8 septiembre, 2017. Por

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Canguelo múltiple, la América de Trump como telón de fondo y la mejor peli de terror del año
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Quiéralo o no la casualidad, han tenido que pasar veintisiete años para reencontrarnos no solo con el agente especial Dale Cooper sino también con Pennywise, el siniestro payaso que aguijonea los terrores de los niños en It, la novela de Stephen King que Tommy Lee Wallace llevó a la televisión en 1990. Cierto es que, si en el caso de Twin Peaks el personaje de Laura Palmer nos había dicho que nos veríamos de nuevo en veinticinco años, en la narración de Stephen King son exactamente veintisiete años los que median entre cada nueva aparición de Pennywise. Hasta aquí las casualidades.

Confiesa este crítico que la primera vez que se las ha visto cara a cara con el payaso de It ha sido a través de los ojos del pequeño Georgie, en la estupenda y terrible escena que abre la película y sienta tanto el tono como la atmósfera de la actualización de la historia llevada a cabo por Andy Muschietti. Nunca leí la novela ni vi el telefilme de 1990, que me perseguía cada fin de semana desde las estanterías del videoclub al que iba los sábados con mi padre, pero se decía que daba mucho miedo y yo era un niño bastante miedoso. En todo caso, basta con estar mínimamente familiarizado con el escritor de Maine para reconocer en It su universo y sus inquietudes: podríamos decir, simplificándolo mucho, que todo se reduce a saber cómo enfrentarse al dolor, a la muerte y a uno mismo. Y, por ende, a los demás.

En la película, Muschietti logra zarandearnos, quizá de una forma distinta, tanto con los momentos más explícitamente violentos como con un breve plano en el que descubrimos en el rostro de Bill (Jaeden Liebherer), al agarrar un juguete que había pertenecido a su hermano pequeño, toda la extrañeza y el pesar que le provoca su desaparición.

«Es fácil reconocer en esta carismática comunidad de “perdedores” condenados a enfrentar juntos sus miedos una metáfora de la América de Donald Trump»

 

It tiene en la destreza a la hora de conjugar los distintos registros su gran virtud. Sin renunciar nunca a una cierta condición de estruendoso tren del terror en la que no puede pasar mucho tiempo hasta el siguiente momento de canguelo, consigue a su vez hacernos partícipes de los temores que acechan a cada uno de los muchachos protagonistas. Temores que, en las más de las ocasiones, tienen que ver con la familia y deslizan la idea de que, según King, aquello que está podrido en el corazón de los Estados Unidos tiene que ver con sus estructuras mentales y comunitarias básicas.

De igual modo, es fácil reconocer en esta carismática comunidad de “perdedores” condenados a enfrentar juntos sus miedos una metáfora de la América de Donald Trump. La de finales de los ochenta, época en la que sucede la película, estaba empezando a vivir la resaca de los años de presidencia de Ronald Reagan y a punto de embarcarse en la primera Guerra del Golfo.

A llevar a buen puerto la película contribuye un excelente reparto de jóvenes actores (todo un acierto no contar con rostros demasiado conocidos) y la lograda e inquietante caracterización de Pennywise, con su estrabismo y sus amenazantes tambaleos. Muschietti nunca permite que esa inquietante figura se pasee por la pantalla de forma demasiado prolongada, para mantener esa sensación de irrealidad dolorosamente palpable que tienen las escenas de terror del filme. Quizá el tramo final acuse algún que otro subrayado innecesario y el clímax nos impresione menos que las dos horas durante las que hemos acompañado a los protagonistas hasta allí, pero lo cierto es que de bien poco nos podemos quejar: It es una de las mejores propuestas de género de la temporada.

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