7 noviembre, 2018. Por

José Mercé & Tomatito

Cuando la música no sabe mentir, solo puede decir cosas que son de verdad
José Mercé & Tomatito

Me gusta pensar que no es coincidencia que, una semana antes de que viese la luz El Mal Querer, el álbum de Rosalía destinado a revolucionar la concepción de “música española” (y del flamenco, más concretamente), dos iconos vivos del cante y el toque como José Mercé y Tomatito, sacan a la luz un devocionario flamenco que nos pasea por los palos clásicos del género (bulería, soleá, alegrías, tangos, seguirilla, granaínas, rumba, tarantos, zambra…) con un álbum que titulan casi como una declaración de intenciones: “De verdad”. ¿Es esto un beef al exceso de heterodoxia?

Sea o no un golpe sobre la mesa para definir qué es “de verdad” y qué no lo es dentro del flanco flamenco, no hay que olvidar que tanto José Mercé como Tomatito fueron dos iconos revolucionarios para el género en su día: asociados décadas atrás a una de tantas generaciones de “nuevos flamencos”, fueron acogidos y batallados por partes iguales por la ortodoxia flamenca de sus años de juventud, y se labraron más de un enemigo que han acallado con dos de las carreras más impolutas y con mayor margen de movimiento que se recuerden.

«En medio de una serie de debates acerca de qué es flamenco y hasta dónde pueden llegar los límites de las interpretaciones de los géneros de raíz, y en donde melones como los de la “apropiación cultural” o las cosas “de verdad”, los que probablemente sean el cantaor y el guitarrista vivo y en activo más importante del flamenco, deciden reivindicar las raíces, sin más equipaje que el de ellos mismos. ¿Es esto un beef al exceso de heterodoxia?»

José Mercé no solo tiene el honor de ser el primer gitano que dio un concierto en el Teatro Real, sino que se ha permitido licencias que van desde coquetear con el blues, la música sinfónica, el martinete balcánico o hasta firmar un dueto de canción melódica aflamencada (de hecho, su último disco va de eso: versionando canciones de Sabina, Alejandro Sanz o Los Secretos junto a muchos de sus autores).

Tomatito, por su lado, no solo ha sido uno de los escuderos más ilustres de Camarón o Enrique Morente en sus álbumes más icónicos (La leyenda del tiempo y Sacromonte, respectivamente), sino también de artistas con registros tan distantes como Frank Sinatra, Elton John, Romeo Santos, Mecano, Neneh Cherry o Carlos Cano, además de haber abierto junto a Michel Camilo el melón de un nuevo universo flamenco: el del jazz flamenco, con el que han imaginado una España de tradiciones diferentes en las tres alianzas que firmaron bajo el apelativo de «Spain”, “Spain Again” y “Spain Forever”.

Sin embargo, en medio de una serie de debates acerca de qué es flamenco y hasta dónde pueden llegar los límites de las interpretaciones de los géneros de raíz, y en donde melones como los de la “apropiación cultural” o las cosas “de verdad”, los que probablemente sean el cantaor y el guitarrista vivo y en activo más importante del flamenco, deciden reivindicar las raíces, sin más equipaje que el de ellos mismos (con el peso que ese equipaje, nunca de mano, tiene en sí), en una suerte de simulacro de tablao en el que tocan once palos clásicos con una naturalidad y una solvencia que, al margen de ser lo esperado, supone una declaración de intenciones de raza y valores.

«Hay quien pueda intentar catalogar ‘De verdad‘ como un álbum que desafía a la heterodoxia propuesta por algunos de los últimos símbolos de la enésima re-generación de “nuevos flamencos”. La realidad es que las once canciones de este disco sirven como escapulario de las bases del flamenco (…) Cuando la música no sabe mentir, solo puede decir cosas que son de verdad»

Hay quien pueda intentar catalogar De verdad como un álbum que desafía a la heterodoxia propuesta por algunos de los últimos símbolos de la enésima re-generación de “nuevos flamencos” (ahora, con Rosalía a la cabeza como icono indiscutible, y el Niño de Elche, Rocío Márquez, Fernando Vacas o voces aledañas como las de Sílvia Pérez Cruz, Maria Arnal o Soleá Morente iniciando relatos flamencos desde otros géneros). Incluso hay quien pueda tratarlos de ortodoxos o puretas del flamenco.

La realidad es que las once canciones de este disco sirven como escapulario de las bases del flamenco: un devocionario en el que Mercé y Tomatito miran a los barrios y cunas del género (Jerez o Fuente de La Medina), donde rinden homenaje a Lola Flores (Lola), donde imponen el relato clásico y salvaje del romance gitano (Regalarte la mañana o Camino por andar) y donde, sobre todo, buscan definir desde el flamenco puro las nociones de ‘verdad flamenca’ (Buscando la verdad y Perdura la verdad). Cuando la música no sabe mentir, solo puede decir cosas que son de verdad.

José Mercé & Tomatito