7 abril, 2015. Por

Cine Alba

La Factoría de Papel. Madrid
La Factoría de Papel acoge una exposición con carteles originales del último cine porno de la capital
Cine Alba

Rafael Sánchez confiesa que su película favorita es Cinema Paradiso, porque, según él, refleja la pasión y amor que siente por el cine. Como el pequeño Totó del filme de Tornatore, comenzó ayudando con el proyector del Cine Quevedo. Y después le tocó ser Alfredo, un Alfredo del cine porno en el Cine Alba. Cuatro años después de empezar a trabajar como ayudante de cabina, en 1975, el Alba empezó a proyectar películas eróticas, clasificadas S. Pero el Duque de Alba no siempre fue un cine X. Antes era un cine clásico, de barrio, en el que se podía ver Casablanca o Un tranvía llamado deseo.

El Alba era un lugar que, más allá del contenido de sus proyecciones, se había convertido en un espacio entrañable y emblemático; la última sala X que aún resistía, y había llegado a consolidarse, junto a los carteles que anunciaban las películas realizados por Rafael, como parte indisoluble del paisaje urbano, cultural y sentimental del centro de Madrid. Un paisaje que la gentrificación, esta extraña palabra que va adquiriendo popularidad en los últimos tiempos, se ha encargado de eliminar. El Cine Alba se ha visto obligado a cerrar recientemente sus puertas, y ahora solo queda forjar su memoria con recuerdos de un ambigú, de gente del barrio, de los años ochenta y el fin de la prohibición del cine erótico que había que ir a ver a Perpignan, y por supuesto de Rafael, su proyeccionista.

Firme defensor de la sesión continua y del cine como evento social, entre él y la taquillera Luisa Martínez convirtieron el cine en un espacio en el que se cuidaba a los clientes. Y para cuidar a estos clientes del barrio, que pasaban para ver las pelis y tomarse algo, Rafael les regalaba unas corbatas por Navidad, cambiaba de ropa al maniquí del vestíbulo, decoraba la terraza, y rotulaba a mano unos carteles que mezclaban la insinuación con la artesanía y el sentido del humor. Estos carteles son los protagonistas de la muestra en La Factoría de Papel, una exhibición que ofrece el visionado de estos curiosos letreros, realizados sobre cartulina blanca con rotuladores de color.

Con un estilo muy personal, extravagante y sin precedentes, naif y colorista y armado con cartulinas DIN A2, rotuladores Eding 1200 y fluorescentes Stabilo, Rafael dio a luz más de un millar de carteles trazados a mano en la planta de arriba del cine- desafiando la normativa que prohíbe la exhibición de material promocional de películas porno-, con dibujos de colores insertados en la caligrafía de los títulos; unos coloridos reclamos publicitarios hechos con rotuladores en los que siempre aparece el nombre de la película y el perfil de una chica porque "aquí hay una mitad y la otra mitad puedes verla si entras en el cine".

El Cine Alba y Rafael también fueron protagonistas de Paradiso, un galardonado documental que hilaba las escenas cotidianas vividas en el cine y narradas por su encargado, decorador y operador y ponía en valor esa atmósfera familiar, plagada de cariño y respeto, que reinaba en la sala. Víctimas de ese maléfico proceso al servicio del capitalismo que convierte, como sucede con el histórico Cine Bogart, sus cines en burgueses mercados gastronómicos, el Cine Alba y su maestro de ceremonias han pasado a formar parte de la desasosegante metáfora de la situación cultural en nuestro país. Al menos, siempre nos quedarán sus magníficos carteles.

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