13 abril, 2018. Por

Los Hambrientos

Cine de autor con crítica social y narrativa de personajes atrapado en un holocausto zombi
Los Hambrientos

Aunque Netflix se ha hecho con los derechos de distribución para varios países, este viernes llega a las pantallas españolas Los Hambrientos (Robin Aubert, 2017). Una atípica película de zombis que, sin pretender reinventar su propio género, sí que aporta un poco de aire fresco en una temática tan sobreexplotada en los últimos años. Se la etiqueta erróneamente como película de terror en función, exclusivamente, de contener muertos vivientes en su trama. Pero Los Hambrientos es, en realidad, un drama de personajes que busca transmitir más desazón y reflexión social que miedo.

Pero Los Hambrientos es un drama de personajes que busca transmitir más desazón y reflexión social que miedo

No sabemos exactamente desde cuándo ni el origen, pero nos encontramos en los compases posteriores a un holocausto zombi. No hay información en ningún momento, porque es innecesaria, sobre si el problema es mundial, nacional o local; pero los bosques que rodean la ciudad de Quebec están llenos de infectados, ansiosos por un bocado de carne humana. Los Hambrientos sigue los pasos de ocho supervivientes cuyos caminos se van cruzando mientras intentan buscarse la vida. Juntos tendrán que afrontar un repunte en la frecuencia de los ataques de los muertos vivientes e intentar volver a la ciudad a buscar ayuda.

A grandes rasgos muchas de las historias de zombis son, al menos en su planteamiento, similares. Los Hambrientos no es una excepción. Pero tiene la sabiduría de no aburrir al espectador con tediosos intentos de explicaciones que, en la mayoría de los casos, no aportan nada. Ya sabemos cómo funcionan los zombis y la procedencia o naturaleza exacta del brote es irrelevante para la historia. El único objetivo de los protagonistas es sobrevivir un día más sin ser mordidos, no encontrar una cura o salvar a la Humanidad. Que el destino del relato esté tan claro es un punto a favor de la cinta de Aubert, ya que permite a la narración poner toda la atención sobre los personajes, el pasado que los define y las personas en las que se han convertido en ese nuevo escenario.

Que el destino del relato esté tan claro es un punto a favor de la cinta de Aubert, ya que permite a la narración poner toda la atención sobre los personajes

En el aspecto de que el foco de la película está sobre los vínculos que se van estableciendo entre sus protagonistas, así como el desarrollo personal de éstos, es fácil pensar que Los Hambrientos es una especie de The Walking Dead a la canadiense. Y es cierto que el planteamiento es parecido: la película de Robin Aubert no está exenta, incluso, de varias escenas de acción, eso sí, rodadas con unos medios bastante austeros, que se convierten en orgías de sangre y grotescas prótesis de maquillaje. Pero el ritmo de Los Hambrientos es lo que la hace diferente y destacable.

Aunque sus personajes son bastante arquetípicos, los vínculos y los ritmos de comunicación que se van formando entre ellos son ricos e interesantes

Es en el hecho de que Aubert realmente permite a sus personajes crecer y moverse con toda la tranquilidad del mundo donde Los Hambrientos se desmarca como una película de zombis diferente. El verde y el ritmo que genera la verticalidad de los árboles en la cámara crean una suerte de ensoñación bucólica. Por supuesto, la amenaza de los muertos vivientes pende constantemente sobre los protagonistas. Pero la cinta dista de ser uno de esos productos que encadenan escena de acción tras masacre sangrienta tras persecución histérica sin dar un minuto de respiro durante dos horas. Los zombis están ahí, son peligrosos y, a medida que van pasando las escenas, su presencia es más acuciante. Pero la película no va sobre ellos.

Dista de ser uno de esos productos que encadenan escena de acción tras masacre sangrienta tras persecución histérica sin dar un minuto de respiro durante dos horas

Y eso es curioso. Porque, precisamente, otro detalle que diferencia a Los Hambrientos de las clásicas películas alocadas de zombis es que nos va mostrando sutil pero constantemente que, aún enloquecidos y ávidos de carne humana, estos zombis no son los cascarones sin mente a los que nos tiene acostumbrados Hollywood. Aubert se ha preocupado mucho por hacer que sus muertos vivientes parezcan, no solamente creíbles, sino bastante humanos. Tienen capacidad para engañar a quienes no están infectados y hay, claramente, algún rasgo cultural que los une, aunque la película no se detiene a elaborar este hecho. Lo que es interesante es que, si bien todos estos aspectos están bien claros para el espectador prácticamente desde el primer acto, los “héroes” ignoran esta evidencia deliberadamente.

El personaje de Brigitte Pouparte es uno de los más atractivos pero ello es, en parte, porque el guión de Robin Aubert tiene la inteligecia de no sobreexplotarlo

Es, obviamente, la única manera que tienen de sobrevivir: pensar que son ellos o los zombis. Es mejor convencerse de que aquéllo a lo que tienes que matar ya no tiene alma, aunque Aubert se empeña en mostrarnos los agónicos chillidos de dolor de los seres cuando son atacados. Pero Los Hambrientos obliga al espectador a reflexionar. Además, el deleite en los paisajes boscosos, en los lugares desérticos, no especialmente arruinados, pero sí ya carentes de vida, atempera el ritmo narrativo y genera una atmósfera que le obliga a uno a pensar sobre las terribles implicaciones morales e incluso, psicológicas, a las que se deberían enfrentar los supervivientes de un apocalipsis zombi. Aunque… ¿realmente nos están hablando de muertos vivientes?

Los Hambrientos no es una película revolucionaria, hay tantos elementos visuales como narrativos que la hacen atractiva, incluso fresca

Así, aunque Los Hambrientos no es una película revolucionaria, hay tantos elementos visuales como narrativos que la hacen atractiva, incluso fresca. Los pocos detalles que vamos conociendo de las vidas anteriores del ecléctico grupo de supervivientes son suficientes como para atrapar la atención del espectador. Se entiende qué mueve o qué le falta a cada uno en su afán de supervivencia. Y consiguen exponer una problemática tan manida de una forma humana y empática. La trama no tiene sorpresas. Hay un par de sustos, pero no se pasa pánico en ningún momento. Más bien, congoja al ver el mundo de los protagonistas desmoronarse a cada paso que dan. Pero hay una belleza inteligente y sensible que empapa casi toda la película. Sin duda, una de zombis, pero diferente.

Ah, y cuidado: hay una escena extra, bastante relevante, pasados los títulos de crédito.

Los Hambrientos