13 febrero, 2018. Por

José Gallardo

Familias de la capital, el Tomavistas es vuestro hábitat: hablamos con uno de los directores del festival
José Gallardo

Animales de ciudad, ya queda menos para vuestro momento. Los próximos viernes 25 y sábado 26 de mayo, el festival Tomavistas cumplirá un año más al pie del cañón (con este ya irán 4) y lo hará rodeado y en convivencia del sinfín de festivales que tienen lugar (a borbotones) a lo largo y ancho del país. Faltan pocos meses para aplaudir ante La Casa Azul, Kokoshca, Belako, The Jesus And Mary Chain, La Bien Querida, Tulsa, Melange o Superchunk, entre otras caras anunciadas y todavía por confirmar, y lo harás en el Parque de Enrique Tierno Galván, entorno único e idílico si lo que buscas es salir del acelere habitual de la capital.

Con tan sólo tres ediciones a sus espaldas, el de Madrid se ha convertido en una de las fechas ineludibles para quienes apreciáis (cada vez más y mejor) el atractivo inevitable  de su ecléctico cartel, provocando que tú, que antes corrías detrás de festivales (de este corte), ahora te quedes quietecita en Madrid para vivir la experiencia que Tomavistas te tiene preparada (porque ya tendrás tiempo de ir a la playa), una experiencia donde la familia (en todos sus sentidos) tiene un peso importante y casi definitorio.

Pero no sólo de madrileños (naturales y/o afincados) va la cosa. El festival, camino de pisar el acelerador para agarrarse bien a la curva de su cuarto año, tiene muchas posibilidades de conseguir los mejores resultados de su historia, superando a los años anteriores (aunque no seamos videntes ni nada), que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Tomavistas presume (incluso) de tener entre sus fieles a ese público de la costa que se lía la manta a la cabeza y abandona sus playas de mayo para meterse, nada más y nada menos, en una de las ciudades más calurosas de la Península (¡BRAVOS!).

Si esto pasa, algo estarán haciendo bien Willy G. Blesa, Imarú Gonzalez de Aledo y José Gallardo. Este último, con quien quisimos hablar, atiende nuestra llamada después de confesarle que estamos locos por saber cómo van los preparativos meses antes de la nueva edición y por preguntarle (estaba claro, a ver si se animaba a devolver el beef) si ha leído lo que Javi Ferrara nos dijo hace unos días sobre Tomavistas.

“Las cosas se están poniendo cada vez más feas en lo que a competencia entre festivales se refiere; feas para nosotros, porque los agentes internacionales se están frotando las manos”

 

Tres ediciones no son muchas pero sí las suficientes como para contarme cómo ha ido todo hasta el momento. ¿Cuál es el balance para Tomavistas Festival?

Pues la verdad es que es muy positivo. Han sido tres ediciones en cuatro años, porque un año no pudimos hacer la edición que queríamos. Tomavistas es un festival joven, realmente; y su progresión siempre ha sido a más y la verdad es que estamos muy contentos.

¿Y cómo se monta un festival desde cero?

Hay un poco de dosis de valentía, como bien dices, y al mismo tiempo un poco de inconsciencia porque no sabes muy bien a priori dónde te metes. Juegas bastante con el romanticismo y con las ganas de hacer lo que sueñas, que es hacer un festival, y tienes que tener esas dos facetas equilibradas para, poco a poco, organizarte y darte cuenta de que tienes que meter algo más: la cabeza y la objetividad con respecto a todo lo que genera un festival a nivel números, contrataciones, línea artística… Como que empiezas muy visceral y luego te das cuenta de que tienes que bajarlo a la realidad.

Parece que el atractivo de salir en busca de un festival va sustituyéndose por la ventaja de tenerlo en casa. Además del factor comodidad, ¿cuál es el mayor atractivo de Tomavistas, tanto para la gente de la ciudad como para los que vienen de fuera?

Una de las cosas que la gente repite mucho cuando habla de Tomavistas es que el festival le transmite esa sensación de familia y de comunidad. En Madrid hay una gran cantidad de creadores, de artistas, de diseñadores, de periodistas… Digamos que en Madrid hay un gran motor de la industria musical (y de gente habituada a ir a conciertos, a salir por la noche) y lo que la gente nos suele decir es que Tomavistas es como el lugar de encuentro. Como nosotros mismos lo hemos denominado, el hábitat para los animales de ciudad: gente que trabaja y que vive en la ciudad y que, de vez en cuando, necesitan un respiro.

Por eso el espacio que nosotros tenemos, que es un parque lleno de árboles y zonas verdes, representan ese momento de escapada dentro del ritmo que tiene por norma una ciudad tan histérica como Madrid. Creo que a la gente le gusta poder disfrutar con la familia de bandas que les encanta (y con familia me refiero a la familia de la industria y de la noche como también a la familia que todos tenemos) y, obviamente, lo que suelen destacar es la comunión entre la música y el entorno. Algo muy importante y que nosotros defendemos mucho es que el festival de mediano formato nunca supere el aforo del recinto, que son 8.000 personas, uno de nuestros objetivos es ese. Ya veremos cómo nos apañamos de aquí al futuro. La gente valora mucho esa comodidad.

Mucha gente de Sevilla viaja en mayo a Madrid sólo para asistir a Tomavistas

Sí, estamos recibiendo a mucha gente de fuera, que igual compensa lo que comentaba antes de que la gente que se va fuera a otros festivales. Es genial ver cómo cada vez (de hecho, este año estamos valorando todas las ventas que hacemos) recibimos a más gente de todos los puntos de España que puedas imaginar. Viene gente de todos sitios para vivir una experiencia. Madrid es increíble, está genial y, oye, está muy guay que la visita a Madrid anual para la gente de fuera se llame Tomavistas. Nosotros encantados de la vida porque nos gusta que venga gente a vivir una bonita experiencia, que es la que nosotros queremos transmitir con Tomavistas.

“Si realmente somos un festival abierto, es porque esperamos que vengan el mayor número de divorciados del mundo y el mayor número de familias del mundo: solo así alcanzaremos nuestro objetivo”

 

La vuestra queda clara y, además, parece que para vosotros tener una en los tiempos que corren es importante. ¿Todos los festivales deberían tener su marca?

Sí, yo creo que todos los festivales deberían trabajar por tener su propia marca y distinguirse y especializarse en ofrecer algo concreto para que el público, antes de asistir, ya sepa más o menos lo que se va a encontrar y lo que va a recibir. No sé si los demás festivales es lo que buscan, pero sí es cierto que, lo busques o no, el público, en el fondo, es el que decide, asocia y crea la marca.

Hay que estar muy atento y escuchar mucho a tu público para saber qué te está diciendo. Tampoco es muy fiable el mundo redes sociales porque, al final, no te puedes quedar con todas las opiniones, aunque estamos encantados de lo que leemos en ellas. El público es el que manda y hay que ver qué siente. Nosotros tenemos suerte porque, al fin y al cabo, estamos teniendo muy buenas señales del mundo exterior y la sensación que tenemos es que la gente está entendiendo Tomavistas como una marca, como un concepto que al final haces tuyo.

“A medida que hemos ido creciendo en la contratación (y teniendo unas miras más altas), nos hemos dado de bruces con la realidad que es contactar con bandas internacionales, teniendo en cuenta la competitividad y ciertas maneras de trabajar de determinados promotores en este país”

¿En qué momento surge la idea de montar el Tomavistas? ¿Cómo llegásteis a decir: “por qué no montar algo así en Madrid?

Nosotros somos tres socios (Willy, Imarú y yo) que coincidimos en una época anterior: yo trabajaba en el Día de la Música, en el festi que se hacía en el Matadero (estuve trabajando durante cinco años ahí), donde comenzó todo esto de la pasión por montar un festival, todo empezó trabajando para otros festivales. Coincidimos en una de estas ediciones, ellos montaban un stand con la tienda UFI y, poco después, les encargaron para su propia agencia, que se llamaba Convenience, una acción para una marca con un ciclo de acústicos en Mercados y me contrataron para ayudarles con el booking. Fue allí donde hicimos amistad.

Un poco después de aquello nos surgió la oportunidad de hacer una programación musical en el Hipódromo de la Zarzuela y, en ese momento, en la primera visita que hicimos, nos dimos cuenta de que aquel era un espacio increíble para montar un festival. Decidimos hacerlo, montar un festival de la nada, en un lugar un poco apartado del centro pero en Madrid. Aquella experiencia fue la primera y no salió ni muy mal ni muy bien, es decir, nos dio la suficiente motivación como para sentir y saber que aquello teníamos que repetirlo para hacerlo un poco mejor. Poco a poco, entre los tres, fuimos diseñando esta experiencia que nos ha llevado a esta (casi) cuarta edición. Tal como va la cosa, pensando en la quinta ya, en el 5º Aniversario.

De cara a esta cuarta edición. ¿Cuál es para ti el gancho de Tomavistas 2018? ¿Cuál es el nombre que venderá más entradas?

¡Uf! Pues no lo sé. Yo creo que se llama Tomavistas y que Tomavistas por sí solo, ahora mismo, ya es una marca que está reconocida y vende. Obviamente, si quieres te puedo decir que a mí el hecho de que estén The Jesus And Mary Chain en el cartel creo que es el mayor reclamo de la historia del festival, que yo (un poco) relacionaría con el que tuvimos el año pasado con Goldfrapp, pero más todavía porque es un grupo mucho más clásico que aúna a muchas generaciones. Creo que es ese grupo reclamo de esta edición.

A nivel nacional resaltaría La Casa Azul porque, además, Guille está queriendo sacar su nuevo disco desde hace mucho tiempo y hay muchas expectativas, es como ese regreso que mucha gente está esperando. Pero claro, no nos podemos olvidar de Superchunk, que es un grupo que no toca en Madrid desde hace 25 años; ni de El Columpio Asesino, que es uno de los grupos que reciben mucho cariño del público, es un grupo que siempre cae bien. Pero ya te digo, es todo. Creo que tenemos un cartel muy completo este año.

“Hay una figura en cuanto a grandes festivales que hay ahora en Madrid, que no son muy empáticas con el resto de promotores y festivales”

 

Esto que dices de los números se relaciona con el momento en que tienes que decidir qué corte tendrá tu festival. Los nombres del cartel de un festival hablan de los números que se van hacer. Pero olvidemos los números y quedémonos en el romanticismo. Para ti, ¿cómo es la idea de festival romántico? ¿A qué grupos llevarías si pasaras de la venta de entradas?

Pues hasta ahora he tenido la suerte de hacer el festival que más o menos he querido. Teniendo en cuenta que siempre ha habido que valorar un crecimiento. No somos un festival de en la primera edición tirar la casa por la ventana y decidir (aunque sepas que sueñas con contratar a PJ Harvey) que no puedes hacer según qué cosas en las primeras fases de vida de un festival. Ese sería uno de mis ideales. Sonic Youth sería para mí un sueño. Hay cosas que se pueden hacer, otras que no. Lógicamente, juntar a Sonic Youth a estas alturas creo que sería bastante complicado.

Tomavistas puede considerarse un festival joven. Pero también creo que ya camina solo y que puede decir que tiene un público que lo reconoce y lo busca. ¿Tomavistas lo ha tenido fácil o difícil al salir del típico arrancón fuerte de su primera edición?

Pues lo hemos tenido muy difícil porque hasta que consigues convencer a público, a medios, a patrocinadores, a instituciones públicas (como el Ayuntamiento de Madrid)… incluso a tus propios socios, convencernos entre nosotros mismos de que estamos trabajando en una línea sólida… cuesta muchísimo, teniendo en cuenta cómo está el país y la cantidad de festivales que hay. Es decir, es muy complicado que se den todos los factores para que la gente te tome en cuenta y en serio. Ya te digo, cuatro años luchando con todo y muy fuerte, la verdad es que a veces uno termina agotado de tanto currar y de tanto intentar convencer a la gente de que estamos haciendo algo chulo y que merece ser vivido. Tenemos todavía mucha energía, y sí es cierto que este año las cosas se están poniendo un poquito más de cara.

“El gran gancho de esta edición se llama Tomavistas, el festival es por sí solo es una marca que está reconocida y vende”

 

¿Madrid es un buen sitio para montar hoy día un festival?

(Risas) Creo que no. Bueno, hay una cosa buena de montar un festival en Madrid y es que tenemos muchísimo público. Obviamente, si montas un festival en Soria, lo tendrás más jodido porque no vas a tener tanta cantidad de público potencial. Aparte ser la capital y estar en el centro, bien ubicada respecto a toda la Península, puede venir gente fácilmente de cualquier sitio. Pero el público madrileño es muy particular, entre exigente, acomodado y acostumbrado a ir a festivales fuera de la ciudad.

En Madrid hay gente a la que le interesa mucho más ir al Primavera Sound, o al Vida Festival, o al Sónar, que están en Barcelona y, por lo tanto, ir conlleva una inversión de viaje… El público madrileño tiene eso de viajar a los festivales y que se lo pongan cerca no es algo muy alentador para este público.

También, como históricamente no ha habido muchos festivales en Madrid y es desde hace un par de años cuando comenzamos a verlos, la gente está más acostumbrada a disfrutar de este tipo de ocio fuera de la ciudad. La poca experiencia que había en Madrid en cuanto a festivales, salvo el Día de la Música (hace muchos años), provocaba una queja general, la gente decía: “coño, es que para ir a un festival me tengo que ir fuera”. Poco a poco, parece que la gente va entendiendo que ir a un festival con el que puedes dormir en casa y, por lo tanto, ahorrarte un dinero, pues es una ventaja. Pero todavía les cuesta, les cuesta bastante venir a los festivales que se hacen en Madrid.

El que monta un festival es porque, primero, le apasiona la música. Pero después de todos los quebraderos de cabezas que arrastra levantar un festival, ¿merece la pena económicamente?

A nivel inmediato no. De hecho, nuestro festival es un festival de inversión privada, de nuestro bolsillo. Y salvo la colaboración puntual de algún patrocinador, el riesgo es muy grande, ya que no tenemos cuentas bancarias repletas de dinero. Es cierto que parece que este año hay una línea de subvenciones en Madrid: por primera vez en la historia de esta ciudad se darán subvenciones a festivales de música, hasta hace cuatro meses esto no existía, al menos a nivel subvención pública, transparente -otra cosa es que lo que no es público o transparente y que se le pueda estar dando a otros festivales-. Esas subvenciones no son de una cuantía desorbitada pero algo nos ayudará. Y luego, esperar vender muchas entradas y que la gente beba mucha cerveza en el festival (risas), ese es nuestro modelo de negocio.

“Creo que no hay gente oscura y tramposa de nacimiento, sino que igual las circunstancias a mucha gente le llevan a hacer movimientos un poco chungos y perjudiciales para los demás”

 

¿Cuál ha sido la edición, ya no tanto por la acogida como por los sentimientos que te produce recordarla, que más te ha convencido?

Yo me quedo con la de 2017. La de 2016 estuvo muy bien, pero también nos encontrábamos todavía cogiendo carrerilla y nos quedamos como a medias. Tuvimos una sensación agridulce en 2016, porque creo que nos quedamos a medias en muchas cosas. 2014 es la edición romántica, la primera, y la recuerdas con mucho cariño pero también es cierto que, una vez que van pasando las ediciones, te quedas con momentos muy buenos pero igualmente te quedas con ese espíritu autocrítico que nos dice la cantidad de cosas que podríamos haber hecho mejor.

En ese sentido, el año pasado (casi, casi) salimos con esa sensación de hacerlo todo como queríamos, aunque todavía nos faltaran cosas. Creo que va creciendo y este año, sin haberse celebrado todavía, tengo muy buenas sensaciones. Pero ya te digo, la edición que más sensaciones positivas me produce es la del año pasado, sólo por haberme hecho ver a grupos que admiro. Soñaba con hacer algo como lo que hicimos en 2017.

¿Tienes alguna espinita clavada: alguna banda que hayas querido meter en Tomavistas y aún no lo hayas conseguido?

Entre el año pasado y éste hemos acumulado una gran cantidad de espinitas clavadas, algunas complicadas de aceptar, ¿sabes?, porque también es cierto que, a medida que hemos ido creciendo en la contratación (y teniendo unas miras más altas), nos hemos dado de bruces con la realidad que es contactar con bandas internacionales, teniendo en cuenta la competitividad y ciertas maneras de trabajar de determinados promotores en este país. Son muchas espinas, no puedo decir una en concreto porque no acabaría, tengo muchas; además, creo que vamos a tener más a medida que vayamos creciendo.

Pero bueno, ya sabemos que son las reglas del juego y que hay que trabajar con mucho tiempo, sobre todo el tema internacional, a los agentes hay que covencerles, hay que hacerles entender que Tomavistas es un festival en desarrollo que potencia mucho las carreras de las bandas y que da un trato excepcional a los artistas. Poco a poco iremos sacando todas las espinitas que nos hemos ido clavando por el camino.

“El público madrileño es muy particular, entre exigente, acomodado y acostumbrado a ir a festivales fuera de la ciudad”

 

Entre músicos existe un hermanamiento casi incondicional, al menos de cara a la galería. En el mundo de los promotores no tanto, este se presenta como un espacio más competitivo donde cada uno intenta llevarse el gato al agua. ¿Estoy cerca o es cosa mía?

Es así. Pero bueno, es la ley de la oferta y la demanda. Esto es un negocio y cada detalle tienes que medirlo mucho. Si tienes un festival de 50.000 personas y quieres contratar a una banda que te venda 20.000 entradas, te tienes que ir a muy pocas bandas y, obviamente, esas bandas no pueden hacer todos los festivales. En otros países sí pasa, pero también es que España es muy pequeño, está todo a tiro de piedra, entonces la competencia local se está convirtiendo en un gran pulso entre promotores, es complicado, al final se mide mucho cada paso que das y es lógica esa competencia.

También es verdad que podría haber un poquito más de amor (risas), pero me parece que las cosas se están poniendo cada vez más feas en lo que a competencia entre festivales se refiere; feas para nosotros, porque los agentes internacionales se están frotando las manos.

Hablando de relación entre promotores… hace unos días leí la entrevista que le hizo mi compañero Alan a Javi Ferrara donde se habló de Tomavistas. Te leo literalmente: Cuando Alan le pregunta: “¿Hay alguna promotora o promotor con nombre propio que creas que sea competencia directa del tipo de conciertos que sueles organizar?”, Ferrara contesta: “Si tuviera que buscar un “competidor” de Sound Isidro me cuesta más, porque no es un festival de un fin de semana ni al uso, es un concepto distinto, pero quizá, y por fechas y algunas cosas compartidas en la política de artistas que llevamos, quizá sea el Tomavistas el competidor más cercano. Ha habido algún roce en algún momento, pero, a día de hoy creo que ya no”.

(Risas) La palabra competencia no me gusta. No sé si la dice Ferrara o lo sugiere la pregunta. Creo que no es competencia, pero sí es cierto que coincidimos en muchas cosas. Parece ser (y tengo la sensación de que) Ferrara tiene unos gustos muy parecidos a los míos. Entonces, obviamente, cuando haces una programación vas a coincidir. Pero vas a coincidir con Ferrara, y vas a coincidir con más gente en Madrid, lo que se convierte en una cantidad de apuestas que tienes en la cabeza que van muy al lado de los demás.

En cuanto a lo que dice de los roces, bueno, no considero que hayamos tenido demasiados roces. Sí que hemos hablado varias veces y en ocasiones no nos hemos entendido demasiado bien. También es cierto que hay una filosofía detrás de cada una de las apuestas (de Sound Isidro y de Tomavistas) que no están correlacionadas. Digamos que hay unos avales detrás de cada uno de los proyectos que no son los mismos. Me refiero a avales financieros y económicos. En el fondo hay buena relación y siento que en ese sentido no hay ningún problema.

“Nuestro modelo de negocio es vender muchas entradas y que la gente beba mucha cerveza en el festival”

 

Después vuelve a nombraros diciendo: “Ojalá en la puta vida nadie jamás compare ni el Ferrara Fest con el Tomavistas. El Tomavistas es un festival fantástico, en realidad… pero para divorciados y padres con niños. Todos tenemos que tener un target, un nicho (ríe). No, pero fuera de coña, a mí los que organizan el Tomavistas me parecen buena gente y es un festival que, a pesar de las diferencias que pueda tener, hace las cosas a su manera y lo sacan adelante”.

(Risas) Me lo tomo como una broma, la verdad, y en el caso de que no lo sea tampoco veo ningún problema. Yo quiero un festival en el que quepa todo, entonces, obvio, somos promotores valientes. ¿Por qué los divorciados no van a poder ir a un festival? (risas) Si realmente somos un festival abierto, es por eso: esperamos que vengan el mayor número de divorciados del mundo y el mayor número de familias del mundo porque así, se supone, alcanzaremos nuestro objetivo.

Respecto a la segunda parte, que creo que es muy positiva (es algo de agradecer), es justo donde coincidimos: somos promotores valientes y somos gente en Madrid que, teniendo en cuenta la cantidad de problemáticas que tenemos con las grandes promotoras, tenemos casi los mismos problemas, como que entramos (ahí es donde justo veo la comunión) en los mismos riesgos.

“Todos los festivales deberían trabajar por tener su propia marca y distinguirse; y para que el público, antes de que salga el cartel, sepa más o menos lo que se va a encontrar y lo que va a recibir”

¿Tienes nombres de promotores que (para ti) hacen las cosas bien, gente a la que admiras y que te sirve de referente?

Sí, Dani Poveda del Vida Festival es una persona a la que tengo muy en cuenta, porque además lleva muchísimo tiempo y no sólo con el Vida, sino con el otro que hacía previamente, el Faraday. La evolución a nivel de programación y a nivel de gusto y estilo a la hora de hacer programaciones es muy llamativa. Dani es una persona a la que valoro y respeto y es habitual sin buscarlo deliberadamente  que coincidamos en algunas contrataciones, por ejemplo, nosotros estuvimos valorando contratar a St. Vincent y nos retiramos porque se nos iba de presupuesto, me encanta que al final toque en el Vida, es un gran acierto en mi opinión. Yo diría también que le tengo mucho cariño y respeto a gente como Rami Molinero por todo lo que está haciendo en Miranda de Ebro no solo con el Ebrovisón.

“En ocasiones, Javi Ferrara y yo no nos hemos entendido demasiado bien. Pero ambos somos promotores valientes y, teniendo en cuenta la cantidad de problemáticas que tenemos con grandes promotoras, corremos casi los mismos riesgos”

 

¿Hay mucha gente oscura dentro de los festivales?

Creo que, por naturaleza, no (risas). Creo que no hay gente oscura y tramposa de nacimiento, sino que igual las circunstancias a mucha gente le llevan a hacer movimientos (sin tratarse de una estructura total) un poco chungos y perjudiciales para los demás. Hay una figura y un concepto (en cuanto a grandes festivales) que hay ahora en Madrid, que no son muy empáticas. Creo que es muy bueno hacer un festival y ser empático con el resto. Al fin y al cabo se trata de gente que se dedica a lo mismo que te dedicas tú.

Creo que a algunos festivales les falta empatía y el hecho de que les falte empatía, igual puede parecer que van un poco a joder, básicamente. Pero ya te digo, nunca sé si hay intencionalidad detrás de eso o simplemente es una cuestión de mirarse mucho el ombligo. Yo soy psicólogo, entonces tampoco puedo decir con rotundidad que una persona haga algo a conciencia para joder a los demás, así en plan sociópata. Habría que estudiar profundamente cada caso.

¿Con qué adjetivo calificarías a la industria discográfica actual?

La industria discográfica está muy difuminada; quiero decir, no es lo de antes. Antes había sellos muy característicos que veías muy activos y que siempre estaban sacando cosas. Ahora todo está muy difuminado, aunque hay casos destacados como el de Sonido Muchacho o Miel de Moscas. Hay muchos grupos que funcionan y triunfan sin discográfica; hay muchas discográficas que antes tenían veinte referencias y ahora tienen tres; hay muchas discográficas que se reinventan; muchas que desaparecen; otras que empiezan… No sé, vivimos un momento en que priman más las agencias de management y de booking que los propios sellos. Ahora mismo creo que no es el momento de los sellos si no conlleva un trabajo de 360º en el que controlen todo lo que pasa con las bandas.

¿Te ves dentro de veinte años al pie del cañón como promotor?

¡Es que yo tengo ya muchos años!

No tienes tantos…

Veinte años para mí son muchos. Dentro de veinte años me encantaría estar retirado en la montaña, igual dentro de diez, y no con el dinero que gane en Tomavistas -si algún día gano algo- sino básicamente por mi salud y por cortar con todo esto ya (risas). Entonces, veinte son muchos, hablemos de diez, dentro de diez años me encantaría verme haciendo Tomavistas e igual, ya en ese momento, podría pensar en retirarme o algo así. Sí es cierto que mi apuesta personal, ahora mismo, es el festival. Tengo otras cosas en mi vida, pero el festival me quita muchas cosas del día y sí es verdad que muchas veces pienso sobre hasta dónde me llevará todo esto.

“A veces uno termina agotado de tanto currar y de tanto intentar convencer a la gente de que estamos haciendo algo chulo y que merece ser vivido”

 

Ahora que nacen y mueren festivales como si nada, ¿qué esperanza de vida le adivinas a Tomavistas?

Yo creo que va a durar tiempo, sobre todo porque se ha anclado muy bien. Las tres personas que hacemos el festival tenemos muy claro cómo ha sido el crecimiento, hemos sido muy conscientes de todo lo que ha pasado, entonces creo que si vamos cerrando las cuatro o cinco cosas que nos van faltando, Tomavistas será un festival que funcione sin problema. Eso sí, no sé lo que pasará en el futuro, pero la sensación que tengo es que sí que es un festival que puede durar mucho tiempo.

¿Habrá algún cambio en el funcionamiento del próximo Tomavistas?

En principio, los horarios los estamos cerrando, pero creo que van a terminar siendo los mismos de siempre. Vamos a tener dos escenarios, eso seguirá igual que en otras ediciones. Sí es posible que el escenario 2 lo cambiemos de ubicación, aunque eso ya no depende de nosotros, sino del Ayuntamiento. En general, todo será bastante igual. Lo que sí cambia es que vamos a dos días (las últimas ediciones han sido de tres días, incluido el domingo), este año reducimos el festival a viernes y sábado, es un poco la gran novedad de este año.

“Sería un sueño poder programar a PJ Harvey o Sonic Youth en el festival algún año”

 

Antes era tú el que preguntabas. ¿En qué momento dejas de hacer preguntas para responderlas?

¡UF! Hice muchas entrevistas en mi época en Mondo Sonoro hace años. Me encantaba hacer entrevistas porque hacía lo que estás haciendo tú ahora: investigar, meterte en el personaje, intentar sacarle esas partes que más o menos crees que tienes las respuestas pero no y, al final, recibes muchas sorpresas… La verdad es que he disfrutado más haciendo entrevistas que contestándolas porque, en el fondo, contestándolas tienes esa tensión de realmente si es interesante tu discurso o no. Prefería hacerlas. Y dejé de hacerlas porque tuve que dejar paso a otras cosas y sí que es cierto que, después de mucho tiempo, acabas un poco en la otra parte, pasando tanto a la parte del entrevistado, que al final lo que quieres es vivir esa otra parte. Quise estar en el otro lado, en el mundo de la farándula y ahí me he quedado.

José Gallardo