16 febrero, 2018. Por

Juanelo Turriano

El genio renacentista e inventor total del Siglo de Oro
Juanelo Turriano

“[había que parar el ingenio, unas veces] por la poco agua del río y otras por llevar mucha”.

“Cuando el río va bajo, es necesario cerrar algunas de las canales de los molinos de la una y otra parte de la presa y entonces ha de tocar cerrarse alguno de los ingenios y otros inconvenientes que subceden en canales de diferentes dueños, especialmente estando juntos, y molinos por debajo de los ingenios…”.

Así describiría un cronista de la época El ingenio de Toledo, una de las obras más importantes de la ingeniería renacentista en España y que conseguían elevar el agua del Tajo hasta el Alcázar de Toledo, salvando una distancia de 90 metros.

Este artefacto fue realizado por Juanelo Turriano, quien llegaría a ser el maestro relojero de Carlos V y el ingeniero consultor de Felipe II.

Ahora, gracias a los nuevos descubrimientos sobre su vida y a la colaboración entre la Biblioteca Nacional y las principales instituciones cremonenses se ha logrado reunir una selección de documentos, libros y obras de arte que nos sitúan y ponen sobre su contexto a la figura histórica de Turriano, logrando la desmitificación y la puesta en escena de nuevo de uno de los personajes más fascinantes de la época renacentista y que nos muestran en la nueva exposición de la Biblioteca Nacional, que se podrá ver hasta el 6 de mayo.

“Esta muestra sirve para explicar y fundamentar su labor en el terreno tecnocientífico, donde llegó a ser denominado El nuevo Arquímedes o Dédalo”

 

Juanelo Turriano, españolización del nombre Janello Torriano, nació en Cremona, hijo de un humilde hombre de negocios y pronto estuvo rodeado de artistas como Jacopo de Trezzo (Jacometrezzo) o Leone Leoni que pronto se embarcarían con él a servir en la corte del emperador Carlos V.

Y allí triunfará gracias a la creación de un reloj planetario al que se llamaría Microcosmos, por el que el emperador le recompensaría con una pensión vitalicia. A este reloj le precedería otro reloj aún más pequeño denominado “cristalino”, al que se le podían ver los engranajes a través del cristal de roca en el que estaba construido. Estos relojes supondrían un avance técnico tal que serían el primer precedente de los relojes portátiles personales.

Uno de sus inventos más sonados lo relatará su amigo Ambrosio de Morales así: “una dama de un tercio de altura, que colocada sobre una mesa, danzaba sobre toda la superficie al son de un tambor que ella misma tocaba, para volver al punto de partida”. Este autómata renacentista, que merecería un texto para él solo, era tan solo para fines recreativos, además de que su concepción permitía estudiar el propio cuerpo humano como analogía.

Se le atribuirán, además, la invención de la primera fresadora, la construcción de un instrumento descrito por Vitruvio llamado La máquina de Ctsibio. Por ello, la figura de Turriano fue largo tiempo glorificada, llegando incluso a la mitificación; cosa que influyó de manera negativa a posteriori en su propia reputación, debido a la atribución de ingenios u obras -prácticamente cualquier obra hidráulica o reloj de la España del Siglo de Oro- que no eran de su invención. Sin embargo, esta muestra sirve para explicar y fundamentar su labor en el terreno tecnocientífico, donde llegó a ser denominado “El nuevo Arquímedes” o Dédalo.

“Su figura fue largo tiempo glorificada, llegando incluso a la mitificación; cosa que influyó de manera negativa a posteriori en su propia reputación, debido a la atribución de ingenios u obras que no eran de su invención”

Además tenemos numerosos ejemplos de su carácter moral e intachable hasta el punto de tenerle por un “Sócrates”. Pese a esto, también se apuntan numerosos detalles sobre él y su forma de proceder bastante agudos, que nos devuelven la humanidad más allá del personaje y que nos sugieren un carácter firme, al que le gustaba meterse en harina en su trabajo. Así como apunta Marco Girolamo Vida: “con la cara, el cabello y la barba ennegrecidos y cubiertos de ceniza y sucio hollín, con las manos y sus gruesos y enormes dedos siempre llenos de óxido, desgreñado e inadecuadamente vestido; (…) sin ninguna ayuda, por sí solo, con su ingenio y sus investigaciones, y como se dice, con sus propias fuerzas, él proyecta y construye, pues es inventor y fabricante a la vez”.

De esta manera Turriano no sólo servirá para mostrarnos sus ingenios, sino también como guía y enlace de la época que se llegó a denominar “la edad de lo nuevo”, situada entre el renacimiento de y la revolución científica y que ahora podremos disfrutar en la Biblioteca Nacional.

Juanelo Turriano