la reinterpretes es una y otra vez, ya sabes lo que va a pasar y lo que te va a dar. A mí actualmente no me merece la pena. Soy muy feliz encerrado en mi habitación creando, haciendo música, sea un disco, una canción o una banda sonora, y paseando a mis perros.

¿Crees que te va a ser fácil retomarlo más adelante, o que corres el riesgo de perder el pulso al ritmo de los directos?

Me he recorrido España muchas veces, he echado la guitarra en el maletero del coche cientos de veces, y ya estoy curado de espanto; y siempre que he salido a tocar ha sido pensando que ya está todo perdido y que no tengo nada más que perder. Es la manera con la que yo me ayudo a tener cierta libertad o a intentar hacer cosas de las que me puedo sentir más orgulloso.

“El sistema ha conseguido lo que quería: que todos nos convirtamos en policías de los demás”

De alguna manera, abres una lata. No hay muchos músicos, al menos del circuito alternativo, que renuncien al directo; y no solo eso, sino que lo reivindiquen como otra manera de vivir la profesión.

Creo que se ha perdido la belleza de hacer un disco. Los discos se han convertido en tarjetas de visita para el directo, y muchos artistas se olvidan que el proceso de hacer un disco es maravilloso. Por eso todos mis discos están contemplados como una obra, algo que tiene un concepto y una idea detrás, y que no es solo una colección de canciones. Yo no me levanto la mañana y cojo la guitarra y voy acumulando temas. Yo trabajo por proyectos, y con mis discos de pop también funciono así, como si fuera una novela: ir de lo general a lo concreto.

¿Hasta qué punto tu último disco y tu última novela [Wendy y la bañera de los agujeros negros (Aristas Martínez, 2017)] son proyectos hermanos? Como mínimo, en la canción El desvarío de un superviviente sí que hay un vaso comunicante bastante directo.

Yo al principio pensaba que tenían raíces diferentes, pero con el tiempo me fui dando cuenta que no, que en la novela está el espíritu de la trilogía entera (La herida universal, Pequeños trastornos sin importancia y Hoy se celebra todo).

Como el “director’s cut”, ¿no?

Sí, la verdad es que sí. La novela relata la historia de una pareja: un tipo de cuarenta años que se va a Lisboa a celebrar su cumpleaños con una chica a la que apenas conoce, para tener algo que celebrar, un motivo, como para creer que su vida es la hostia. Pero se plasma todo lo que he ido contando en los discos: la búsqueda y el descubrimiento del amor, el sufrimiento y el elixir de todo ello.

“Mi sueño es tocar a los dioses haciendo música, y aunque no encuentre respuestas sí poder hacer preguntas para darle algo de sentido al hecho de estar aquí”

Ya tienes el guion y la banda sonora: solo falta que alguien grabe la película. ¿Le pasaste el material a Alberto Rodríguez?

Sería una película larga y cara, casi apocalíptica, de ciencia-ficción (risas). Nunca escribo con música, si tengo música en la cabeza me despisto, oigo demasiadas voces, me manipula y me lleva a lugares diferentes. En su momento hice un par de cortometrajes con presupuesto cero; pero ahora mismo no me veo haciendo películas. Mi presente está en otro lugar, en realidad: acabar los proyectos que tengo abiertos y tomarme vacaciones, que llevaba diez años sin ellas.

En estos años que has estado más enfocado a la composición de bandas sonoras, ¿te sientes más respetado en el círculo del cine que en el musical? ¿Dónde estás más cómodo e integrado?

Nunca he planteado mi carrera en términos de integración…

Más bien lo contrario.

(Risas) Mi sueño es tocar a los dioses haciendo música, y aunque no encuentre respuestas sí poder hacer preguntas para darle algo de sentido al hecho de estar aquí. A nivel de integración posiblemente sí haya recibido más reconocimientos por la música para cine que he hecho que por la música que he hecho como artista pop. Pero tampoco me siento ni marginado ni ninguneado por ninguna de las parcelas: yo asumo que hago una música que no entra dentro de una etiqueta cerrada, pero tampoco quiero decir que soy único.

Se me ha tildado de indie sin ser indie, se ha dicho que soy un cantautor mediterráneo, un compositor maldito… con cada disco que saco siempre me han multi-etiquetado, y siempre les he mentido con el disco siguiente. Nunca me han podido colocar en el saco de ninguna escena concreta, y eso tiene sus pros y sus contras.

“Siempre que he salido a tocar ha sido pensando que ya está todo perdido y que no tengo nada más que perder”

¿Pero lo has llevado mal esto?

No. A ver, todo el mundo siempre cree que merece más; pero nunca me he quejado: llevo muchísimos años dedicado enteramente a la música, y eso ya es un sueño de por sí, sobre todo en un mundo en el que es muy difícil conseguirlo. La presión social, familiar… es una lucha que tienes que llevar a lo largo de muchos años. Sí creo que el mundo del rock es un mundo más básico: mucho más joven, en el que las músicas son más simples; y a pesar de que soy muy sencillo haciendo música, creo que hay mayor complejidad componiendo bandas sonoras.

Hace un tiempo salió en ICON un reportaje en donde analizaban si algunas canciones eran machistas o no. Entre ellas estaba Maldiciones comunes, de tu disco anterior; y el análisis decía que no era machista. Pero sí que estuvo sometido a examen. No sé si te sientes más coartado y que se mira todo con una lupa más grande ahora que hace unos años. ¿Te has puesto a revisar cosas tuyas?

No me puse a revisar porque seguro que ni la mitad pasaría el examen. Me da mucha pena. Creo que el sistema ha conseguido lo que quería: que todos nos convirtamos en policías de los demás. Y es tristísimo. Ahora todo el mundo tiene súper asumido que el artista tiene que tener responsabilidades morales y sociales. Es un pensamiento súper dogmático, que parece que se ha convertido en un axioma; cuando precisamente el mundo del arte es el único resquicio de libertad creativa y mental que nos queda. Hay una cita de Buñuel que siempre me ha encantado que decía: “me podréis arrebatar todo; pero en mi imaginación siempre seré libre”.

Con ese tipo de reportajes me da la sensación de que se intenta poner vallas. Y además creo que es imposible entrar a debate con ese tipo de pensamientos: nunca van a entender que el arte es otra cosa, y que deberían agarrarse al arte para huir de todo.

“Soy consciente de que no hay motivos para celebrarlo todo; pero me gusta mucho la presencia de la palabra ‘todo’ en el disco, porque además de celebrar todo lo bueno, también debería haber motivos para celebrar todo lo malo”

¿Ahora qué? Cierras trilogía, no tocas en directo, sigues entregando bandas sonoras. ¿Qué vislumbras como siguiente paso?

Realmente no lo sé. Tengo algunos proyectos que terminar de entregas de bandas sonoras; pero mi siguiente proyecto es hacer mi jardín y descansar. Me apetece estar una temporada en ese plan. Desde luego, creo que he cerrado una etapa; pero ya se verá, quizás en el próximo disco vuelvo a hablar de lo mismo. Creo que con este disco he dicho cosas que me faltaba que decir al respecto, y creo que una vez terminada me tocará hablar de otras cosas, o empezar a hacer una búsqueda en otros terrenos, ya de una manera más virgen.

Julio De la Rosa