4 octubre, 2017. Por

Ibeyi

África, Cuba y trip-hop francés afianzados en el segundo álbum de las gemelas Díaz
Ibeyi

Con un padre como Miguel Angá Díaz, uno de los conguistas más importantes que ha regalado Cuba al mundo, integrante de Buenavista Social Club, la música corre por tus venas y la responsabilidad pesa sobre tus hombros. Así es como sus dos hijas Lisa-Kaindé y Naomi Diaz se han expresado desde que en 2013 empezaron a tocar bajo el alias conjunto de Ibeyi.

Sus movimientos han sido calculados, procurando afianzar aquello por lo que apostaban y hacerlo sólido, así, en el siguiente paso. Con su primer y homónimo disco de debut, rehusaron a incluir ninguna colaboración porque querían encontrarse a sí mismas, encontrar su sonido. Y no solo lo hicieron, sino que nos brindaron un sonido nuevo que nos venía muy bien a todos en 2015: música de espíritu negro con cuerpo contemporáneo. África y trip-hop. En Ash, su madurez sorprende por el corto recorrido de las hermanas, y por su corta edad: este año cumplen 22 años.

Desde el inicio del primer corte, una introducción de minuto y medio –I Carried This For Years-, el empaque de una buena producción se hace notable. Esto, sumado al coro envolvente y sensorial que se combina con un rítmico sampler –el grito acompasado del que se está empezando a abusar en general-, vaticina un disco consistente y dotado de muy buen gusto. Muy fino. Y al fin y al cabo, así han sonado Ibeyi desde que salieron a la luz.

Durante todo el álbum se integran el gran número de idiomas a través de los cuales las dos hermanas se expresan: inglés, francés, español y yoruba. Este último, hablado por sus ancestros, es un dialecto de África Occidental perteneciente a las lenguas Benué-Congo. Por eso bautizaron así a su formación, que significa gemelas en este idioma. Quizá esta versatilidad comunicativa y esta multiplicidad de raíces sean la razón por la que su música suena a todos los lugares y a ninguna parte. Y quizá sea esa también la razón por la que Ash, su segundo álbum, esté más pensado para el mundo que para ellas mismas. Porque pueden y quieren hablar a la gente de todo los lugares, de la sociedad que les rodea.

Y para hablar de todo esto, Naomi y Lisa-Kaindé se valen de la percusión de una y la melodía de otra (ambas se definen como el ying y el yang), y de un crescendo de intensidad desde el single más luminoso, Away, Away, hasta el corte de 6 minutos y gran profundidad, Transmission, en el que se pueden escuchar pasajes del diario de Frida Kahlo leídos por Maya, su madre y representante. Y es que en este disco se acompañan de grandísimos músicos, como el saxofonista de jazz Kamasi Washington, nuestra rapera más internacional La Mala Rodríguez, el icono del neo-soul Meshel Ndegeocello o el heterogéneo Chilly Gonzales.

En este disco combaten la etiqueta de mujeres jóvenes para dar más importancia a su música. Por eso siempre tratan de evitar que sus rostros centren la atención y persisten en mantener el control en la dirección creativa de sus videoclips, aunque se van abriendo poco a poco. El tema Me voy, en colaboración con la Mala, tiene uno de los vídeos más reseñables, si bien el tema no es el mejor del disco, con autotune incluido siendo completamente innecesario, y con todo el moderneo que aporta la productora CANADÁ y su realizador Manson, autor de videoclips definitivos de C. Tangana y Rosalía. Pero apuestas como estas siguen sin perder su carácter.

El disco lo cierra el tema homónimo, Ash, con un pequeño guiño a su anterior álbum. Suponemos que lo incluyen como reafirmación de su carácter yaruba, y no como auto-homenaje. Porque su recorrido, pese a su precocidad y firmeza, es demasiado corto. Lo que está claro es que Ibeyi tiene por delante una fuerte y sólida carrera, cargada de su temperamento ecuatorial.

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