11 septiembre, 2018. Por

Gloria

El glorioso universo de la gloriosa Gloria Fuertes, a escena
Gloria

“Mi poesía está aquí, como nació –sin ningún ropaje de retórica–,
descalza, desnuda, rebelde, sin disfraz.
Mi poesía recuerda y se parece a mí”

Gloria Fuertes. La poeta (que no poetisa, porque poeta ya es femenino, el masculino es poeto) huye de los niños por la puerta de atrás hacia su camerino, globo en mano (singular interlocutor), farfullando, mascullando “coños” y despotricando contra los pequeños demonios que le acosan. “No me caen mal de uno en uno, pero todos juntos…”

Con esta imagen que rompe esquemas comienza la Gloria de Noelia Adánez y Valeria Alonso, segunda entrega de Mujeres que se atreven (después de Emilia) que se estrenó meses atrás en el Teatro del Barrio, y ahora regresa al mismo espacio todos los miércoles a las 20h. hasta finales de octubre. Un maravilloso (ya así de primeras) monólogo protagonizado por una enorme Ana Rayo, que se transmuta en una dulce y amarga Gloria Fuertes llena de aristas y de verdad.

«Un espectáculo que transmite una aura especial y que nos invita a viajar a la personalidad y el universo de uno de los personajes más queridos y paradójicamente menos conocidos en profundidad de nuestro país»

Gloria es un espectáculo que transmite una aura especial (por el ya de por sí especial personaje, por la especial manera de tratarlo, por la especial puesta en escena, por el especial cariño que transmite) y que nos invita a viajar a la personalidad y el universo de uno de los personajes más queridos y paradójicamente menos conocidos en profundidad de nuestro país. Porque la mayoría sólo conocen a Gloria Fuertes como escritora infantil y por la parodia de Millán Salcedo, todo sea dicho.

Desde los tiempos en que daba clase en Estados Unidos pasando a por su rebeldía generalizada con respecto a todo, su afición al whisky o su relación con Phyllis, su gran amor, Adánez y Alonso nos llevan a través de los capítulos de la vida de la poeta, también utilizando sus propias palabras y versos, y levantando carcajadas en más de una ocasión (genial el machacón eterno retorno al programa de los niños que la protagonista vive casi como tortura) y muchas sonrisas llenas de ternura.

«Un trabajo hermosísimo y lleno de riqueza, de los que suponen un hito en la carrera de cualquier artista y que se merece aluviones de aplausos. Qué preciociosidad»

Ver el patio de butacas con las caras embobadas de los espectadores, eso sí que debe de ser un poema. Porque, además, la labor de Ana Rayo es sencillamente, espectacular. Un trabajo hermosísimo y lleno de riqueza, de los que suponen un hito en la carrera de cualquier artista y que se merece aluviones de aplausos. Qué preciociosidad.

Con el respeto y a la vez la irrespetuosidad necesarios para afrontar este pesonaje en particular, las autoras y la actriz consiguen un espectáculo que ahonda de forma sencilla pero increíblemente poética en este universo glorioso, este espectáculo “sin ningún ropaje de retórica”, especial espectáculo teatral y merecido homenaje a Gloria Fuertes. Que recuerda y se parece a ella.

Gloria