26 junio, 2018. Por

Jesús Palacios

Erotismo, grotesco y absurdo para conectar el folclore y la cultura pop nipona
Jesús Palacios

Siempre es un placer hablar con alguien que, aparte de ser un buen amigo, es uno de mis críticos de cine y escritores de FantaTerror favoritos: Jesús Palacios. Y no sólo FantaTerror, a Palacios nada se le resiste, prueba de ello son libros como: Psychokillers: Anatomía del asesino en serie (Temas de hoy, 2001), Los poetas de la sangre. El nuevo cine de terror y de la crueldad francés (FICXixón, 2012) o Hollywood maldito (Valdemar, 2014). Palacios es nuestro gurú de lo extremo, nuestro chamán de lo oculto, nuestro maestro de lo oscuro.

Recientemente ha vuelto con un libro excelentemente editado por Editorial Satori y coordinado por él titulado Eroguro, horror y erotismo en la cultura popular japonesa. Un libro con textos de expertos en la materia como Iria Barro Vale, Daniel Aguilar, Rubén Lardín, Germán Menéndez Flórez y por supuesto, del propio Jesús Palacios.

“El término Eroguro remite a la suma de tres conceptos: erotismo, grotesco y absurdo”

Gracias a tu libro, unos cuantos de nosotros no paramos de pronunciar estos días el término Eroguro. ¿Qué significa exactamente Eroguro?

Eroguro es lo que los japoneses denominan un wasei eigo, un vocablo que adapta palabras procedentes del idioma inglés al japonés, a veces, como aquí, creando un término nuevo. El término completo en sí sería Eroguro nansensu y consta de tres palabras inglesas: erotic, grotesque y nonsense. Es decir: erotismo, grotesco y absurdo.

Uno de los primeros, si no el primero, en utilizarlo fue el escritor Yasunari Kawabata en su novela La banda de Asakusa, que describía la vida y la sociedad en el Japón de los años 30, caracterizándola como invadida por una especie de fiebre Eroguro que contagiaba todas las expresiones artísticas y vitales del país. Pronto se convirtió en una especie de corriente cultural y literaria caracterizada por su interés en un erotismo extremo y violento, su fascinación por lo grotesco, por la erotización de la deformidad y la mutilación, el humor negro y una suerte de nihilismo de fondo, decadente y trágico, que se manifestarían en la obra tanto de escritores clásicos como Akutagawa, Tanizaki o Kawabata como en la de autores de literatura popular y de género, como Edogawa Rammpo, Kyusaku Yumeno o Juzo Unno, todos ellos siempre bajo la alargada sombra e influencia de Edgar Allan Poe.

Entre los años 20 y 30, el Eroguro reinó en Japón, con su fusión y confusión de tradición y modernidad, de influencias occidentales y raíces japonesas, hasta desaparecer con la entrada del país en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, después de la Guerra, el Eroguro reapareció con una nueva generación de autores y, sobre todo, pasando a expresiones populares como el cine o el manga, con las cuales ha llegado hasta la actualidad, convirtiéndose en parte del tejido cultural del Japón moderno.

Portada del libro

¿Por qué has decidido adentrarte en las profundidades de este género?

Siempre he sido un ávido lector y consumidor de cultura japonesa y, sobre todo, de sus facetas más oscuras, por supuesto. Aunque conocía bastante el Eroguro gracias al manga, las artes plásticas y, sobre todo, el cine, lo que me decidió a penetrar más profundamente en su historia, naturaleza y evolución fue el que empezaran a publicarse en castellano cada vez más y más obras de autores de esta corriente, sobre todo de Edogawa Rampo, pero también de Tanizaki, Yumeno, Shiro Hamao, Sato Haruo, Izumi Kyoka, Sakaguchi Ango… De repente, empecé a ver de dónde salió todo: el manga de Hideshi Hino, Suehiro Maruo o Shintaro Kago, el cine de Masumura, Teruo Ishii, Tsukamoto, Takashi Miike o Sion Sono. Y me di cuenta también de que no había ni un solo libro en castellano, ni prácticamente en otro idioma, que abordara el fenómeno en su variedad y complejidad.

Por ello decidí al tiempo que el libro había de ser coral, un libro colectivo en el que otros expertos en cine, cómic, cultura japonesa y manga aportaran sus conocimientos específicos. Así, tuve la suerte de convencer a Daniel Aguilar, Rubén Lardín, Iria Barro Vale y Germán Menéndez Flórez para que participaran en él, haciendo que Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa sea lo que es: casi una enciclopedia del tema, donde se pueden encontrar también tres relatos Eroguro originales de Tanizaki, Rampo y Juzo Unno, traducidos del japonés por Daniel Aguilar.

“El leitmotiv fundamental del Eroguro es la erotización de la violencia, el fetichismo extremo y la reificación erótica de la mutilación, la deformidad y la tortura física e incluso psicológica”

Un género tan extremo, tan revienta-tabúes y tan autóctono como este, ¿nace y muere en Japón o ha conseguido propagarse fuera del país nipón?

En realidad, como decía antes, el Eroguro “muere” a finales de los años 30… Pero renace en la posguerra y se extiende de forma decisiva a formatos de masas como el cine y el manga, mucho más internacionales y exportables. Por supuesto, a través de estos últimos, sobre todo del manga, se ha contagiado al resto del mundo, investido del poder que tiene todo lo exótico sobre nosotros.

El Eroguro resulta especialmente fascinante para el occidental porque procede ya de una mezcla inextricable de elementos occidentales y japoneses, además de responder al binomio universal del Eros y el Thanatos, solo que travestido de formas y maneras singulares, extremas y sorprendentes para nosotros. Es algo que nos resulta familiar y ajeno a la vez, que toma elementos propios y los moderniza y otros ajenos y los japoniza. Y, sobre todo, que desafía el buen gusto, la moralidad y la corrección política.

“Posiblemente Shintaro Kago sea el más salvaje del manga Eroguro con historietas de una sexualidad grotesca y truculenta que ponen a prueba cualquier estómago, pero que combina con un estilo pop, colorista y atractivo que resalta precisamente su perversidad”

Gracias a mi devoción por la cultura popular japonesa y por unas ilustraciones para el disco You’re Dead de Flying Lotus, conozco, lo has mencionado antes, a Shintaro Kago, uno de los artistas más destacados en tu libro ¿Pero quién es Shintaro Kago?

(Ríe) Eso debería contestarlo mejor Iria Barro Vale, que se ha ocupado del manga en el libro con un texto excelente, que además de trazar la historia del Eroguro en el cómic japonés lo relaciona ingeniosamente con la Nueva Carne y la arquitectura brutalista e industrial, para después analizar la obra de cuatro mangakas entre los que destaca precisamente a Kago como el más absurdista, un genuino experimentador con la forma de la historieta, a la que somete a las mismas mutilaciones, deconstrucciones y violencias que a los personajes de sus cómics.

Posiblemente Kago sea el más salvaje del manga Eroguro con historietas de una sexualidad grotesca y truculenta que ponen a prueba cualquier estómago, pero que combina con un estilo pop, colorista y atractivo que resalta precisamente su perversidad. Nuestra portada, por supuesto, es un diseño de Shintaro Kago que le viene como anillo al dedo.

Imagen de Jesús Palacios

Para las ilustraciones del libro has contado con artistas nuestros de la talla de Miguel Ángel Martín, Sandra Uve, Albert McTorre y Suki, entre otros, ¿qué nexo tienen estos artistas con el Eroguro?

La inclusión de artistas gráficos españoles que nos dieran su visión del Eroguro surgió un poco de forma casual. Justo cuando estaba en el proceso de creación del libro hablé con Miguel Ángel Martín, quien me dijo que se iba a Japón a presentar su primera exposición en Tokio. Lo cierto es que si hay un artista español próximo al Eroguro por inclinación perversa propia, ese es Martín, así que me vino a la cabeza pedirle alguna ilustración para el libro, a lo que él accedió amablemente. Y como soy muy liante, pues me dije: ¿se lo pido a más ilustradores a ver qué pasa? Y lo que pasó es que reunimos siete artistas, contando a Martín, que me enviaron sus ilustraciones inéditas desinteresadamente, cada uno con su aproximación peculiar al tema.

Aparte de los que citas, están también Pablo Morales de los Ríos, un caricaturista de raza, Félix Ruiz, uno de los artistas españoles que ha nutrido de sangre nueva a Marvel y DC, y Lolita Aldea, una genuina mangaka española. En conjunto, encajan perfectamente con un libro coral, multidisciplinar y bastardo, para un género igualmente bastardo, dotándole de un elemento intransferible, único, que resultaría también fascinante, por ejemplo, para un lector o comprador japonés.

“El Eroguro resulta especialmente fascinante para el occidental porque nos resulta familiar y ajeno a la vez, que toma elementos propios y los moderniza y otros ajenos y los japoniza. Y, sobre todo, que desafía el buen gusto, la moralidad y la corrección política”

Films como El imperio de los sentidos, el Hentai, artistas como Toshio Saeki o las ilustraciones del periodo Edo evocan y explican de manera certera cómo se manifiesta el sexo y el erotismo, no sólo en el Eroguro sino también en la historia de Japón ¿Verdad?

Por supuesto, es imposible e indeseable desgajar el Eroguro del tronco sociocultural al que pertenece y de su contexto histórico. De hecho, gran parte de mi propio texto, que abre el libro y es el más extenso, se dedica a ilustrar los orígenes y la evolución del Eroguro, a partir tanto de la introducción en Japón de las tendencias vanguardistas, decadentes y modernistas occidentales a comienzos del siglo XX, como a partir de su propia tradición religiosa, folclórica, teatral, artística y literaria, que comprende las leyendas de yokai, el teatro kabuki, los grabados eróticos y sangrientos del Ukiyo-e y la literatura popular del periodo Edo

A la vez, el Eroguro se desarrolla en una época fascinante para Japón y el mundo entero: los Felices 20 de entreguerras, con su sonido y furia de modernidad, ismos, políticas radicales, liberación de la mujer y afianzamiento de la cultura popular y de masas gracias al cine, el jazz, etc. Cualquier interesado en la historia cultural de Japón encontrará en el libro sorprendentes elementos que tienen mucho que ver con la política nipona de la época, su recepción de las influencias occidentales, el desarrollo de su industria editorial y cinematográfica, sus leyes de censura y hasta sobre cómo catástrofes históricas como el terremoto de Kanto o la destrucción radiactiva de Hiroshima y Nagasaki, la invasión de Manchuria y Corea o la ocupación aliada del país, causaron también impacto en la aparición del Eroguro, en su evolución y en el papel que parece cumplir en la sociedad japonesa.

Edogawa Rampo, el autor fundamental del Eroguro, es a la vez uno de los creadores de la novela policial japonesa y un investigador de la historia de la homosexualidad en su país”

Esto en cuanto a la parte parte más Ero o erótica del Eroguro, La otra parte, la Guro, la gore, es decir, la sangre y la violencia, al igual que con el sexo, también es una in-amputable extremidad, tanto para el Eroguro como para la historia de Japón ¿Verdad?

De hecho, ambas partes no se pueden ni deben separar, porque el leitmotiv fundamental del Eroguro es la erotización de la violencia, el fetichismo extremo y la reificación erótica de la mutilación, la deformidad y la tortura física e incluso psicológica. El Eroguro está hecho a partes desiguales de obsesión, decadencia, perversión y degradación, y en él a veces las partes son más importantes que el todo, especialmente las cabezas cortadas, los torsos desmembrados o hasta vísceras que se pueden independizar y enamorar por su cuenta, como cierto intestino que aparece en el libro… En él juegan un papel fundamental el sadomasoquismo, las parafilias, las relaciones tóxicas y enfermizas.

Como descendiente oriental de Poe y los decadentes franceses e ingleses como Huysmans, Wilde, Mirbeau, Villiers y hasta Sade, a la vez y al tiempo que de autores de ficción criminal, fantástica y terrorífica como Leroux, Doyle, Stoker o Allain y Souvestre, el Eroguro funde y confunde lo terrible, lo monstruoso y maligno con lo sensual, lo deseable y fascinante, trazando una psicopatología del Deseo que también remite al descubrimiento en Japón de las teorías de Freud y de la obra de Krafft-Ebing y su recepción. Edogawa Rampo, el autor fundamental del Eroguro, es a la vez uno de los creadores de la novela policial japonesa y un investigador de la historia de la homosexualidad en su país.

Por otro lado, el carácter peculiar y aislado de Japón, lo que Germán Fernández Flórez en su texto del libro acerca del cine porno nipón llama el Síndrome de Galápagos, da lugar a que estas influencias, sometidas al caldo de cultivo tradicional nipón, den lugar a productos muy diferentes de los nuestros, flores del mal mucho más aromáticas, dulzonas y a la vez siniestras, ponzoñosas y sucias que las occidentales.

El autor en la presentación del libro en Gran Canaria

Nombras a Hitoshi Matsumoto y Takashi Miike, dos de mis cineastas favoritos, aparte de estos ¿Podrías recomendarnos unas cuantas pelis para un Eoguro Weekend perfecto?

Una vez más, el indicado sería Rubén Lardín, autor del estupendo texto sobre el Eroguro y el cine, pero ya que me preguntas, mi cineteca Eroguro ideal no podría prescindir de dos títulos clásicos: Blind Beast, es decir, Môju, la adaptación de La bestia ciega de Edogawa Rampo firmada por Yasuzo Masumura en 1969, que es una de mis películas favoritas de todos los tiempos, dentro y fuera del Eroguro; y Horrors of Malformed Men, del mismo año, el año Rampo, que adapta y mezcla varias obras de éste bajo la batura de Teruo Ishii. De los últimos tiempos son indispensables Grotesque (2009) de Kôji Shiraishi, verdadera exposición gráfica y programática de lo erótico-grotesco-absurdo sólo para estómagos fuertes, y Audition (1999) de Miike, que adapta una novela de Ryu Murakami, “el Murakami bueno”, autor clave del Eroguro literario actual.

¿Y algún libro y manga para los que quieran no ver sino leer puro y duro Eroguro?

En literatura es fundamental leer a Rampo, por supuesto, especialmente El extraño caso de la isla Panorama y La bestia ciega, ambos editados también por Satori. Luego, los relatos de Junichiro Tanizaki, especialmente los recopilados en Cuentos de amor de Alfaguara, y los de El infierno de las chicas de Yumento, en Satori. Mangas, son especialmente “bonitos” los de Suehiro Maruo, como su Midori, también llevado al cine, o su adaptación de La isla Panorama. Yo soy muy fan del Panorama infernal de Hideshi Hino, también cineasta, y cuyo estilo patético e infantil pero perturbador Iria Barro Vale ha bautizado afortunadamente como “emoguro”.

“Cualquier interesado en la historia cultural de Japón encontrará en el libro sorprendentes elementos que tienen mucho que ver con la política nipona de la época, su recepción de las influencias occidentales, el desarrollo de su industria editorial y cinematográfica, sus leyes de censura y hasta sobre cómo catástrofes históricas causaron también impacto en la aparición del Eroguro, en su evolución y en el papel que parece cumplir en la sociedad japonesa”

¿Dónde podremos verte próximamente presentando este libro?

Pues si el tiempo y las autoridades (especialmente éstas) lo permiten, junto a Iria Barro Vale el día 20, en la Filmoteca Nacional, en el cine Doré, donde se proyectará también Caterpillar, la última gran película de Koji Wakamatsu, adaptación de uno de los relatos más terribles de Rampo. Después estaremos, el día 25, en Sala Equis, donde pasaremos Una página de locura, el clásico mudo nipón considerado su respuesta a Caligari, dirigido por Kinugasa y con guion del mismísimo Kawabata. Con eso terminan las presentaciones en Madrid.

Después, tendremos nuevas presentaciones en Gijón, dentro de la Semana Negra que se celebra entre el 6 y el 14 de julio; en Avilés durante el festival Celsius 232, en las mismas fechas, y ya paramos hasta septiembre, cuando se presentará en Salamanca en la librería Letras Corsarias. Están por cerrarse presentaciones en el Festival de Sitges y quizá también en la Semana de Terror de San Sebastián, pero eso ya es adelantar demasiado. Lo cierto es que el libro está despertando mucho interés y encontrando un público más amplio de lo que sospechábamos.

Jesús Palacios en una imagen de archivo

Por cierto, y hablando de Oriente, sé que del 22 al 30 estáis con el Spain Moving Images Festival y que Apichatpong Weerasethakul viene a Madrid. Háblame un poco de esto

En efecto, no salimos de lo asiático, ya que actualmente estoy trabajando con el Spain Moving Images Festival, que organiza la asociación AFIAS para la difusión y colaboración entre los cineastas y productores asiáticos y occidentales, y donde aparte de llevar prensa programo también La noche del Eroguro en el cine japonés, que será cuando presentemos en Sala Equis el libro, el día 25 de junio a las ocho de la tarde. Es el único festival de audiovisual oriental que se celebra en Madrid, y está especialmente centrado en creadores y cineastas emergentes, experimentales y autorales.

Por eso es un lujo contar este año con la presencia de Apichatpong Weerasethakul, el gran cineasta independiente tailandés, que nos visitará el día 27 en el Cine Estudio del Círculo Bellas Artes. Las películas se programan en Cineteca de Matadero Madrid, el CBA y la Sala Equis, pero quien quiera toda la información puede consultar nuestra web y nuestra página de Facebook.

Jesús Palacios