27 septiembre, 2017. Por

Jorge Drexler

Cuanto más se limita, más se libera: hablamos con el uruguayo sobre ‘Salvavidas de hielo’
Jorge Drexler

No parece un campo de batalla, pero lo primero que hace Jorge Drexler al darme paso a su estudio del madrileño barrio de Chueca es disculparse: “tenemos todo tirado porque hemos estado ensayando para la gira”. No entendáis ‘estudio’ como una pecera con una mesa de control del otro lado. Su estudio es una casa antigua, bonita, amplia pero sin grandilocuencias, con un escritorio en una sala aledaña, donde se sienta e invita a sentarme.

Esa constelación lírica y ese imaginario mixto que plasma en su cancionero desde que hace 25 años se puede ver en los libros que le rodean en dicha sala: de Leonard Cohen a Santiago Auserón o el Arte Pop; libros en inglés o en español, indistintamente, y una especie de brebaje con forma de té que se sirve antes de empezar a contestarme las preguntas que le hago con motivo de la salida, hace solo unos días, de Salvavidas de hielo (Warner Music, 2017), un disco que grabó que suena polifónico pero que, sin embargo, grabó solo con las posibilidad sonoras que le daba una guitarra.

Cataluña, ideario político, referentes discursivos, reggaetón o la deriva de la canción popular fueron algunos de los temas que tocamos durante casi una hora de charla.

“No me gusta el panfleto; me pido siempre el beneficio de la duda, o incluso de la ignorancia: hay temas políticos muy candentes de los que, sinceramente, no sé lo que pienso”

 

La historia lo ha querido así, pero en Movimiento, la canción que abre el disco, dejas frases como “yo no soy de aquí, pero tú tampoco” o “si quieres que algo muera, déjalo quiero”, que viendo el contexto político actual, con todo el tema de Cataluña, pueden tener una lectura política. ¿Te gusta o te molesta que una coyuntura pueda redimensionar un discurso que quizás en un principio no iba tan dirigido a esto?

Cuando uno escribe una canción en realidad construye un algoritmo; no un producto definitivo cerrado. Algunas quizá más que otras, porque algunas están más cerradas y son más explícitas. Pero en el caso de Movimiento la historia y el paso del tiempo la va resignificando. A mí me gusta escribir ese tipo de canciones, casi combinatorias, que se van combinando con el devenir de los acontecimientos. Yo trato de dejarlas armadas como un prisma, que tenga diferentes colores, y dependerá de lo que pase y de la perspectiva con la que te acerques al prisma para darte más o menos cuenta de ello.

Pero hay otras, como Pongamos que hablo de Martínez, tiene un destinatario claro, que es Joaquín Sabina. Aunque incluso ahí hay frases como “quiero que sepas que el regalo que me hiciste me cambió la vida entera” también es muy abierta: las personas tendemos a recontextualizar en nuestro propio contexto cualquier frase. O en Asilo, que es un pedido de asilo sentimental, puede resignificarse en un pedido de asilo político.

La canción es un género muy curioso: lo que toca a una persona de una canción y la deja atravesada muchas veces es una frase, una inflexión, una palabra, algo que estabas necesitando para que pienses que está hablando de uno.

Me mencionas ejemplos con lecturas políticas. Sin embargo, no se puede decir que seas un compositor militante político. ¿Te genera molestia que la gente posicione tus frases en torno a un discurso político concreto?

La apropiación puede ser de muchas maneras: si alguien se apropia de una canción porque la usa como nana para dormir a su hijo me parece maravilloso; pero si alguien la usa en una campaña de publicidad sin pagarte o en un mitin político sin consultarte me parece mal.

Yo tengo un alto respeto por la política: me encanta, leo mucho sobre política, pero no me interesa para nada la política partidista. Entiendo que es necesaria, como también es necesario que haya bomberos o un departamento de oncología pediátrica, y me parecen héroes en algunos casos (incluso hay políticos -pocos- que también me lo parecen); pero me alegro no tener que hacer yo esos trabajos: hay trabajos que no sabría cómo hacer. No puedo sentirme más distante de la política partidaria, nunca se me pasó por la cabeza.

“Yo no sabía que existía la lengua catalana hasta que escuché a Serrat cantar en catalán. No se me ocurre nada más catalán que Serrat en mi imaginario”

 

No te gusta ponerte la camiseta de nadie.

No me gusta el panfleto; me pido siempre el beneficio de la duda, o incluso de la ignorancia: hay temas políticos muy candentes de los que, sinceramente, no sé lo que pienso. Pienso muchas cosas diferentes, son temas muy complejos, y muchas veces no sé qué decir. Por otra parte, ¿a quién se le ocurre que un tipo que tiene cierta facilidad para estructurar versos con melodías puede estar opinando sobre la crisis catalana?

Bueno, mira el caso de Joan Manuel Serrat estos días, que por decir que el referéndum le parecía una pantomima lo están lapidando los grupos catalanistas…

Pero en su caso tiene sentido que opine: ES el gran catalán por antonomasia, yo no sabía que existía la lengua catalana hasta que escuché a Serrat cantar en catalán. No se me ocurre nada más catalán que Serrat en mi imaginario. Él quizás sí que sentía que tenía que opinar; como me pasa a mí con temas que me tocan de cerca, como lo que pasa en Uruguay o el conflicto israelí-palestino: hay muchas veces que no puedo no opinar, aunque incluso ahí hay veces que tendría que no opinar, porque mis opiniones son irrelevantes. Es como si editara un libro de cocina: podría hacerlo, hay editoriales que seguro que lo querrían publicar porque saben que tengo un público y cierto bagaje en el arte de hacer canciones, pero no quiere decir que vaya a ser solvente como cocinero.

“Es mucho más arriesgado para el músico hacer un Facebook Live que un concierto”

 

En el disco sólo suenan guitarras, aunque en muchos momentos parece que suenan una enormidad de instrumentos. ¿Cómo te surgió la idea de ponerte un límite, de jugar a ese juego de la construcción de canciones solo usando guitarras?

(Piensa un rato) Estoy intentando pensar cuándo fue eso. Posiblemente de la época cuando usaba el pedal de sampleado en vivo, cuando me grababa loops no sólo de riffs de guitarra sino también golpeando la caja y haciendo ritmos de percusión. Eso fue en 1999, cuando grabé el disco Frontera. Lo usé muchos años, hasta que se convirtió en un sello de mi sonido y me cansé, como me canso de todos los sellos en general.

Hace muchos años que fui juntando un archivo de sonidos de guitarra para usarlo en programaciones. Pero sobre todo me gustaba mucho la idea, muy irónica por otro lado, de hacer un disco con las herramientas básicas de la canción de autor pero que no suena a un disco de guitarra y voz de cantautores, sino que utilizo las herramientas de manera no-tradicional. Esas paradojas me gustan mucho. Como también es muy paradójico el título del disco: vale, sí, está la palabra “salvavidas”, pero es de hielo, flota por un tiempo limitado nada más.

En la nota de prensa Antonio Escohotado decía que eras “un cantautor en la antípoda de los otros cantautores”, que de alguna manera es a lo que dices que jugaste al hacer un disco de esta forma. ¿Tú te ves así, como un anti-cantautor que sin embargo sí es un cancionista?

El mismo Escohotado te diría que la definición por la negativa no dice nada, es una no-definición. Por respeto al género de la canción de autor, además: tengo grandes amigos en ese circuito, que se identifican como cantautores, y hacen cosas que me encantan, pero a mí personalmente no me gusta la definición de cantautor. Es muy increíble que en los trabajos que tienen un pie mediático hay cosas de las que no te puedes despegarte; del mismo modo que hay cosas a las que te quieres pegar y es imposible que te peguen. Yo hice un esfuerzo por despegarme de esa etiqueta, incluso.

“Pertenezco al gremio de los cancionistas, que es mucho más grande que de la canción de autor: entran artistas que se consideran a sí mismos cantautores como Pedro Guerra o Ismael Serrano; pero también entra Björk, que nadie la considera cantautora; o Maluma, que trabaja con texto”

 

No quieres pertenecer a ningún gremio o subgremio…

No tengo problema de pertenecer a un gremio, en realidad. Pertenezco a uno: el de los cancionistas, que es mucho más grande que de la canción de autor. Ahí entran artistas que se consideran a sí mismos cantautores, como Pedro Guerra o Ismael Serrano; pero también entra Bjork, que nadie la considera cantautora; o Maluma, que trabaja con texto y hace canciones. Entra gente que tiene que ver con uno y gente que no. Sí que tengo unas normas de ontología profesional básica con los colegas.

No me gusta cuando sale un artista hablando mal de Ricardo Arjona o de Maluma, y casi que te piden que te sumes a esas declaraciones. El enemigo no es un colega que hace canciones que no te gustan: el enemigo son los que fabrican minas antipersona, las empresas que tiran al río los desechos sin procesar, la industria del plástico a pesar de que hay una isla del tamaño de Texas en el Pacífico. Pero no un colega que llena un montón de teatros y no te gusta y estás enojado. Cada persona es libre de gastarse la plata en ir a ver a quien quiera. Me parece mejor eso a que se la gastan en armas.

“El problema no es a quién salva un ‘salvavidas de hielo’: el problema es la definición de vida”

 

Meterte en todo este proceso de construir el sonido de las canciones solo con guitarras, y tu identificación con el “arte de trovador” y el sonido de discos como The Mechanics of Destruction de Matthew Herbert (un disco instrumental de canción protesta), ¿dejan entrever que tienes cierto ánimo de reaprender tu oficio de cancionista?

Mi identificación con el arte trovadoresco es porque me parece maravilloso: la tradición de la persona que se auto-acompaña y que canta y comunica y cuenta historias me parece maravillosa y me siento parte de eso. Pero en este caso es un poco paradojal porque no es un disco que suena a guitarra y voz. Pero sí es cierto que el disco tiene algunos códigos temáticos que pueden ser más trovadorescos que otros discos míos. No sé muy bien qué significa el arte trovadoresco hoy en día.

“No me gusta cuando sale un artista hablando mal de Ricardo Arjona o de Maluma. El enemigo no es un colega que hace canciones que no te gustan: el enemigo son los que fabrican minas antipersona o las empresas que tiran al río los desechos sin procesar”

 

¿Sigue existiendo?

Sí. Basta con salir a caminar por Madrid un jueves a la noche, por La Latina o Lavapiés, y verás a un montón de gente en la calle con una guitarra contando historias. Pero para mí todos los géneros tienen una parte de esa definición que es de un narcicismo excluyente. Como pasa con los nacionalismos. Muchas veces los cantautores se definen a sí mismos como si fueran un género mayor, posicionándose por encima del resto.

En México, por ejemplo, el 99% de la canción de autor es canción romántica, en realidad; y el 1% restante, que quizá es canción política, deriva de la canción romántica aunque con un aire a lo Benedetti. A mí me parece genial que se siga cantando sobre el amor, el miedo, la guerra: son temáticas centrales. Pero por cantar a otras temáticas no eres un esclarecido de la pureza, y a veces se peca de eso. Me suena igual de pelotudo que los judíos ortodoxos súper religiosos.

Siempre citaste un disco que consideras una inspiración total en tu obra, que es Mateo solo bien se lame, de tu compatriota Eduardo Mateo. Quizá en este disco, por usar códigos parecidos y una economía de medios mayor, se vea más explícitamente esa conexión. ¿Lo ves así?

Me lo dijeron un par de veces en este disco. Yo no lo había notado, pero me llena de alegría que la gente vea eso. Cuando trabajas solo con guitarra hay una cosa que hay que asumir: va a sonar a madera. Pero en un principio la intención no era sonora, sino ética: por llevar la contraria nada más. La oferta de todo hoy en día es ilimitada, y la idea era romper con el canon de la obsolescencia programada: no terminas de utilizar nunca un objeto completamente.

Basta ir a países como Cuba para ver que la gente con escasez material usa todo, y cuando se rompe se vuelve a arreglar. Nosotros tenemos la mala costumbre de antes de exprimir una variable, saltamos a otra. En Spotify es muy raro encontrarte a alguien que escucha un disco entero: escucha una canción y a la segunda el algoritmo te está ofreciendo asociaciones. Es muy difícil tener disciplina hoy en día, y por eso me apetecía ponerme ese límite. Stravinsky decía: “cuanto más me limito, más me libero”. La libertad es un concepto fractal: no tienes más libertad creativa si tienes 4 lápices o 64 en una caja: sólo tienes más colores. La paleta de Miró es una paleta muy reducida y nadie lo puede acusar de falta de libertad o de creatividad.

“Si el reggaetón es ‘malo’ la culpa es nuestra, del resto de compositores”

 

Hay varias canciones en las que tratas mucho la relación entre los procesos industriales y la belleza: canciones como Todo se transforma, Disneylandia o ahora Movimiento o Telefonía. ¿Por qué recurres tanto a ello?

Me aburren mucho los esquematismos: tener que decir que el teléfono es malo y el libro es bueno; que la guitarra es buena y el ordenador malo para hacer música…

Como si fueras menos artista…

Sí, muchas veces me han preguntado que por qué utilizaba el ordenador para hacer canciones si sé tocar la guitarra. Me aburre mucho la gente que tiene visiones unidimensionales de cómo son las cosas. Ese tipo de visión ideal de la realidad no lo comparto. Escohotado decía que “la realidad de lejos es clara, pero de cerca es terriblemente densa”. Y es bueno que las cosas de cerca tengan matices. Los automatismos unidimensionales los identifico con la ignorancia.

“Canciones como ‘Despacito’ son maravillosas: hablan de algo muy hermoso, que es el hecho de amar con lentitud”

 

En esto también entra la idea de que “el reggaetón es malo”. Antes me mencionaste a Maluma. Tú, como explorador de la canción popular desde siempre, ¿consideras que el reggaetón representa a la canción popular del siglo XXI?

A mí me parece que si el reggaetón es malo la culpa es nuestra, del resto de compositores. No veo ninguna diferencia entre el proceso que está haciendo el reggaetón y el que hizo en su día el blues, el tango, la cumbia… ¡o incluso la zarabanda en las Cortes del barroco! La zarabanda en su momento era acusada de ser obscena, lasciva, de promover conductas reprobables como el machismo. Es evidente que muchas letras del reggaetón son una mierda y transmiten mensajes de mierda, pero hay un punto común con el bajo fondo y con la mala vida, como pasó con el tango, el blues o la samba.

El reggaetón está jugando con uno de los orishas rítmicos más poderosos. Yo tengo una charla TED hecha todo en torno a ese patrón rítmico. ¿Cómo no le voy a tener respeto? El reggaetón lleva el ADN de uno de los patrones rítmicos más poderosos que tiene el mundo desde hace cientos de años, y tiene una fuerza sexual brutal, y genera una cosa corporal que va más allá de lo musical. Yo lo vengo diciendo desde hace años: mientras estamos hablando hay alguien que está haciendo canciones como Despacito, que es una canción que puede gustar o no pero no responde a los cánones habituales. Y dice cosas muy bonitas, dice “te voy a amar con lentitud”; no le está diciendo “te voy a aporrear contra una pared”.

Aún así en algunos lugares se ha perseguido la canción. No sé cómo vives toda la persecución a parte de las letras del pop actual.

Hay casos y casos. Hay cosas que se decían antes y que está bien que no se digan más. El mundo aprende cosas y va madurando Mi generación de facultad, cuando yo tenía 18 o 20 años, había un montón de chistes que se hacían antes y que ahora no podrías contar; y que, la verdad, me parece un signo de evolución: bromas intolerantes, graciosas… que te hacían sentir incómodo pero estabas acostumbrado Y luego, claro, ahora vivo desde hace diez años en el barrio de Chueca y pienso en mí hace décadas y me veo como un tarad riéndome de esas bobadas sin gracia.

Cuando Zitarrosa cantaba: “A la mujer cuando es buena no hay plata con qué pagarle / Pero cuando sale mala no hay palo con qué pegarle”. Y no estaría bien que se siguiera diciendo eso: en aquel momento venía de la manera tradicional del campo, en una época en la que Uruguay era una sociedad feudal donde la mujer y el trabajador rural eran propiedades del patrón; y está bien que haya evolucionado. Hace unos días estuve con Amarna Miller e hicimos un… me parece muy valiente Amarna

“El reggaetón lleva el ADN de uno de los patrones rítmicos más poderosos que tiene el mundo desde hace cientos de años, y tiene una fuerza sexual brutal, y genera una cosa corporal que va más allá de lo musical”

 

¿Hicisteis “un” qué?

(Risas) Hicimos una entrevista con Antonio Escohotado a tres. Hicimos un trío intelectual, en realidad (risas). Amarna decía que hay muchas fantasías sexuales que, vistas desde fuera, pueden parecer hasta vejatorias De hecho, toda una rama de la sexualidad, incluso. En el sexo hay mucho enfrentamiento de energías, se juega a muchas cosas. El límite está en que sea consensuado y entre adultos, pero la gente cuando se encierra en una habitación es libre de hacer lo que quiere. El deseo es una entidad muy compleja, y las decisiones éticas que uno toma requieren a veces de una normativa general.

¿Es a través de esa celebración de “la telefonía y todas sus variantes” que decidisteis romper la cuarta pared y colar a la gente en tu casa con tantas sesiones de Facebook Live? Es raro ver a un artista de tu generación haciendo una campaña que se identifica con gente muy joven.

Me gusta mucho eso de “romper la cuarta pared”. A la gente le está llamando mucho la atención la campaña que hice, pero a mí me parecía mucho más novedoso lo que hacía cinco años en Twitter: utilizarlo como una herramienta de taller poético. O lo que hice para el Guernica, que es una convocatoria para escribir una canción con muchas personas sobre el Guernica. O cuando hice la aplicación N, que creía que todo el mundo iba a estar haciéndolo. Lo que me parece raro es que el Facebook Live no lo use todo el mundo. Lo que pasa es que al músico no le gusta que le metan la mano en las composiciones ni que lo vean en su casa.

Hace unos días hablaba con una cantante muy conocida que me preguntaba si no me daba pudor que la gente me vea sentado en la silla de mi escritorio hablando con la gente, si no tenía miedo de que la gente empezara a contentarse con verme ahí y no fueran a los conciertos. Pero son cosas muy diferentes, no compiten con los conciertos: de hecho, estoy agotando entradas con un ritmo que no me había pasado nunca. Es mucho más arriesgado para el músico hacer un Facebook Live que un concierto: no sales favorecido, te ven en tu dinámica interna, ven tu casa o el lugar que elegiste, te expones a que haya errores de transmisión…

“Como con los nacionalismos, muchas veces los cantautores se definen a sí mismos como si fueran un género mayor, con un narcisismo excluyente

 

De alguna manera sí que sirvió todo esto en redimensionar el “producto” Jorge Drexler. Como hicieron ahora Arcade Fire con su nuevo disco, donde se trata mucho la dimensión de ellos como producto dentro del sistema capitalista.

Si, totalmente. Me parece admirable lo que han hecho Arcade Fire. Yo no podría hacerlo de manera tan organizada, tanto porque no tengo esa infraestructura como porque me cansa. Pero por una cuestión de pudor personal: desde chico que fui muy reservado, no he contado mucho los afectos. He encontrado una manera de ser muy comunicativo sin hablar mucho más, realmente.

Me interesa tanto la comunicación como el género canción en sí mismo. A mí me gusta la idea de que el que está del otro lado de la pantalla se sienta como un igual, porque realmente lo es: cuando uno abre la puerta de su casa estás ejerciendo un acto de desmitificación controlada, que vean cómo toco la guitarra cuando estoy en casa. A mí me resultó increíblemente natural y me tocó.

¿A quién dirías que salva un Salvavidas de hielo?

Salva a todo el que lo utilice, pero no lo salva para siempre. Es que lo efímero no quita sustancia a las cosas: todo el mundo entiende el valor de la vida, y a nadie se le ocurre pensar que es eterna. La vida tiene un valor muy alto e intentamos vivir lo mejor que podemos pero todo el mundo sabe que es finita. Lo finito no quita trascendencia a las cosas. No hay otro tipo de salvavidas que el de hielo: todas las cosas a las que nos agarramos son efímeras. El problema no es a quién salva: el problema es la definición de vida. Vivir de espaldas a eso significa perderse la posibilidad de celebrar, de brindar porque cada momento es el mejor que hay.

Gira española
28.10: Girona. Auditori de Girona
02.11: Bilbao. Teatro Arriaga
11.11: Castellón. Auditorio y Palacio de congresos
17.11: Palma de Mallorca. Trui Teatre
01.12: Valencia Auditorio del Palau de les Arts Reina Sofía
13 y 14.12: Madrid. Teatro Nuevo Apolo
15.12: Murcia. Teatro Circo
27.01: Barcelona. Gran Teatre del Liceu
16.03: Santa Cruz de Tenerife. Auditorio Teobaldo Power
17.03: Arrecife. Sala Teatro Atlántida
18.03: Las Palmas de Gran Canaria. Auditorio Alfredo Kraus

Jorge Drexler