5 abril, 2018. Por

Jessica Jones

Por qué todos somos como ella (seamos superheroínas o no)
Jessica Jones

Los superhéroes no existen. Resulta irónico comenzar así un artículo sobre una serie de Marvel, pero mucho tiene que ver con que Jessica Jones sea el personaje más complejo y menos heroico de toda la compañía. Jones ronda la treintena, es sarcástica, desagradable, alcohólica, huérfana, vulnerable y con una serie de traumas familiares que ríete tú de las sagas que protagonizan las portadas de la prensa del corazón. Además, vive en Nueva York, en un cuchitril destartalado y oscuro situado en un edificio aún más chungo. Pero Jessica no pide perdón por ser como es y además se enorgullece de no querer cambiar, algo así como “yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, colega: lo tomas o lo dejas”.

Su personalidad queda retratada en su apariencia. La chupa de cuero es la prenda imprescindible que no lava en ninguna de las dos temporadas pero que parece que no ensucia ni en sus misiones más complicadas. Tiene cuatro camisetas de fondo de armario, todas de colores básicos, al igual que sus dos pantalones, que siempre acompaña con unas botas negras de tachuelas. Cero maquillaje, infinita comodidad.

«Jessica Jones ronda la treintena, es sarcástica, desagradable, alcohólica, huérfana, vulnerable y con una serie de traumas familiares que ríete tú de las sagas que protagonizan las portadas de la prensa del corazón. No quiere ni busca ser una superheroína»

Su nacimiento fue en un cómic de Marvel, donde posee muchos más poderes, está casada, es madre, y su vestuario es mucho más cercano al de una superheroína. Pero la Jessica Jones de Netflix no quiere ni busca serlo. Su poder de fuerza y sus grandes saltos le llegaron por sorpresa en la adolescencia tras sufrir un accidente de coche. Ahora, intenta usarlos de forma positiva en su trabajo como detective privado, llegando a sitios donde no llegan los demás y pegando algún que otro susto físico.

En la segunda temporada que ya se puede ver en Netflix, Jones hiere pero no mata, siente las emociones a pesar de su apariencia fría, y es por eso por lo que no es una asesina. La culpa le persigue, una herencia que proviene del transcurso de la primera temporada, pero que en este caso, y tras sus reencuentros familiares, enfrenta de una forma mucho más compleja. Sus amiguitos no tienen poderes, pero todos acaban ayudándola a descubrir por qué ella sí. No es fácil -el mundo de Marvel nunca lo es-, así que la detective se ve obligada a salvar a todo aquel que intenta salvarla a ella. Ay, Jessica, con lo inteligente que pareces, ¿no sería mejor elegir tus batallas con algo más de criterio?

«No solo hay que elegir qué batallas iniciar, si no por quién las vas a librar»

Pero, ¿a quién no le ha pasado esto? JJ está acostumbrada a tomarse la justicia por su mano, y nunca mejor dicho, pues tal vez sus extremidades sean su arma más poderosa. Cualquier indicio de problema a su alrededor es susceptible de ser solucionado por ella misma, que termina convirtiéndose en el más difícil de solucionar. Sus vivencias y su forma de estar en el mundo no le permiten ver con claridad que no puede ser la salvadora de nadie. El propio final de la temporada refleja la decepción y el cansancio por el esfuerzo que ha gastado en los demás y que la han llevado a una espiral de sangre, muerte y destrucción. Y es que no solo hay que elegir qué batallas iniciar, si no por quién las vas a librar.

Más vulnerable y con más miedo a la soledad que nunca, Jones se retrata como una ciudadana más en busca de un lugar donde resguardarse del dolor y el horror del mundo. Jessica, con el sambenito de “superheroína” o sin él, podría ser cualquier de nosotros y viceversa. Sus poderes sobrenaturales parecen alejarla del resto, pero su eficiente control sobre ellos la ponen al mismo nivel.

«Jessica, con el sambenito de “superheroína” o sin él, podría ser cualquier de nosotros y viceversa. Sus poderes sobrenaturales parecen alejarla del resto, pero su eficiente control sobre ellos la ponen al mismo nivel»

Nos pasamos la vida intentando controlar nuestros impulsos y deseando conocer cuáles son nuestras mejores facetas a fuerza de prueba y error. Nos ahogamos en nuestros miedos y reprimimos los traumas, recogemos la negatividad y la llevamos por bandera, olvidando todo lo bueno que vamos construyendo por el camino. Joder, Jessica, bastante tenemos con esto como para lidiar también con poderes sobrenaturales.

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