23 febrero, 2017. Por

Juan Manuel de Prada

El agitador reaccionario y viejoven definitivo
Juan Manuel de Prada

Citar su nombre equivale al suicidio social en una gran parte de los círculos concéntricos que rodean al mundo de la cultura. En España pocos escritores disparan tantas pasiones, nos guste o no, como Juan Manuel de Prada. Novelista, columnista, cristiano, cinéfilo y cinéfago, bestseller, erudito, outsider, educadísimo, antimoderno y clásico… el literato viejoven por definición puede que, en una vuelta al calcetín de proporciones épicas, se esté convirtiendo, frase a frase, libro a libro, en algo así como el escritor más punk que haya parido España en los últimos 50 años.

“Para ser escritor de mérito tienes que ser un lacayo del régimen establecido”, afirma, por ejemplo. O “El éxito es una mala puta que hay que echar de casa”. O, para cerrar su columna hablando del último estreno de Mel Gibson: “Preparaos, patulea, porque vuelve Gibson, y os va a partir la jeta a pollazos”. Si todo esto no es antisistema, que bajen los Sex Pistols del cielo y lo digan.

En las redes sociales, detrás de la cobarde careta del anonimato, se le llama de todo con cierta recurrencia. Reaccionario, rancio, señor mayor, curilla… Por no hablar de otros insultos de peor estofa. Muchos suplementos culturales se ponen de perfil cada vez que publica una novela. Tampoco los premios de peso le han vuelto a sonreír desde aquel lejano Planeta de 1997 y el Nacional del Narrativa de 2004.

Pero todo ello lo contradice su figura. Tenemos para ti 4 ‘porqués’ para no perder la pista del autor de Las máscaras del héroe. Y no son estrictamente literarios.

 

Porque alumbró el término ‘Matrix progre’

Pocos neotérminos han hecho tanta fortuna en poco tiempo. Solo la ‘España vacía’, de Sergio del Molino, en otras coordenadas, le ha ganado en celeridad. Por ‘Matrix progre’, Juan Manuel de Prada entiende esa bifurcación que la realidad toma en ciertas cabezas, lo que deriva en un mundo paralelo que se rige por sus propias normas y juzga con ellas todo lo que se mueve. De Prada está convencido de que muchos políticos, artistas e intelectuales se han tomado la pastilla azul. De que se la toman a diario.

El ‘Matrix progre’ es, en sus propias palabras, “la dictadura de una ideología que, bajo el disfraz de la adoración del hombre, está impulsando una concienzuda labor de ingeniería social, imponiendo paradigmas culturales y patrones de juicio ante los que muy pocas voces de atreven a discrepar, por corrección política o desistimiento acomodaticio”. Lo podría firmar el mismísimo Morfeo.

Porque es inmune a los haters; no tiene Twitter.

Que sí, que es verdad. Que en esta época de sobreexposición, en la que no eres escritor si no te dejas las yemas en la red del pájaro, si no opinas de todo y todo el tiempo, sin descanso, de Prada no tiene una mísera cuenta en Twitter. Ni siquiera una de esas oficiales que actualiza la gente de comunicación de la editorial. De Prada puede llegar a ser trending topic por un artículo que envío a la redacción del ABC hace 3 días. Y mientras en la red se van de madre las formas, y se llega casi a los gritos y los mamporros, él puede estar releyendo en su casa el Quijote con el susurro de un suite de Bach de fondo.

Porque nadie os insulta como él, boquimuelles

Culitiernos, ablandabrevas, majagranzas, malandrines, folloncicos… el arsenal de armas de destrucción verbal masiva que despliega De Prada en columnas, entrevistas y apariciones catódicas es para pensarse muy mucho si merece la pena meterse con él. Mequetrefes, miramelindos, zampalimosnas, echacantos, capones, traspillados… El de Barakaldo es lo más parecido a un Quevedo redivivo que deja las ofensas que se manejan en Sálvame a la altura del betún. Una hemorragia de cultismos a cuál más rebuscado pero también más certero. Porque también hay que valer para insultar y lograr que el insultado se quede con cara de conejo delante de las luces largas. O sea, zurumbático.

Porque, sin pestañear, es capaz de enlazar el Movimiento Dogma con Aristóteles

El escritor nacido en Barakaldo es un confeso cinéfilo, y durante su trayectoria pública se la ha podido ver y escuchar en muchos programas relacionados con el séptimo arte, el más popular de ellos ¡Qué grande es el cine!, donde compartía mesa con José Luis Garci. Pero lo que convierte a De Prada en un contertulio fuera de lo común es su capacidad para, con su vasta cultura, descolocar al más moderno. Por ejemplo, para recordar que el Movimiento Dogma, con sus leyes inquebrantables, no es más moderno que aquello que Aristóteles le pedía al teatro; la triple unidad de acción, lugar y tiempo.

Juan Manuel de Prada