12 diciembre, 2017. Por

Igual que si en la luna

Un viaje exprés a los recuerdos infantiles de uno mismo
Igual que si en la luna

“He recibido una carta del futuro escrita por mí mismo. Un mapa.
Una lista de las cosas que debo hacer para conseguir volver al pasado y estar bien.”

Así dice el protagonista al comienzo de Igual que si en la luna, el espectáculo unipersonal escrito por el támdem José Troncoso / José Bustos, dirigido además por el primero y protagonizado por el segundo, que se pudo ver en Guindalera dentro del festival Surge Madrid en un formato work in progress y que ahora se estrena en La Mirador. La compañía La Estampida vuelve a presentarnos, después de esa joya que fue y sigue siendo Las princesas del Pacífico, otra delicatessen escénica.

Un hombre enganchado a la nostalgia, uno de los males contemporáneos según sus creadores (y es que afecta a cosas tan sencillas pero evidentes, desde los gustos musicales hasta la ropa vintage, que con lo cual ni hablar de pensamientos más profundos: giramos tanto el cuello para mirar atás que vamos a acabar por dislocárnoslo), se viste lentamente, cubriendo el cuerpo con las piezas de un traje (tal vez le gustaría que fuese un traje de astronauta, pero es uno de oficinista, aunque igual le sirve para viajar a lugares con diferentes centros de gravedad) encuentra en uno de sus zapatos (el que tiene un cordón de diferente color) una misiva inesperada.

“La angustia y la belleza de la emoción más pura conviven en una propuesta más cercana a un experimento sensorial, un viaje exprés a los recuerdos infantiles de uno mismo, que a un espectáculo convencional”

Troncoso y Bustos (nos) transitan a partir de ese momento a través de un intangible universo, el de los recuerdos, de una manera exquisita y extrañadora. Uno tiene la sensación de que el tiempo se detiene y entra en un bucle espacio-temporal, que de hecho es lo que le sucede al protagonista, intentando apresar y revivir unos recuerdos que nunca llegan a ser exactamente como él cree que deberían ser: “La luz no era esta. Y la canción. No, esta no es la luz de antes, ni la canción de antes… Falta gente. Faltan cosas, falta gente. ¿¡Alguien me escucha!?”

Igual que si en la luna huye de una narración convencional para transmutarse en un poema, con sus repeticiones de ecos beckettianos y absurdos y su olor a magdalena de Proust. Con una escenografía aséptica pero ideal para como lugar para que cohabiten el mágico diseño de iluminación y atmosférico diseño de sonido, o unas proyecciones y selección musical que no hacen sino sumergirnos más de cabeza en la poética ingrávida de su propuesta. Y por supuesto ese exquisito recital que ofrece su actor protagonista, un auténtico tour de force de una energía tremenda y bellísima. José Bustos en ocasiones tiene el aire y ternura de un Chaplin o un Buster Keaton que han pasado del blanco y negro al color y se sienten perdidos (y que, como al protagonista, desearían poder volver al pasado para sentirse cómodos de nuevo como en el útero materno).

La angustia (ese eterno retorno en el que se ve atrapado el protagonista es por momentos desesperante) y la belleza de la emoción más pura (el momento en el que Bustos se dirige a su abuela es de lagrimón, porque acaricia un momento al que todo el mundo le gustaría volver y lo hace de una manera tan sencilla y con tanto corazón que se te mueve algo por dentro) conviven en una propuesta más cercana a un experimento sensorial, un viaje exprés a los recuerdos infantiles de uno mismo, que a un espectáculo convencional.

Si bien no para todos los paladares, sobre todo porque la propuesta puede resultar extraña y lejana, inasible para algunos, sobre todo si se intenta darle explicación a todo (como a lo de ese repetido y hermoso “He perdido un botón”) en vez de dejarse llevar, Igual que si en la luna es uno de esos montajes que tienen algo especial muy difícil de poner en palabras. Un aura. Una sensación de paz y nostalgia (aunque contra ella precisamente luche el protagonista) que acaba entrando en el espectador en una leve, flotante y melancólica catarsis que ayuda para estar bien, como dice la carta del protagonista, pero en el presente.

“La luz no era esta. Y esa canción… No, esta no era la luz ni la canción de antes.
Y tú tienes que estar sentado al fondo y falta gente…
¿¡Alguien me escucha!?

Sí. Te escuchamos.

Igual que si en la luna