4 diciembre, 2017. Por

Godless

Cómo estirar un telefilm vulgar y venderlo como ‘el western feminista’
Godless

Una de las grandes propuestas de Netflix este mes de noviembre era Godless, una serie limitada de siete episodios creada por Scott Frank, guionista de películas como Logan (James Mangold, 2017), The Wolverine (James Mangold, 2013) o La Intérprete (Sydney Pollack, 2005); y producida por Steven Soderbergh quien, desde su éxito con The Knick, parece más interesado por la tele que por el cine. Ambientada en La Belle, un pequeño pueblo de Nuevo México, alrededor de 1880, Godless es un western de los pies a la cabeza pero que se ha publicitado en función del supuestamente elevado peso que los personajes femeninos tendrían en su trama.

Y es que La Belle no es un lugar cualquiera: se trata de una joven población minera que lleva dos años recuperándose de un accidente que se llevó por delante a todos los trabajadores de la mina de plata en torno a la cual se construyó. De manera que en La Belle solamente quedan viudas y los pocos hombres y niños que o bien no estuvieran capacitados para trabajar en la mina o que fueran el sheriff, su ayudante o el tendero del bar. La premisa de una localidad perdida en lo profundo del Oeste americano poblada mayoritariamente por mujeres era más que suculenta y, las ganas de hincarle el diente, sensacionales. Así que el chasco ha sido de altura.

Un telefilm mal estirado

Cuando, por fin, la etiqueta “femenino” o “feminista” deja de ser sinónimo de minoritario o independiente, era de esperar que alguna vez nos dieran gato por liebre. De manera similar a como se hizo con Las Chicas del Cable, Godless es el ejemplo perfecto de cómo se ha utilizado el gancho “feminista” para atraer al público sobre un drama mediocre y centrado en sus varones blancos (cis y perfectamente heterosexuales). Porque, aunque es cierto que La Belle es un “pueblo de mujeres”, Godless no cuenta casi nada sobre los problemas e inquietudes de éstas. Relata, en su lugar, el enfrentamiento entre dos personajes masculinos, Frank Griffin (Jeff Daniels) y Roy Goode (Jack O’Connell), que llegan a La Belle casi por casualidad.

La única trama importante de Godless es la de Griffin y Goode. Todo lo demás es una ambientación más o menos inflada.

La naturaleza del enfrentamiento entre Griffin y Goode se va hilando muy lentamente a lo largo de los siete episodios de Godless. Evitando spoilers, Griffin es un antiguo pastor reconvertido en bandido con un pronto, digamos, poco deseable. Junto a unas cuantas decenas de varones de similar calaña, Griffin cabalga, roba, intimida, asesina y, en resumen, se gana la vida de la peor de las maneras posibles. Tras varios años formando parte de tan encantador conjunto, Goode decide que lo de ser un bandido ya no es para él (el guión no es todo lo claro que uno desearía acerca de sus motivos) traiciona a Griffin (que le quiere como a un hijo) y ambos se embarcan en una sangrienta persecución por todo Nuevo México.

Jeff Daniels como Frank Griffin: el verdadero protagonista de Godless

A Goode su huida le lleva al rancho de Alice Fletcher (Michelle Dockery), una especie de paria que vive cerca de La Belle y a quien muchos de sus habitantes consideran fuente de los infortunios de tan pintoresco lugar. El lento trayecto de Griffin y sus chicos tras el rastro del traidor; la llegada de una nueva compañía minera (y sus hombres) a La Belle y la tensa relación entre Fletcher y Goode son los tres pilares fundamentales sobre los que se alza Godless. Pero, no se engañen, la única trama importante de Godless es la de Griffin y Goode. Todo lo demás es una ambientación más o menos inflada.

Godless huele a telefilm de sobremesa alargado a base de personajes secundarios, tramas inconexas y una exploración casi obsesiva del mundo del mundo de la doma

Así que nos encontramos con un relato prácticamente parricida, razonablemente prometedor y emocionante, pero muy pobremente elaborado. De él solamente nos queda clara la inconmensurable maldad de Frank Griffin y la cara de panecillo torturado de Roy Goode. Lo demás pasa, parece, porque la trama tiene que avanzar.

Y, para colmo, la sensación de que Godless es un chicle estirado no hace más que acentuarse a lo largo de cada uno de sus siete interminables episodios (de bastante más de una hora la mayoría). Godless huele a telefilm de sobremesa alargado a base de personajes secundarios, tramas inconexas y una exploración casi obsesiva del mundo del mundo de la doma y la equitación. El resultado es aburridísimo, porque ni la trama principal es tan poderosa, ni lo secundario está tan bien desarrollado como para desviar la atención sobre ello.

Mujeres, sí, pero así

Y aún así tenemos a un pueblo lleno de mujeres con pistolas. Y a Michelle Dockery. Uno quiere creer que algo bueno tiene que salir de todo esto. Pero no. Alice Fletcher es uno de esos personajes femeninos que parecen muy fuertes e importantes pero que, más allá de empuñar un rifle y tener un pasado enigmático (qué patológica es esta concepción de muchos guionistas de que una mujer no es interesante si alguien no ha abusado de ella en el pasado), no sabe hacer gran cosa. Y desempeña poco o nulo papel de cara a la trama.

Michelle Dockery como Alice Fletcher. Inesperadamente, ponerles un rifle entre las manos a no hace automáticamente más fuertes a tus personajes femeninos.

Su único fin, narrativamente, es el de darle a Goode una excusa para quedarse en La Belle. Siendo dicha excusa algo tan empoderante como que ella es incapaz de domar los caballos que le dejó su difunto marido, así como la necesidad de que su hijo disfrute de una figura masculina que supla las “numerosísimas” carencias que sufre a causa de ser criado solamente por su madre y su abuela.

Qué patológica es esta concepción de muchos guionistas de que una mujer no es interesante si alguien no ha abusado de ella en el pasado

Sobre las mujeres de La Belle, ¿qué decir?. Pues que son un quiero (hacer como que me importan los personajes femeninos) y no puedo (porque el mis personajes masculinos son demasiado importantes para mi). La que más se acerca a no serlo es la Mary Agnes que interpreta Merritt Weaver y, aún así, son demasiados momentos en los que uno teme que estemos ante un mero personaje masculino interpretado por una mujer.

Es cierto, Mary Agnes representa una feminidad alternativa, con una belleza, vestimenta y lenguaje corporal que se acercan discretamente a la etiqueta “butch” (muy discretamente, no queremos escandalizar a nuestros espectadores), aunque también tiene multitud de momentos tiernos y hasta maternales. Pero Mary Agnes representa a la perfección los problemas de Scott Frank a la hora de crear sus personajes femeninos: o bien los maltrata para que sean interesantes, o bien coge conflictos, actitudes y errores propios de un varón y se los plantifica tal cual.

Merritt Wever y Tess Frazer interpretran a dos de las viudas de La Belle con más relevancia para la trama

De los demás personajes femeninos, no se salva absolutamente nadie. Las viudas de La Belle se presentan como una panda de marujas, amargadas porque llevan dos años sin que ningún hombre les caliente la cama, y ansiosas de invitar a su pueblo a cualquier desalmado que prometa explotar su mina a cambio de una miseria. Claro, las engañan como a chinas y, al final, se tienen que atrincherar armadas hasta los dientes para defenderse, en parte, de sus malas decisiones.

Es muy poderosa la imagen de las mujeres atrincheradas al final de la serie, defendiendo su pueblo a tiro limpio. Pero es un desperdicio que a muchos de esos personajes los veamos casi por primera vez en ese momento

El de ellas es, a grandes rasgos, un conflicto muy parecido al que pudimos ver hace poco en La Seducción (Sofia Coppola, 2017). Pero presentado y desarrollado con una torpeza infinita, despreciando a los personajes femeninos con los que los productores de Goldess no han dudado, luego, en usar como bandera para vender su serie. Un mero problema de que los hombres son muy malos y las mujeres muy tontas. Y nada más.

Así que sí, como se está diciendo, es muy poderosa la imagen de las mujeres atrincheradas al final de la serie, defendiendo su pueblo a tiro limpio. Pero es un desperdicio que a muchos de esos personajes los veamos casi por primera vez en ese momento o, si las hemos visto antes, probablemente se hayan presentado de una forma tan mezquina que su supervivencia nos importe un bledo. Además, dicho tiroteo final no es, ni de lejos, el final de Godless (el último capítulo dura 80 interminables minutazos): las últimas escenas están reservadas, cómo no, al inaguantable berrinche entre los dos varones protagonistas.

La épica está bien. Pero desarrollar a los personajes que la protagonizan está aún mejor

Ni siquiera es un buen western

Que el western ha dado algunas de los relatos más poderosos de la historia del cine no lo pone en duda nadie. Ni siquiera el talante racista y misógino que lo ha caracterizado hasta hace nada puede poner en duda esa afirmación. Pero es pertinente que al género, hoy, se le exija mucho más que hace 50 años. Tiene que haber algo más tíos sacando pistolas de sus fundas a toda velocidad, haciendo veinte cabriolas con ellas, disparando con una precisión milimétrica y enfundando de nuevo con una sonrisa para que el género funcione.

Y, aún así, Godless se empeña en darnos minutos y minutos de exhibiciones pistoleras que superan el tedio para abrazar el ridículo. Al igual que la necesidad de rellenar escenas y más escenas con imágenes vacías y repetitivas de la doma de unos caballos que no nos importan casi nada. Todo ello acompañado de una fotografía verdaderamente vulgar, plana y aburrida, teniendo en cuenta lo poderosos que pueden llegar a ser los paisajes del interior de los Estados Unidos.

Godless se empeña en darnos minutos y minutos de exhibiciones pistoleras que superan el tedio para abrazar el ridículo.

Para tratar disimular el ramplón nivel técnico de la realización, Scott Frank se empeña en reducciones parciales de la saturación de la película durante algunos de los flashbacks que van armando la relación entre Goode y Griffin. Y este recurso, si eres Steven Spielberg y estás montando La Lista de Schindler, puede funcionar de miedo. Precisamente porque no eres un patán, sueles tener un buen director de fotografía que es consciente de que estás rodando en blanco y negro, así como unos profesionales de maquillaje y vestuario que saben algo de cómo queda registrado el color dicho tipo de película. Pero a Frank le quedan como una foto llena de filtros cutres de Instagram.

Los verdaderos protagonistas de esta historia

Y sin contar con que, si bien los personajes femeninos no son muy listos, la mayoría de los masculinos tampoco se pueden considerar lumbreras. Hay un sheriff (interpretado por Bill McNue) que se pone a perseguir solo por el desierto a Griffin y a su banda, solamente para impresionar a Alice Fletcher. Y un ayudante de sheriff (Thomas Brodie-Sangster) que apesta, quiere tocar el violín y… y bueno, la verdad es que es entrañable, pero hace cosas ilógicas desde el primer hasta el último episodio.

El catálogo de personajes masculinos pretenciosos que no aportan con sus acciones y sus insustanciales conversaciones nada más que minutos y minutos al metraje es alarmantemente extenso, y hace preguntarse si el problema de Frank no será solamente con sus personajes femeninos, sino de un absoluto vacío narrativo. Así que sin buenos personajes femeninos, ni buenos secundarios y con unas características técnicas ramplonas Godless se destapa como un lento y aburrido duelo de más de ocho horas entre dos varones blancos. Nada que no hayamos visto antes.

 

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