25 mayo, 2018. Por

Han Solo: Una Historia de Star Wars

Ron Howard evita que la innecesaria historia sobre los orígenes de nuestro granuja favorito sea, además, desastrosa
Han Solo: Una Historia de Star Wars

No es ningún secreto que todo lo relacionado con la producción de Han Solo: Una Historia de Star Wars (Ron Howard, 2018) ha sido un inmenso desastre. La expulsión de los erráticos Phil Lord y Christopher Miller porque, parece ser, su enfoque era excesivamente cómico; para acabar contratando al eficaz mercenario del blockbuster, Ron Howard, para terminarla, no auguraba nada bueno. Aunque el problema ha de buscarse mucho antes: si hemos sobrevivido cuatro décadas sin saber gran cosa del pasado de Han Solo, nuestro granuja favorito de la galaxia, ¿eran realmente necesarias dos horas largas para explorar los detalles sobre su juventud?

“Si hemos sobrevivido cuatro décadas sin saber gran cosa sobre nuestro granuja favorito de la galaxia, ¿eran realmente necesarias dos horas largas para explorar los detalles de su juventud?”

Antes de dar con Luke Skywalker y a Obi Wan Kenobi en la cantina de Mos Eisley, Han Solo y Chewbacca se conocieron, le birlaron el Halcón Milenario a Lando Calrissian, se labraron una reputación como contrabandistas cochambrosos y acumularon un montón de deudas con media galaxia. Ambientada en alguno de los 20 años que pasan entre La Venganza de los Sith (Episodio III) y Una Nueva Esperanza (Episodio IV), Han Solo: Una Historia de Star Wars se empeña en contarnos todos estos acontecimientos. ¿No doy más detalles acerca de la trama por no estropear la película? Tal vez. Pero que ésta no vaya realmente sobre nada ayuda bastante a que no se pueda destripar su historia.

Y es que el principal problema de Solo no es ni la dirección ni el casting ni el método interpretativo de sus actores. Es que la película no nos cuenta nada que o bien no sepamos o bien sea medianamente importante dentro del universo Star Wars. Uno podría argumentar que exactamente lo mismo sucedía con Rogue One (Gareth Edwards, 2016) y no le faltaría razón. Los fans de Star Wars habíamos pasado décadas sin saber exactamente cómo la Alianza Rebelde se había hecho con los planos de la Estrella de la Muerte en la película original de la franquicia galáctica de George Lucas. Pero donde Rogue One, a pesar de sus múltiples defectos, triunfaba (y donde Solo fracasa estrepitosamente) fue en tomar una historia completamente anecdótica y convertirla en un relato épico tan eficaz que fue capaz de atrapar y emocionar incluso a los no admiradores de la saga.

“Que Solo no vaya realmente sobre nada ayuda bastante a que no se pueda destripar su historia”

En cambio, en Solo la trama es tan intrascendente que, en realidad, es muy meritorio que la película no sea soporífera. Todo es una mecánica sucesión de acontecimientos al servicio de mostrar a los espectadores cómo se conocieron Han, Chewie y Lando, el cambio de manos del Halcón Milenario (en realidad acaba la película y seguimos sin saber de dónde procede esa nave, aunque descubrimos algo importante sobre ella que parece tener nulas consecuencias en todas las películas posteriores) o cómo Han fue forjando algunos de los rasgos que hacían su personalidad tan magnética en la saga original. La trama es lo de menos, y se nota demasiado. Los escenarios, aún dentro de un universo tan rico como el de Star Wars, suenan manidos, repetitivos y sosos. Así que a Solo solamente le quedan sus personajes para sostenerla.

Donald Glover sí que es de una galaxia muy lejana

Pero en el campo de los personajes Solo también palidece si la comparamos con Rogue One (y eso que ésta podría haber tenido desarrollos mucho más maduros para su comando galáctico). Han y Chewie llevan siendo un dúo sensacional desde 1977, y el trabajo de artesanía de Alden Ehrenreich a la hora de imitar hasta el último gesto de Harrison Ford es digno de alabanzas.

“Lando está hecho de sexo, carisma y magnetismo. Se come la pantalla cada vez que aparece y no recibe tantos minutos como debería”

Más destacable es aún la desenfadada frescura con la que Donald Glover abraza a Lando Calrissian, uno de los personajes más maltratados del universo Star Wars. Su Lando está hecho de sexo, carisma y magnetismo. Se come la pantalla cada vez que aparece y no recibe tantos minutos como debería porque su único fin es que Han descubra el Halcón Milenario. Eso sí, después de anunciar a bombo y platillo que este personaje sería canónicamente pansexual, la implementación del asunto parece excesivamente sosa, timorata y velada teniendo en cuenta que 1980 queda ya muy lejos.

Que el único soplo de aire fresco sea el androide L3 es muy mal augurio

Más sorprendente es el trabajo de Phoebe Waller-Bridge (si has visto Fleabag, Crashing o si estás alucinando con Killing Eve, tal vez este nombre te suene), que encarna a la robot L3-37. Aunque el suyo es un personaje animado digitalmente, a ella le pertenecen las mejores líneas de diálogo de toda la película, los únicos gags que le hacen reír con ganas a uno y la única aportación auténticamente fresca y novedosa, la conciencia de clase androide, para el universo Star Wars. Los diálogos de Solo son tan mediocres que es imposible que sea mera casualidad que esta elocuente cómica brille de una forma tan intensa en la cinta. La aportación de Waller-Bridge a Solo marca la diferencia a la hora de hacer que la película sea soportable pero, como Lando, su L3 está demasiados pocos minutos en pantalla.

“Los guiños al western son abundantes y enriquecen el producto, pero parecerán pobremente aprovechados para cualquiera que haya disfrutado de Firefly”

El resto de personajes de Solo son, sencillamente, olvidables. Tanto la Qi’ra de Emilia Clarke como el Beckett de Woody Harrelson son sosos, previsibles e incapaces de aportar nada al universo galáctico en el que habitan. Es más: ¿por qué tengo la sensación de que me interesa más la génesis de Qi’ra, que pasa de ingenua jovenzuela a solvente y resolutiva mafiosa en unos años que no vemos, mientras que Solo se empeña en contarnos con pelos y señales cómo han Han pasa de ingenuo jovenzuelo a… ingenuo jovenzuelo en el mismo periodo de tiempo? Hay demasiadas oportunidades desaprovechadas en esta película.

Igual los orígenes de Qi’ra habrían sido más interesantes

Los demás ni cuentan, y eso es una pena para la Val de Thandie Newton. Nada que ver con la épica implicación que generaban, a pesar de sus simplezas, los protagonistas de Rogue One. Esta gente habita una sucesión de escenas de acción eficaces, en ocasiones casi divertidas, amenizadas con la excelsa banda sonora de John Powell (probablemente lo mejor de la película con mucha diferencia) que viven por y para sus referencias a otras películas de Star Wars. Los guiños al western son abundantes y enriquecen el producto, pero parecerán pobremente aprovechados para cualquiera que haya disfrutado de Firefly (Joss Whedon, 2002-2003).

“Solo parece hecha sin ganas ni interés, basándose solamente en la certeza de que el público comprará entradas por inercia”

Tras dos horas largas de metraje, es cierto que Solo no es una mala película de aventuras. No da la vergüenza ajena que sentimos viendo cintas recientes como Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) o los propios Episodios I-III. Pero sí que es insuficiente como película de Star Wars y como génesis de uno de los personajes más míticos de la historia del cine. Parece hecha sin ganas ni interés, basándose solamente en la certeza de que el público comprará entradas por inercia.

Lo peor es que todo parece indicar que la historia que Lucasfilm pretende contarnos con Solo no hay hecho más que empezar. Más le vale a los ejecutivos de Disney, antes de arruinar al personaje con más películas que nadie ha pedido, volver la vista hacia el mejor homenaje que se ha hecho a Han Solo en tiempos recientes, la ya mencionada Firefly, y aprender algo de ella. Si algún día Leia recibe una película propia (ja), más vale que tenga algo más cariño e interés por el personaje que ésta.

Han Solo: Una Historia de Star Wars