20 febrero, 2017. Por

Joe Crepúsculo

La vanguardia de lo popular
Joe Crepúsculo

Quizá la música para adultos de Joe Crepúsculo al principio había gente que no podía comprenderla. Sin embargo, el alter ego de Joël Iriarte se convirtió con los años (y van casi diez) en un icono del pop electrónico estatal: muchas de sus canciones son algunos de los himnos más reclamados por el circuito para darse un empacho de festividad y sudor a raudales, y su presencia en salas y festivales es prácticamente ineludible.

Ahora, Joe Crepúsculo regresa con Disco Duro (El Volcán Música / Ópalo Negro, 2017), un álbum más fino y perfilado, en el que el catalán baja la velocidad de su ritmo pero sigue imponiendo himnos imperecederos, abriendo un debate sobre lo nuevo y lo viejo. Para ello, pasa de ser “el tío del organillo” a un potencial “crooner casposo”.

Hablé con él de todo ello en el Bar Marbella, una tasca a pocos metros de Tirso de Molina, entre el sonido de la tragaperras, los vasos de cerveza doble chocando contra el cristal de la barra y el olor a corteza frita.

 

Notodo: Me da la sensación de que hay momentos menos bakalas, menos verbeneros que en tus últimos discos. ¿Fue premeditado? ¿Había una intención de bajar unas marchas?

Joe Crepúsculo: Sí, un poco sí. La diferencia de bpms es bastante acentuada. Fue intencionado: quería probar el bajar la velocidad porque tenía la sensación, y al final estaba en lo cierto, de que rebajando el ritmo podía ganar en otros aspectos. Cuando vas tan rápido pierdes algunos detalles. Aun así hay canciones que son bastante rápidas; pero sí que el disco suena más lento. No creo que sea porque me esté haciendo mayor [risas]. Creo que ahora las canciones tienen más groove, más swing.

NTD: Que tenga más groove, como dices, ¿tiene que ver con que has estado escuchando músicas que suenan mucho ahora como el trap, el r&b, el urban americano?

Joe: Tiene que ver, también, Yo intento estar siempre informado y saber lo que pasa. Parte de mi trabajo como músico es escuchar lo que se hace tanto en España como fuera. Y estos que mencionas son estilos que son muy importantes a nivel social y de masas: vas a un instituto y están todos los niños con los móviles escuchando trap. No sé si va a tener vigencia o si es algo que se va a acabar pronto, pero ahora mismo llevamos uno años en los que es lo que está pasando.

Y por otro lado me gusta escuchar ese tipo de cosas. Sí que no me veo rapeando, pero me gusta la idea de estar cogiendo detalles de ese sonido de ahora, tan contemporáneo.

Decir que hago pop me ha ayudado a poder decirle a mi familia qué música hago

NTD: Sin embargo, hasta ahora no invitaste a ningún rapero a colaborar en tus discos, a pesar de que has mostrado tu admiración por El Coleta o se te ha visto buena relación con C. Tangana, por ejemplo…

Joe: Sí, es verdad. Me gusta mucha gente que hace rap aquí: El Coleta, C. Tangana, Bejo, Jarfaiter… Con C. Tangana hay muy buen rollo, incluso. Ha estado a punto de colaborar en este disco pero al final no pudimos combinar agendas. Tanto con él como con todos los chicos de Agorazein hay muy buen rollo y me alegro muchísimo del éxito que están teniendo.

NTD: El disco suena más perfilado que otros discos, a los que se vinculaba con un sonido doméstico, con cierto aire cutre o trash. Aquí hay trazos más finos, menos gruesos. ¿Quieres dar un giro, en ese sentido?

Joe: Al ser todos los discos producidos por mí supongo que voy aprendiendo a perfilar algunos de talles. Al final, voy limando las líneas hasta que suenan como a mí me gusta. En este disco he metido muchos bajos de sintetizadores digitales, los primeros de Yamaha, los X7; y mezclaba esa capa con otros sintetizadores analógicos, un moog. En canciones como Pisciburger se nota más, quizás.

NTD: ¿Pero te molesta que haya gente que denomine tu música como cutre o trash, aunque sea en el buen sentido, supuestamente?

Joe: No, no me puede molestar porque yo empecé haciendo eso. Escuela de Zebras era eso: la forma de cantar era la primera toma y adiós. Ahora mismo tengo el estudio en casa y suena bastante guay. Luego, masterizando sigo trabajando con Yves Roussel, que considero casi un socio a la hora de tratar el sonido. Pero no me molesta que digan que hago música doméstica: la hago en mi casa, es eso.

Me da miedo seguir tocando Mi fábrica de baile cuando tenga 80 años

NTD: Hay un ánimo muy conceptual en el disco, posiblemente es la primera vez que se comunique un disco tuyo desde un punto tan reflexivo, poniendo en jaque el debate sobre lo nuevo y lo viejo. ¿Por qué te interesaba dar este paso tan casi filosófico?

Joe: Todo en el disco va hacia una dirección. La portada, incluso, fotografía eso: cada letra es un elemento diferente pero todos acaban formando parte de un común que tiene sentido y coherencia. Es un disco en el que los dualismos se están remarcando todo el rato: hay una canción con sonidos viejos, otra con sonidos viejos; hay convivencia de sintetizadores analógicos y digitales.

Creo que en la canción Un demonio con piel de cordero explota todo eso: canta Soledad Vélez, conviven la voz mía con la de ella, está la guitarra de Víctor Iniesta por un lado y los sintetizadores por el otro, está la rumba y el bakalao.

NTD: ¿Crees que es la canción que representa mejor el concepto?

Joe: De algún modo sí, porque representa la realidad. Ese diálogo con lo nuevo y lo viejo explota en esa canción: lo nuevo y lo viejo, el demonio y el cordero. Y también lo que pasa en el disco es que se habla mucho de animales, y eso viene de un aspecto de la filosofía griega: el de la dualidad entre el physis y el nomos. El physis es la ley de la selva, de los animales; y el nomos la ley de lo establecido. Y muchas veces en momentos de crisis nos ponemos a pensar hasta qué punto merece la pena la ley de lo establecido. Me apetecía representar esos diálogos, esas confrontaciones.

NTD: ¿Crees que tú has ayudado a romper esa frontera entre lo nuevo y lo viejo en el circuito musical?

Joe: No lo sé. Sí que creo que hay una diferencia con respecto a cuando empecé. Veo que ha cambiado mucho el humor: a mí me gusta mucho jugar con eso, hacer canciones serias pero hacerla con humor. Yo estoy todo el rato con esto a cuestas, y creo que la música tiene que ser un reflejo de uno mismo. Pero en España a veces tenemos la cosa de que todo es una seriedad total: un humorista tiene que estar vestido de bufón, y el resto es todo El viajero y su sombra de Nietzsche, todo muy oscuro y solemne.

Sí que al principio me parecía que había gente que no entendía mi propuesta ni mi lenguaje, que les explotaba la cabeza. Ahora veo que la cosa ha ido cambiando, y hay grupos como Los Ganglios, Los Punsetes, Anntona, Novedades Carminha… No sé si yo he tenido algo que ver con todo ello pero me gusta ver que hay cosas que han cambiado de modo tal que yo me sienta más integrado que al principio.

Y luego, con respecto a la convivencia de lo nuevo y lo viejo, sí que recuerdo que al principio la gente me catalogó como “el tío del organillo” por hacer música con sintetizadores y hacerme un par de fotos en las que salía con un órgano, y da igual que estuviese utilizando un mini-moog…

Voy a empezar a reivindicar la chirigota para que se ponga de moda

NTD: Sin embargo, ese apodo del “tío del organillo” me suena muy popular, muy llano. Y me da la sensación de que Joe Crepúsculo tiene una vocación más popular que de vanguardia. Que te interesa tocar más en fiestas patronales que en museos…

Joe: Me gusta cuando se dan la mano las dos cosas. Si tengo que elegir una, sí, evidentemente elijo más lo popular. Pero hay un punto en el que creo que la vanguardia se vuelve popular y viceversa. Me gusta cuando hago una letra y hay miles de personas en una discoteca tarareando algo, y hay un punto de locura en esas palabras. ¿Es popular? Sí, pero estás metiendo una mierda en la comunicación. Y eso me gusta.

NTD: ¿Pero no te haría ilusión, por ejemplo, que Mi fábrica de baile se pueda cantar en karaokes dentro de unos años?

Joe: Me encantaría. Me encantaría que se pudiera cantar incluso dentro de un año.

NTD: ¿En cuál de todos? ¿En el de la Plaza de los Mostenses?

Joe: [Risas] Para mí sería un placer. Yo soy una persona muy de karaoke, y a Mostenses he ido mucho. Pero llegar a los karaokes significaría algo: que el proyecto ha trascendido un circuito y que ha conseguido cierto cuerpo, cierta envergadura.

Me gusta cuando la vanguardia y lo popular se dan la mano

NTD: A muchos de tus discos se les puso sambenitos: que si el disco rumbero, que si el disco bakala, que si el disco lo-fi, que si el latino… Aquí parece que quieras huir de catalogaciones. ¿Es así? ¿Has conseguido mayor unidad o heterogeneidad que en otros discos?

Joe: Al artista siempre le encanta huir de los géneros. Lo que menos le gusta es que le encasillen. Se puede decir que Nuevos Misterios era el disco más rumbero, pero tampoco lo era. A mí siempre me hace gracia cuando me subo a un taxi con los instrumentos y me pregunta el taxista: “¿qué música haces?”. Y ya la he cagao…

NTD: “Soy el tío del organillo”, le dices.

Joe: [Risas] Sí. O le digo que soy “el tío del organillo” o me pongo ahí a balbucear: “bueno… una música electrónica… con pop… no sé…” [Risas] Pero al final tiro por la calle de en medio: pop o pop-rock.

NTD: ¿Pop-rock?

Joe: Bueno, pop [risas]. Pero es eso: son canciones con estribillos y estructuras clásicas y melodías pop. Ponerme a inventar una monserga como si todo el mundo conociera de subgéneros musicales no me gusta. Decir que hago pop me ha ayudado incluso para mí mismo, saber cuál es mi cable a tierra, poder decirle a mi familia qué música hago.

Intento que mi música tenga un punto heroico pero con un ancla en lo costumbrista

NTD: ¿Es la primera vez que cuelas canciones que no son de tu autoría, al margen de versiones?

Joe: La primera vez que lo hice fue en el disco anterior, con Reina del locutorio, que era también de Aaron Rux

NTD: ¿Es la primera piedra de un camino que puede que prosigas? Al final los autores soléis ser muy celosos con la propiedad de las canciones

Joe: Realmente creo que es algo que tengo que explorar más: si tengo gente alrededor que hace canciones muy guays creo que es bueno. Antes igual me hubiera negado, pero es que no tiene sentido caer en eso. Tenemos que utilizar los mejores medios que tenemos a nuestra disposición para que el resultado sea el mejor. Me han influenciado mucho los discos de hip-hop: ver a Kanye West tirando de otros autores, metiendo otros vocalistas protagonistas a cantar canciones suyas…

NTD: ¿No tienes miedo a que digan que la mejor canción del disco no es tuya?

Joe: No, para nada. De hecho, creo que la mejor canción del disco no es mía: es Rosas en el mar, de Aaron Rux. Pero al menos es de un amigo mío, no de alguien que me cae mal [risas]. Pero no me molesta.

NTD: El dicho es casi un trabalenguas. Me recuerda un poco a las canciones de Leo Maslíah o a aquel Súper Disco Chino. Tengo entendido que Gabriel Pascual Nieto tiene una historia bastante curiosa.

Joe: Sí. Él toca en el Mesón del Champiñón de viernes a domingo, que es una taberna que está en la calle Cuchilleros, aquí en Madrid. Tengo unos amigos que están haciendo un documental sobre su vida y me dijeron que tenía un hit.

La mejor canción del disco no es mía, es de Aaron Rux

NTD: Y se lo robaste.

Joe: No, no se lo robé: le dije que se lo podía producir, quedamos, me lo mandó, lo canté yo con mi voz para probar, nos gustó a ambos y ha quedado en el disco. Pero para mí es un placer que esté en el disco la canción. Al final, las colaboraciones en los discos tienen mucho valor sentimental: es gente que por la razón que sea te apetece que estén.

En Nuevos Misterios me apetecía un disco con mucha gente, con muchos amigos. En este disco está Soledad Vélez, Víctor Iniesta, algunas guitarras de Sergio Pérez, una letra de Bárbara Mingo, la voz de Milagros, el papel de Yves es muy importante con el mastering…

NTD: ¿Familia y cigarros es tu primer reggaetón?

Joe: En El Caldero había alguna canción con una cadencia parecida, como La fuerza de la vida. Y alguna como Catedral que tiene un punto a cumbia villera, también. Quizás ahora está más perfilada, suena más actual: el autotune y los graves hacen mucho. Me da la sensación de que suena muy a ahora. Pero es una música que me mola, me parece muy festiva.

NTD: Dices: “Esto es música para adultos que no puedes comprender, como yo antes no podía comprender”. ¿Hay músicas que antes odiabas que ahora reivindicas? ¿Crees que tu música es para adultos y hay gente que no puede comprenderla?

Joe: Eso habla mucho de las columnas que se crean entre generaciones: el público indie es de un público mayor ya; con el trap está pasando algo brutal, un fenómeno… Me recuerda a una melodía tipo Bryan Ferry, Roxy Music. Tiene un punto de crooner casposo pero a la vez algo muy afrancesado y con sonidos muy modernos, con las sirenas sonando. De hecho, hay partes que están masterizadas de forma diferente. A mí me gustaba poder jugar en dos ligas a la vez y poder hablar de lo nuevo y lo viejo.

Me encantaría sonar en karaokes: significaría que mi música ha trascendido

NTD: Me llama la atención esa etiqueta que te acabas de poner de “crooner casposo”. A mí me da la sensación de que tus letras suelen ser un elogio de lo cotidiano, de lo costumbrista. Que me hayas traído el Bar Marbella no es casualidad.

Joe: Eso me lo dice mucha gente. Es verdad que no soy habitual de librerías con cafés o vinos, a menos que sea para comprarme un libro. Pero a mí me gustan sitios como éste: cuando terminamos de ensayar venimos a sitios como éste, como hicimos hace unos días con Aaron cuando terminamos de ensayar.

No sé hasta qué punto tiene que ver tu vida diario con la música: al final sigues siendo tú mismo todo el rato, tanto el que se toma la birra como el que escribe canciones. Yo intento que la música tienda hacia un punto más épico o heroico pero que a la vez tenga un ancla en esto. Por mi proyecto es como un barco que va tan lento, que parece todo el rato que se va a hundir, que cuando intenta subir hacia arriba también parece que se hunde.

NTD: ¿Y qué te parece que tu público pueda tener un punto gafapasta o hipster? ¿Crees que tu público te representa?

Joe: Hombre, claro, la gente que viene a verte te representa siempre. Lo mejor que puedes tener es un público fiel y que te viene a ver. Yo tengo suerte de que desde hace años la gente que viene está dispuesta a hacer de cada concierto una fiesta en la que se tocan canciones de todos los discos y hay un desenfreno bastante guay. Me he metido en un terreno, que es el bakalao, que me gusta y que permite que muchos festivales me pongan para cerrar o antes del DJ, y la gente ya está entregada y pasándoselo bien. Y eso es súper bonito. Pero a veces me da miedo de que me quede siempre en eso, y que esté con 80 años haciendo Mi fábrica de baile con otros señores de 80 bailando al lado.

NTD: ¿Tienes miedo de que Mi fábrica de baile te persiga hasta el fin de tus días?

Joe: Uno tiene miedo de todo. Hasta de su sombra. Sí y no. Si me va a perseguir para siempre significará que tiene algo que decir en las generaciones nuevas.

NTD: ¿Pero te atreverías hoy en día a no cerrar un concierto con esa canción?

Joe: Hoy por hoy [piensa un momento]… creo que no. Pero por lo que representa hoy en día en el repertorio y en el concierto mismo. Algunas veces la he hecho y me han obligado a hacer un bis y toqué otra y no está mal; pero a mí me gusta que el concierto termine lo más arriba posible, y ahora mismo es la mejor manera. Pero también te digo: soy muy auto-saboteador y es muy probable que en algún momento acabe los conciertos con otra canción.

Hoy día no me atrevo a no cerrar un concierto con Mi fábrica de baile

NTD: En los últimos años parece que se está legitimando el bakalao, que es algo que ha estado demonizado desde siempre. Tú, como embajador bakala en el circuito indie, ¿cómo vives este nuevo amor por el bakalao que hay en ciertas élites?

Joe: No sé. También me pasó con lo latino. Cuando saqué Nuevo ritmo me lo echaron en cara y al poco tiempo todo el mundo estaba escuchando cumbia peruana, y me lo comí con patatas [risas]. Me gustaría que pasase con la rumba, por ejemplo, que creo que ya está pasando: Los Chichos tocaron el año pasado en el Primavera Sound. Pero para mí es un placer adelantarme a las modas. Tendré que reivindicar otra cosa para ver si se pone de moda: la chirigota, igual [risas].

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