9 marzo, 2017. Por

El indie que roba a los millennials

Una columna de HJ Darger contra el indie español
El indie que roba a los millennials

Millennials: Joe Crepúsculo nos roba. El indie nos roba. Justo cuando empezábamos a celebrar su muerte y a bailar sobre la tumba del FIB, del Sonorama, del SOS y de todos los territorios de nabos vestidos de negro con tonadas depresivas y falocéntricas. Ahora que comenzábamos a colar sold out en conciertos de trap, a #bajarhastabajo, a desquitarnos del tufo anglosajón. Justo en este iluminador instante en el que parecía que algo podría cambiar, #ellos, los otros, ya han aprendido a sabotear nuestra estética, a copiar nuestra narrativa, a robarnos lo que más daño nos hace: los memes.

Pintores de la vida moderna, sanguijuelas volátiles para las que todo es apropiable, profesionales en subirse a todas las olas, treintañeros con pintas de pederastas y tres euros y medio para cervezas en salas… ¡MIRAD! Quitadme el poquito ocio y la cultura subvencionada que queda, quedaos con el boom de las editoriales independientes, seguid haciéndoos rayas sobre vuestros vinilos y defecando sobre vuestras novelas gráficas mientras predicáis el feminismo entre vuestros cuñaos pero por favor, EL INTERNÉ, ni tocármelo #plis.

Aunque lo peor ya ha ocurrido: que una persona como yo se haya topado por azar con el videoclip de Música para adultos de Joe Crepúsculo. En esta pieza audiovisual aparece un hombre blanco, en blanco y negro, sobre una musiquilla del palo Fangoria (otros que se apropiaron el año pasado del rollito vaporwave) junto al escalofriante footage burlesco, cercano al post-internet e iconografía net art variada.

Ahí lo llevas. Joe ha vuelto a petarlo con un videoclip, como en 2013, cuando se mofaba del chonismo y tal en un parking con coches tuneados… ¡quién le iba a predecir que más tarde compartiera cartel con alguna tranquen española! En esta ocasión el videoclip  utiliza un remontaje en clave irónica de productos mediáticos, anuncios, arquetipos noticieros, memes y tropos icónograficos, al mismo tiempo que se autodetermina “música incomprensible”.

El problema básico de esta utilización de la ironía es que es tan sumamente burda, que parece sacada de un catálogo random de arte contemporáneo en los early dosmiles pero con pretensiones (véanse las obras de KIDing@r i LOVE cALPE 5 -1999 o del colectivo 8552 sobre afectividad empresarial hace más de diez años) y además se acerca sigilosamente a ciertos productos venerados por nuestra generación. Por nombrar las obras maestras que son los videoclips de James Ferrara en una crítica anticapitalista y massmediática similar:

En esta cultura contemporánea cuyos tropos visuales existen en un carácter mítico de la libertad y  autonomía hipertextual, hay formas y grados sobre los que ironizar las técnicas de producción y reproducción de la imagen, la más verdadera 🙂 sería siempre desde la desmitificación del artista y la negación radical del sujeto. En su mayor parte estas gracias visuales son nuestro pan de cada día en grupos o cuentas anónimas, compartidas desde el RT o el like pero no acostumbrados a verlas desde los créditos de guión o dirección. Todo remixeo ya había sido entendido como proceso de  desintegración del yo y rechazo a la noción de autoría, quizá lo de ponerse en primeros planos en mitad del discurso no sea la mejor de las ideas.

Entro en YouTube acojonada y me paseo por las imágenes de stock que aparecen como portada de las canciones de Disco Duro de Joe Crepúsculo, de nuevo otra apropiación en tonos pasteles con cuchillo. Cualquiera que pise tmblr sabrá que la iconografía pastel + cuchillo está ligada al empoderamiento femenino, las sad girls, el ghettoaesthetics, pero da igual, porque ahí está Joe Crepúsculo apoyado sobre un cuchillo en fondo rosa vestido de negro -#nonsense otra vez-, violando y copiando códigos iconográficos a la par.

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Esto es crear un código estético

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Esto también

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Esto es lo que ha hecho Joe Crepúsculo: ROBAR

 

Voy por las últimas canciones y aunque la parte estética me sigue tocando el coño y carece por completo de sentido con el mensaje, poco a poco me reconcilio en lo musical, porque Joe Crepúsculo no hace indie como escribe la prensa musical, hace música hortera en su mayoría, de mobiliario, ambient con demasiada lírica, hilos musicales para hoteles cutres. Y llego a su último vídeo, Esto es lo que hay, bastante más honesto, en el que estos treintañeros con pinta de pederastas bailan, beben jager y aparecen junto a sus retoños. Seguramente comenten lo genial que es que se comiencen a programar días de la música para los churumbeles, conciertos matutinos, las ganas que tienen de que salga el nuevo libro sobre raperos de David Foster Wallace y la última película ¿indie? que vieron en la Filmoteca.

Llegados a este punto, quiero creer, para tranquilizar mi espíritu, que el videoclip tan sólo ha sido un ardid de marketing formalista, incapaz de comunicar relación alguna de conceptos y significados ulteriores. Palos de ciego. Puede que los millenials permanezcamos a salvo unos meses más.

El indie que roba a los millennials