10 julio, 2018. Por

Juegos sagrados

La serie que une un best-seller de la literatura india contemporánea, Netflix y Bollywood
Juegos sagrados

Un policía hastiado de todo en el momento más bajo de su carrera. Una llamada imprevista de madrugada. Un hampón, un rey de los bajos fondos legendario que le dice que lo necesita. Que debe escucharle con atención. Que ha de salvar la ciudad, una de las mayores ciudades del mundo, porque si no actúa con celeridad en veinticinco días será destruida. Toda la ciudad será destruida. Todos morirán.

Sacred Games, o Juegos Sagrados, es la primera serie producida por Netflix en la India. Es, por así decirlo, el primer resultado de la alianza entre la plataforma global y Bollywood, la poderosa industria de cine del subcontinente. Para este empeño no se han escatimado en medios: y no solo técnicos –como se percibe en la excelente fotografía y en la brillante ambientación en la Bombay de las últimas décadas-, los encargados de dirigirla a dos de los directores más destacados del moderno cine indio, Vikramaditya Motwane y, sobre todo, Anrag Kashyap, cuya voluntad innovadora ya se había percibido en películas como la bilogía sobre la mafia hindú Gangs of Wasseypur y el thriller de asesinos en serie, Psycho Raman.

“El resultado es excelente: una magnífica carta de presentación del moderno cine Indio a la audiencia global de Netflix. No os la perdáis, porque merece de verdad la pena”

En esta ocasión, han elegido adaptar el monumental best-seller de Vikram Chandra (Nueva Delhi, 1951), uno de los mayores éxitos de la literatura india contemporánea: un novelón de mil doscientas páginas en el que, a través de una trama en la que combina novela negra, espionaje y thriller psicológico para trazar un inmenso mural de la vida en Bombay/Mumbai, la gran megalópolis de la India. Una ciudad gigantesca en la que está asentada la mayor industria cinematográfica del planeta, donde  conviven extremos inauditos de miseria y lujo, en la que la corrupción carcome las instituciones políticas, religiosas o policiales y el crimen organizado campa a sus anchas. Una ciudad en la que se hablan distintas lenguas y en la que se ven obligados a sobrevivir  juntos, confundidos, hindúes, musulmanes, budistas, cristianos, parsis, sijs, cristianos y otras muchas comunidades aún más reducidas.

Ya que lo que unifica esta obra es una historia criminal, es lógico que los protagonistas sean, por un lado, un policía cuarentón, rechoncho y fatalista, Sartaj Singh, un sij obsesionado por el recuerdo de su padre que fue un policía honesto y ejemplar, decepcionado además por la corrupción del cuerpo y mortificado por el fracaso de su matrimonio, interpretado con convicción por Saif Ali Khan; y, por otro, un poderoso jefe mafioso, Ganesh Gaitonde, que lleva quince años desaparecido, una situación que se vincula a sus conexiones con los políticos locales y los servicios de inteligencia, llevado a la pantalla con el rostro de un muy carismático Nawazuddin Siddiqui, y que se suma a la lista de grandes antihéroes de la ficción televisiva, de Tony Soprano a Walter White.

Rodeados, por supuesto, de un amplísimo número de secundarios, procedentes de todos los extractos sociales, aunque para comprimir las mil doscientas páginas en ocho episodios de cincuenta minutos los responsables de la serie se han visto obligados a eliminar o reducir al mínimo muchísimas tramas secundarias incluidas en la novela de Chandra. Aún así la serie ofrece una amplia visión de la ciudad a través de las vivencias de un amplio elenco de personajes, que incluye una aguerrida agente secreta, fanáticos religiosos, proxenetas, estrellas de Bollywood, traficantes, matones y asesinos y un largo etc. La trama alude en ocasiones a eventos políticos y sociales de la historia contemporánea de la India, lo cual podría ser un pequeño hándicap, pero por el lado positivo nos permite adentrarnos en un mundo tan vasto como desconocido y peligroso.

“La trama alude en ocasiones a eventos políticos y sociales de la historia contemporánea de la India, lo cual podría ser un pequeño hándicap, pero por el lado positivo nos permite adentrarnos en un mundo tan vasto como desconocido y peligroso.”

El resultado, al menos por lo que hemos podido advertir en los primeros episodios, es excelente: una serie con una premisa lo bastante intrigante para darle una oportunidad, con unos protagonistas absolutamente universales, pero al tiempo integrados en su feroz entorno, y un escenario, Mumbai, tremendamente interesante. Una magnífica carta de presentación del moderno cine Indio a la audiencia global de Netflix. No os la perdáis, porque merece de verdad la pena.

Juegos sagrados