24 septiembre, 2018. Por

Héctor Herce

Arquitecto de la imagen, fashion films y videoclips indies
Héctor Herce

Tras acabar la carrera de economía e ingresar en la Escuela de Cine de Madrid (ECAM), Héctor Herce emerge de entre un puñado de nuevas propuestas del mundo audiovisual. Le descubrí en su dirección de Los Chikos de Madriz de C. Tangana, con el archiconocido beef entre este y Nega. Después volví a ver su firma en los trabajos de Baywaves y The Parrots. Fue entonces cuando me topé con su faceta más realista, personal y sentimental: sus cortometrajes y fashion films, realizados a pequeñas firmas de moda.

A día de hoy, con el auge de la importancia del vídeo e imagen en la industria musical, también propulsada por la música urbana por encima de otros géneros, hemos descubierto directores extranjeros con unos potenciales inimaginables en nuestro país. Pero como siempre nos pasa, nunca buscamos qué puede merecer la pena aquí dentro. Así es como llegué al trabajo de Héctor.

Diría que su estilo narrativo es bastante peculiar y que a pesar de tener influencias pasadas, es un autor que conoce el pasado y entiende el futuro. Vienen a la cabeza referencias estéticas y narrativas de artistas franceses como Jean-Luc Godard o Alain Resnais, ambos precursores del movimiento de la nouvelle vague (aunque menciona como directores de cabecera también a cineastas como Ken Russell, Jonathan Glazer o Samuel Fuller). También encuentro cierto punto interesante entre la simbiosis entre mensaje y estética, que quizás se encuentre en autores como el argentino Gaspar Noé, y que parece que Herce intenta combinar en sus obras.

Su trabajo siempre reúne temas como la soledad, el amor, el costumbrismo, la hermandad o la dualidad ética, utilizando numerosos planos en los que aparece el actor como individuo aislado, que casi siempre acaba en compañía. También es destacable el recurso cinematográfico del individuo como objeto central de la escena, en armonía semántica con todos los demás objetos de la imagen. En la obra de Héctor Herce, al igual que la mayoría de sus influencias, es primordial la libertad de movimientos de cámara, la composición de las imágenes y el ritmo narrativo, encabezados por el pilar de la pura esencia del lenguaje visual adaptado a la modernidad e intereses personales.

Ya es habitual encontrarse artículos, links y vídeos firmados por Héctor, pero queriendo profundizar más en su visión narrativa y estética me acerqué a él en formato mail para que me contara algunos aspectos de su trabajo. Siempre que intercambio palabras con artistas, generalmente de mi generación, pregunto por influencias fuera de su trabajo, y Héctor me contestó brevemente que desde siempre la arquitectura es una de las artes que más le apasionan.

A este gran director madrileño se le antoja algo más que el dulce sabor de los videoclips, tan fácilmente consumibles hoy en día. Espero que el salto al largometraje se le haga breve, ya que es su mayor ambición a día de hoy. El videoclip al final es un modelo que funciona muy bien, es digerible y realmente comunicativo, pero los códigos narrativos son completamente distintos, pues la mayor diferencia que hay respecto al cine es que hay que ajustar las imágenes a un ritmo y a unos temas concretos. En el cine hay más libertad en la creación, y es algo que parece que no asusta a Héctor.

Puedes seguir a Héctor Herce en su Instagram y ver su obra en su canal de Vimeo.

Héctor Herce