26 marzo, 2018. Por

Grandes Éxitos

El musical que protagoniza Jorge Javier Vázquez tiene muy poco que envidiar a los de Broadway
Grandes Éxitos

Queridos y queridas, querides todes en definitiva: en una nueva entrega de “Montajes que íbamos a masacrar pero que nos han gustado, oye-fíjate-tú-qué-cosas-tiene-la-vida”, ese mismo ciclo que nos ha traído grandes sorpresas y mediáticos protagonistas (sin ir más lejos, Rappel y su Secuestro del adivino), ahora nos acerca el espectáculo protagonizado por el presentador de presentadores de “la cadena amiga” (con permiso de Jesús Vázquez), rey del salseo televisivo, emperador del cotilleo supremo y domador de colaboradores salvajes: Jorge Javier Vázquez.

Grandes Éxitos se llama (nada más y nada menos) el montaje en cuestión que se puede ver en el Teatro Rialto de Madrid. Juan Carlos Rubio (hombre que se atreve con lo que le pongan por delante) escribe y dirige este espectáculo a mayor gloria de la estrella de Mediaset que, sorprendentemente, resulta una velada más que amena, entretenida, placentera y de aromas clásicos. Que, oye, hasta nos atrevemos a decir que no tiene demasiado que envidiar a los recitales que se pueden ver en Broadway (y alguno hemos visto).

“Jorge Javier no es Laurence Olivier ni Grandes Éxitos es Macbeth. Pero tampoco lo pretenden. Su nivel de interpretación es correctísimo para lo que se busca, disfruta en escena, mete las morcillas que quiere y sorprende con una vis cómica que despierta carcajadas y carcajadas en el público”

La función arranca casi sin notarse, mientras los espectadores ocupan sus asientos y los cuatro músicos tocan en escena, mientras los actores Alejandro Vera (el productor) y Beatriz Ros (la ayudante) pululan de un extremo a otro. Que el primer tema que cante (Vera, en este caso) sea el Amazing Grace acojona ligeramente en cuanto a la selección musical y en qué mundo nos encontramos, pero cierto es que no se vuelve a repetir algo tan fuera de lugar (ellos mismos hablan sobre el tema) y marca la intención de conjugar el repertorio patrio con un recorrido musical que va desde la chanson française hasta el bolero, pasando por la revista o los clásicos populares (e incluso un tema nuevecito, catchy y resplandenciente que perfectamente podría aparecer en La La Land). Para todos los gustos, vamos.

Pero la gente está allí para lo que está. Para ver a la estrella del montaje en vivo y en directo. Y Jorge Javier aparece en escena con una entrada digna de Patty LuPone y con los mismos aplausos que provocarían la legendaria estrella del musical (hay que ver la legión de fanses que tiene este hombre). Es una diva y de diva hace, conscientemente afectado (inteligente, porque debe jugar con los sus recursos), elevando a la enésima potencia y caricaturizando todos los típicos tópicos de las grandes stars, con rencores, envidias y antojos incluidos.

“‘Grandes Éxitos’, más que un vehículo a mayor gloria del presentador de ‘Sálvame’ y ‘Supervivientes’ (aunque también lo sea) es un homenaje al teatro musical y las historias de grandes divas. De ésas que fueron muy amigas y pero luego no pero luego sí y todo acaba muy emotivo (aunque siguan siendo igual de perracas)”

Jorge Javier no es Laurence Olivier ni Grandes Éxitos es Macbeth. Pero tampoco lo pretenden. Su nivel de interpretación es correctísimo para lo que se busca, disfruta en escena, mete las morcillas que quiere (la televisión le ha dado unas tablas que ni Nuria Espert) y sorprende con una vis cómica que despierta carcajadas y carcajadas en el público (que lo tenía ya ganado, sí, pero a nosotros no, y mira). Pero, sobre todo, se apoya en un espectáculo perfectamente pensado y ejecutado, que se aleja de la caspa para acercarse a la elegancia, con un envoltorio de lujo (desde los arreglos del director musical Julio Awad hasta el diseño de iluminación de Juanjo Llorens y una escenografía que sin ser espectacular cumple sobradamente) y unos acompañantes que cumplen a la perfección con sus papeles.

Y es que este Grandes Éxitos, más que un vehículo a mayor gloria del presentador de Sálvame y Supervivientes (aunque lo sea, que tampoco vamos a negar la mayor) es un homenaje al teatro musical y las historias de grandes divas. De ésas que fueron muy amigas y pero luego no pero luego sí y todo acaba muy emotivo (aunque siguan siendo igual de perracas).

Porque, si el presentador aporta la comedia pura y dura y el tirón comercial, ha decidido compartir la escena bastante equilibradamente (y por tanto el éxito), con Marta Ribera, estrella del musical patrio, que no tendrá la fama de su compañero, pero posee la voz, la calidad interpretativa y prestigio escénico del que carece el presentador. Sensacional la labor de Ribera, con la de músicos y los arreglos ,que ayudan y cobran un protagonismo extremo. El medley de canciones infantiles que se marca Ribera comenzando con una versión jazzy de Había una vez un circo es, sencillamente, apoteósico.

“Quién nos lo iba a decir. Sí. Una boca que abrir de par en par para tragarse los prejuicios, enteritos. Y es que el espectáculo cobra una prestancia que va más allá de la mera chanza u operación de márketing para regalar un espectáculo que hará muy mucho las delicias de los amantes del teatro musical”

El estupendo trabajo de los otros dos intérpretes en escena, Vera y Ros, que serían dignos de aparecer en las mejores películas de Pedro Lazaga (con todo el respeto del mundo y dicho como un halago), redondea un entretenimiento (porque eso es lo que es, pero a veces es difícil encontrar entretenimientos de calidad) dignísimo y que deja un muy buen sabor de boca.

Quién nos lo iba a decir. Sí. Una boca que abrir de par en par para tragarse los prejuicios, enteritos. Y es que el espectáculo cobra una prestancia que va más allá de la mera chanza u operación de márketing (a ver, que lo es también, grande como el sol) para regalar un espectáculo que hará muy mucho las delicias de los amantes del teatro musical en especial (aparte de las de los telespectadores enganchados a Telecinco, claro). Eso sí, si a uno el musical ni le va ni le viene, le parecerá un horror, claro. Que para milagros, a Lourdes.

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